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viernes, 7 de julio de 2017

"Anábasis de Alejandro Magno" (XII)


La enfermedad de Alejandro y las dudas sobre la fidelidad de Filipo y su remedio que resuelve el conquistador al punto. (Aunque esa confianza ciega no iba a durar siempre con todos sus generales.):

“(…) Alejandro desciende hacia Cilicia y se acerca a Tarso. (…) Ocurrió que contrajo unas fuertes fiebres que le provocaron convulsiones e insomnio después de haberse bañado (sudoroso y acalorado como estaba) durante un rato en el río Cidno, cuyas aguas fluyen puras y frías por medio de la ciudad (…). Los médicos creyeron que Alejandro no sobreviviría, aunque Filipo, un médico acarnanio que gozaba de fama de entendido en medicina, y que era además de acreditado comportamiento en el campo de batalla, fue partidario de purgar a Alejandro, el cual se mostraba plenamente de acuerdo con el tratamiento. Pero ocurrió que cuando ya le preparaban la copa, le fue entregada a Alejandro una carta de parte de Parmenión que decía: “Cuídate de Filipo; he oído que ha sido comprado con el dinero de Darío para darte muerte mediante un brebaje”. Alejandró leyó la nota con atención y teniéndola aún en la mano cogió la copa de purgante y dio a leer a Filipo la nota, bebiéndose el purgante a la vez que Filipo leía.

Al poco rato se hizo evidente que Filipo había acertado plenamente en la prescripción del remedio. (…) Alejandro dio prueba así a Filipo de ser un amigo que da crédito a sus amigos. (…) demostrándoles a todos al mismo tiempo su valentía frente a la muerte.”

martes, 7 de marzo de 2017

"Anábasis de Alejandro Magno" (XI)



Alejandro llega a Gordio y, atraído por la leyenda, se acerca a su palacio para ver el carro y el nudo del yugo de su carro y cumplir el oráculo sobre la liberación del nudo. Pero el mismo Arriano, a pesar de lo contado por Aristobulo (que Alejandro, simplemente, desenganchó la clavija de la lanza del carro) duda sobre este mito:

"(...) Estaba vaticinado que quien fuera capaz de soltar el nudo del yugo del carro gobernaría en toda el Asia. El nudo era de hilachas de cornejo y parecía no tener principio ni fin. Alejandro en vistas de lo difícil que resultaba desatarlo y como, por otra parte, no podía consentir que quedara atado, no fuera a ser que ello influyera en el ánimo de sus hombres, cercenó -según dicen- el nudo con un golpe de espada y exclamó: ¡Ya está desatado! (...) No puedo precisar yo de qué modo actuó Alejandro en este asunto del nudo."


viernes, 18 de noviembre de 2016

"Anábasis de Alejandro Magno" (X)



Alejandro se dirige a Frigia y se planta en Celenas, la de la famosa fortaleza. Pero su fama le precede y no mueve un dedo para conseguirla. Así de fácil conquistaba a veces el muchacho. Luego, se pone en marcha hacia Gordio, donde el célebre nudo:


“Pasó a Frigia, bordeando la laguna llamada Ascania, en la que la sal cristaliza espontáneamente, sal que usan los lugareños sin necesidad de emplear la sal marina. Después de cuatro días de marcha llegó a Celenas. Hay en Celenas una fortaleza muy escarpada cuya guarnición, a las órdenes del sátrapa de Frigia, la componen mil carios y cien mercenarios griegos. Enviaron éstos una legación a Alejandro con la noticia de que le entregarían la plaza si antes no les llegaba a ellos ninguna ayuda en el día convenido (…). A Alejandro le pareció esto sumamente útil, mucho más que sitiar esta ciudadela, que era verdaderamente difícil de tomar al asalto. Dejó como guarnición en Celenas mil quinientos soldados, y aguardando allí diez días designó como sátrapa de Frigia a Antígono. (…) Él mismo se puso en camino hacia Gordio.”

lunes, 25 de julio de 2016

"Anábasis de Alejandro Magno" (IX)



Se empleó Alejandro en el asedio de Halicarnaso, la ciudad de Herodoto, y allí es posible que experimentara alguno de los nuevos ingenios militares (según cuenta Diodoro Sículo transportados en barco por los macedonios) que harían fortuna en el futuro, entre ellos la petrobólous katapéltas, o sea, la catapulta, una catapulta pensada para atacar directamente a los soldados y no tanto los muros. Según Plutarco, Halicarnaso fue una de esas batallas, o mejor, asedios, que sumía a Alejandro en la duda de cómo encarar las conquistas futuras. Pero Arriano cuenta:

“(…) Lo primero que hizo Alejandro fue rellenar el foso excavado delante de la ciudad (…) con objeto de aproximar las torres desde donde pensaba bombardear con proyectiles a los apostados en los parapetos del muro, a más de otros ingenios destinados a derribar la defensa. (…) [Pasaron los días] Los muros quedaron parcialmente desasistidos; además, al haberse desplomado dos torres había quedado una cortina del muro accesible al ejército macedonio, aunque éste no supo aprovechar la ocasión de aplicar conjuntamente su ataque en este punto. La tercera torre también había sido sacudida seriamente, de suerte que se habría desplomado con facilidad si se la hubiera socavado un poco. Pero los habitantes de la ciudad se adelantaron y reconstruyeron el muro con ladrillos curvos antes de que éste se desplomara, empresa que realizaron con toda facilidad al disponer de abundante mano de obra.
Al día siguiente Alejandro acercó al muro las máquinas, lo que provocó una inmediata salida de los de la ciudad para quemarlas. Prendieron fuego a algunos manteletes, los que estaban más próximos al muro, así como a una torre de madera. (…) Al aparecer Alejandro en el escenario del combate, todos los que acudieron con antorchas a contribuir al incendio de las máquinas se deshicieron de sus armas y sus antorchas y echaron a correr hacia el interior del muro. (…) Unos [alicarnaseos] murieron al llegar al combate cuerpo a cuerpo con los macedonios mientras otros caían a ambos lados del derribado muro que les obstaculizó el paso al haber quedado sólo un estrecho pasadizo para una avalancha tan grande de hombres (…) Les ocurrió, cuando huían en retirada por un estrecho puente que estaba sobre el foso, que el puente se les vino abajo debido al peso de la muchedumbre, yendo a caer muchos al foso, de suerte que unos perecieron pisoteados por sus compañeros mientras otros eran alcanzados por los macedonios que disparaban desde arriba. Sin embargo, Alejandro dio orden a sus hombres de que se retiraran, pues quería que la ciudad no pereciera si sus habitantes daban alguna prueba de amistad.

(…) Nombró gobernadora de toda Caria a Ada, hija de Hecátomo y mujer de Hidreo, su hermano, que según la costumbre caria, convivía con ella [Ada era, además, la hermana menor de Mausolo, de quien deriva el nombre de 'mausoleo', cuyo referente era el inmenso construido para él en Halicarnaso]. Al morir Hidreo el gobierno pasó a ella, ya que desde Semíramis es costumbre en Asia que las mujeres puedan gobernar sobre hombres. (…) Ada adoptó a Alejandro como hijo”   [éste, con la plena aceptación de Alejandro, fue uno de los hechos más llamativos de toda la campaña alejandrina de aquellos momentos].

martes, 28 de junio de 2016

"Anábasis de Alejandro Magno" (VIII)



Alejandro decide prescindir de la fuerza naval y se adentra en Caria porque le preocupa la reorganización militar de Halicarnaso:

“(…) andaba en la actualidad escaso de dinero y, por otra parte, veía que su escuadra no estaba en condiciones de enfrentarse con éxito a la de los persas; además, no quería exponer a graves daños a una parte, por pequeña que fuera, de su ejército. De otro lado, pensaba que no tenía necesidad de la flota, dado que dominaba Asia con su infantería, y que después de tomar las ciudades costeras provocaría la disolución de la flota persa al no disponer ésta de dónde sacar la tripulación ni puerto alguno de Asia al que llegarse.

(…) Una vez realizado esto, marchó hacia Caria, pues le habían llegado noticias de que en Halicarnaso se había congregado un contingente nada pequeño de persas y extranjeros. Tomó al asalto todas las ciudades que hay en el camino de Mileto a Halicarnaso. Y desplegó su ejército frente a Halicarnaso, a unos cinco estadios de la ciudad con vistas a un asedio duradero.”

viernes, 27 de mayo de 2016

"Anábasis de Alejandro Magno" (VII)



Después de tomar Mileto, lanza Alejandro unos barcos para capturar a los que se habían refugiado en una pequeña isla sin nombre:


“(…) Mas, al ver Alejandro que los refugiados en la isla estaban decididos a presentar batalla, 
sintió compasión de estos hombres; hombres que ante él se habían mostrado valerosos y leales soldados, y les propuso un acuerdo con la condición de que se unieran a su ejército. Se trataba de un grupo de mercenarios griegos en número aproximado de trescientos. Con todo, liberó a cuantos milesios sobrevivieron al asalto final de la ciudad, y les concedió el derecho a ser libres.”