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sábado, 5 de julio de 2014

Un verano con Moby Dick (V)


El Pequod es el barco. Nombre de una escasa tribu india de Nueva Inglaterra destinada a la desaparición.

“Jamás en vuestra vida habréis visto embarcación tan rara.”

… dice Ismael...

“Lleno por todas partes de dibujos y relieves grotescos.”

Ese es el barco escogido por los dos amigos.

“Era un puro trofeo ambulante, una especie de embarcación caníbal decorada con los huesos de sus enemigos vencidos. Toda la amurada estaba adornada como una mandíbula continua.”

El barco todo es una abigarrada y exultante exhibición de su oficio de muerte. Dientes, mandíbulas y huesos de cachalotes y ballenas diversas. Es como navegar dentro de la boca misma de una de esas bestias. Una nave que, a la vez, tiene que excitar y acongojar los ánimos de cualquier marinero que va a pasar en ella varios años impregnado de grasa y sangre de ballena. Una nave que es en sí misma una afrenta contra el animal más grande de la creación. 
Esa grosera grandeza y ese aire de tragedia es reflejo de la valentía y audacia de sus propietarios; toda una vida de hombres grandes en los que, sin embargo…

“(…) en el fondo de su naturaleza predomina una todopoderosa morbidez, pues todos los hombres trágicamente grandes están hechos de retazos mórbidos.”

Y, casi como una advertencia, Ismael nos recuerda:

“ (…) toda grandeza terrenal no es sino enfermedad o dolencia.”


Aquí empieza el Melville en estado puro.

viernes, 4 de julio de 2014

Un verano con Moby Dick (IV)


La alianza del narrador, Ismael, con el salvaje Queequeg…

“(…) me haré un amigo pagano, puesto que la amabilidad cristiana se me ha revelado como vana cortesía.”

… es la inocente (¿inocente?) atracción del mismo novelista Melville por lo que se desvía de la civilización en busca de una espontánea y sólida veracidad nunca encontrada. El temor a la convención, a esa “cortesía”, a la cultura de un mundo que le aburre encuentra una salida fantástica en el arponero tatuado, al cual el escritor le hace decir después de haber buscado y conocido ya muchas tierras:

“Este mundo es perverso en todos sus meridianos. Moriré pagano.”

Sesgos puritanos comunitaristas, simpatías cuáqueras formadas en las fratrías marineras de la isla de Nantucket, último contacto con la tierra de los protagonistas…

“(…) el puerto más prometedor para cualquier ballenero aventurero que quisiera embarcarse.”
“Nantuckeses desnudos, ermitaños del mar (…) recorrieron y conquistaron las aguas semejantes a otros tantos Alejandros (…) pues el mar es suyo.”

Allí, en aquella punta avanzada de tierra, Ismael empieza a respirar aire de alta mar y a rechazar el suelo firme hasta maldecirlo:

“(…) aquella tierra de portazgos y consumos, aquel camino hollado por tantos pies y cascos serviles (…) Me volvía a la contemplación de la magnanimidad del mar, que no deja huella alguna.”


El mar, el magnánimo dios del olvido.

jueves, 3 de julio de 2014

Un verano con Moby Dick (III)


En la capilla ballenera de New Bedford, paso obligado de marineros a punto de embarcar, recuerda Ismael una lápida de mármol en la que estaba inscrito:

                                                Consagrada a la memoria de
                                                             John Talbot
                                            que, a la edad de dieciocho años,
                            se cayó por la borda cerca de la isla de la Desolación,
                                                en las costas de la Patagonia

Es propiamente la isla Desolación, sin preposiciones ni artículos. Isla perteneciente a la Antártica chilena. Sus coordenadas son : 53º 0’ 0’’ S, 74º 20’ 0’’ O.
¿Se puede morir uno en un lugar más solitario y gélido?
¿Qué sentimiento de infinito desamparo y congoja ha de quedar en los corazones de los que han perdido al ser querido en un lugar así?

Isla Desolación.


miércoles, 2 de julio de 2014

Un verano con Moby Dick (II)


Y surge el compañero salvaje de Ismael, Queequeg. El arponero impertérrito. Un hombre de tierras incógnitas. Un ser de otro mundo, una presencia fantasmal, irreal, emparentada con la muerte:

“(…) aquella tez purpúrea amarillenta (…) aquella cabeza calva y púrpura era una calavera mohosa (…)”

Lo incomprensible e inescrutable de ese ser reflejado en su propia piel como un enigma viviente:

“Todo él tatuado con un interminable laberinto de Creta de figuras.”

Sin embargo, el rechazo y la fascinación hacia el pagano, casi de pronto, como un milagro, se transforman en una perfecta fidelidad fraterna. Casi no median palabras. Bastan unos gestos sinceros, firmes y definitivos para obrar el cambio. La amistad entre hombres.


martes, 1 de julio de 2014

Un verano con Moby Dick (I)


Es un principio milesio el de Ismael. Lo hubiera firmado alegremente el mismísimo Tales de Mileto. Todo viene del agua, del mar, y todo vuelve al agua, al mar. La mentalidad de Ismael es también de ‘fisikoi’, de ‘fisiologoi’. Su mente y su equilibio físico dependen de la infinita cantidad de agua que rodea el mundo.

“(…) Volver al mar con urgencia. Este es el sustituto que utilizo para el suicidio.”

El mar es su salvación. Pero los abismos líquidos son asimismo un misterio reconocido y temible. El mismo misterio de la propia e insondable alma. Cuando Ismael recuerda el mito de Narciso dice:

“(…) No pudiendo comprender la atormentadora y dulce imagen que veía en la fuente, se arrojó en ella y se ahogó. Pero semejante imagen la vemos nosotros mismos en todos los ríos y océanos. Es la imagen del incomprensible fantasma de la vida. Y he aquí la llave de todo.”

¿La llave de todo? Ismael está determinado. Pero no por sí mismo, sino que es una voluntad perteneciente a algo mayor:

“(…) Y sin duda que esta decisión mía de lanzarme a la pesca de la ballena formaba parte del programa de la Providencia (…)”

El Mar, la Providencia, la atracción incontenible. La conformación de un destino a lo grande… con apariencia de definitivo. Recordemos lo que dijo Aristóteles en su Metafísica sobre los principios físicos de los milesios: “… Término último avanzando hacia el cual las cosas se destruyen.” Esa magnífica determinación de Ismael sin saber aún a dónde.