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Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Bueno. Mostrar todas las entradas
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domingo, 26 de mayo de 2019

Sobre el "Protágoras". Gustavo Bueno (XIII).


Acerca de los sofistas de la educación pretendidamente científica sobre los que se discute en el Protágoras platónico, que son también todos aquellos que se lucran explotando la inseguridad de las personas o queriendo mostrarles un camino hacia su “realización personal” o hacia un supuesto “yo” perfeccionado y preexistente no se sabe dónde… escribe Gustavo Bueno:

“(…) El gran sofisma que Platón nos ha denunciado en el Protágoras creemos, que en sustancia es éste: el de quienes estiman que es lícito apoyarse en la evidencia axiomática de que el hombre sólo es hombre por la educación, para justificar la profesión del sofista como «científico de la educación», como maestro de humanidad y de sus virtudes más genuinas (la libertad, la formación, la creatividad, la personalidad, la realización de la propia mismidad).
Por supuesto, ni Sócrates ni Platón, a pesar de su implacable análisis, han podido acabar con los sofistas, en su sentido más estricto, ni es posible acabar con ellos, como tampoco la medicina puede acabar con las enfermedades. Tan sólo es posible intentar «mantenerles a raya». Pero los sofistas se reproducirán siempre, precisamente porque la multitud y los gobiernos necesitan estos científicos de la personalidad, estos maestros de la virtud. Por ello, tampoco negamos a los sofistas su «función social». En la Edad Media, por ejemplo, la función de los sofistas ha sido desempeñada por el clero, es decir, por un conjunto de «curas de almas» encargados de edificar a los individuos, de elevarles desde su estado natural (de pecado, de indefensión) hasta su estado sobrenatural. Pero en nuestro siglo, cuando el clero de diferentes confesiones va perdiendo su poder –no ya, en modo alguno, cuantitativamente, pero sí cualitativamente, ante las extensas capas sociales ilustradas por una educación científica– los sofistas renacen bajo formas nuevas. ¿Podemos identificarlos?. Con toda seguridad, porque estos nuevos sofistas son ahora los que se autodenominan «científicos de la educación», o bien aquéllos que siguen definiendo a la educación, al modo de Protágoras, como «el proceso de convertirse en persona» (Roger) o como la «educación liberadora» cuyo objetivo fuese la «concientización», el «hombre como sujeto», &c., &c. Lo que hace siglos fueron los sacerdotes son, pues, hoy, los pedagogos científicos (y, por motivos similares, los psicoanalistas, y tantos psicólogos). No desconfiamos del todo en que, después de meditar el Protágoras platónico, pudiera decir más de un científico de la educación, en la España de 1980, lo que González Dávila decía en la España de 1780: «Sacerdote soy, confieso que somos más de los que son menester». Porque son las llamadas «ciencias de la educación» indudablemente la versión que en nuestro siglo o encarna mejor a la sofística que Sócrates ataca en el Protágoras. Puesto que no siendo ciencia en modo alguno se presentan corno tales. Por nuestra parte, no criticamos la posibilidad de tratar científicamente amplias cuestiones relativas al aprendizaje, a la instrucción en virtudes positivas (las de Ortágoras, las de Fidias). Nos dirigimos contra la pretensión de un tratamiento global de la Educación (Skinner), de un tratamiento científico de la formación científica de la personalidad (las virtudes de Hermes) corno «tarea integradora en la educación humana del hombre» (Sucholdosky). Porque este tratamiento global, el de las ciencias de la Educación, precisamente por serlo, no puede ser científico, sino filosófico. Y es pura propaganda gremial el presentar planes generales de educación, metodologías pedagógicas globales, como algo «científicamente fundado»: las relaciones entre las diversas ciencias del aprendizaje, si las hay, no pueden ser científicas. Y, sin embargo, los nuevos sofistas, logran convencer a los estados y a los ciudadanos de su importancia y obtienen asignaciones económicas que, si distribuidas por cada científico de la Educación, no suelen alcanzar en general a las cien minas, en conjunto constituyen sumas muy superiores a las que podría obtener Fidias «y diez escultores más». No pretendemos aquí, pues, devaluar todo aquello de lo que se ocupan las ciencias de la educación, porque sin duda, ellas arrastran funciones más o menos oscuras, pero que son necesarias. Pero al arrogarse la función de «ciencias» se hinchan, se envanecen y desvían constantemente de sus fines sociales (acaso enseñar la mnemotecnia, y no la creatividad; acaso enseñar el lenguaje escrito, y no la capacidad de hablar; acaso enseñar la gimnasia y la danza y no la expresividad). Pero mediante su presentación como científicos, engañan a los poderes públicos, y a las familias, es decir, se convierten en sofistas, prometiendo, por ejemplo, mediante el cultivo de la libre creatividad o la expresividad corporal espontánea, [84] la auto-realización de la personalidad misma del individuo (cuando ya sería bastante que se atuviesen a enseñar la flauta como Ortágoras de Tebas o la pintura como Zeuxis). Y lo que ocurre es que, al arrogarse la función del maestro de la personalidad, no sólo se confunden y se desorientan, sino que producen daños irreparables a sus discípulos, sin perjuicio de lo cual, se atreven a percibir grandes sumas de dinero.”

miércoles, 25 de abril de 2018

El abc del materialismo. Gustavo Bueno (XII).



El materialismo filosófico considera que el cuerpo no es de nadie excepto de unos supuestos amos si los hubiere, como en la lógica material antigua propietarios-esclavos en la que se compraba con dinero la mercancía humana. Pero no es nuestro el cuerpo. 
El cuerpo no puede ser de uno. Eso es suponer que somos un espíritu extrasomático que tiene un poder sobre ‘eso’ llamado cuerpo, que está más allá.
Nuestro cuerpo no es nuestro porque nosotros somos el cuerpo. Yo soy mi cuerpo. Cada uno es su cuerpo. Y lo que es no se puede poseer a sí mismo. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

Por qué el catolicismo es materialista, en dos minutos. (Gustavo Bueno XI.)

Gustavo Bueno reivindica aquí el catolicismo frente al irracionalismo del protestantismo y del Islam. Materialismo racionalista mediante la individuación: la escolástica materia signata quantitate (o sea, materia individual determinada, ‘sellada’) que define los cuerpos reales en su espacio y tiempo operando con su capacidad racional. No el alma, sino el cuerpo.

Gustavo Bueno fue absolutamente único en la recuperación y aprovechamiento de la lógica antigua y  medieval para salir en defensa de la razón y del mundo material. Y, claro, atacar las convenciones filosóficas contemporáneas y posmodernas.


jueves, 3 de agosto de 2017

El humor de Jesús G. Maestro




Un chiste.

Jesús García Maestro es el flamante autor de la monumental Crítica de la razón literaria (tres mil páginas, nada menos); obra que trata la literatura fundamentalmente como un inmenso y enmarañado sistema de ideas que interpreta y pone en orden desde el aparato teórico, crítico y dialéctico del materialismo filosófico de Gustavo Bueno (su herencia va creciendo y llegando a todos los ámbitos del saber, o mejor dicho, de la realidad). Pues bien, en el turno de preguntas de una de las presentaciones de la obra, un oyente le pidió que justificara la afirmación hecha durante su discurso sobre que “…en EE. UU. se toman la ficción como si fuera el Código Civil”. Inicio de la respuesta de JGM: “Si usted ha viajado a EE. UU. habrá observado que en los pasos fronterizos se advierte de que… cualquier comentario en broma será tomado en serio”. ¡Ja, ja, ja! Excelente.

martes, 18 de julio de 2017

"Imperiofobia y leyenda negra." María E. Roca Barea. Todos contra ella.


Recientemente se ha dicho muchas veces, pero es que este libro es mejor aún de lo que parece. De vez en cuando salen esos libros documentadísimos y a la vez transparentes en su exposición y sentido que actúan como una nueva luz. En el discurso de su autora, la profesora Elvira Roca Barea, se aúna conocimiento y sensatez de tal manera que le hace preguntarse a uno, ¿cómo es que no hay más libros actuales de historia como éste? Y no es que no los haya, pero tiene uno que buscar, a veces mucho, para encontrarlos. (Evidentemente, no abundan porque cuesta un huevo de investigación y tiempo hacerlos.) Los hay salidos, p. ej, de la plataforma creada por la escuela de Gustavo Bueno y su materialismo filosófico (estoy pensando en investigadores históricos como Pedro Insua o Iván Vélez), pero éstos como es natural presentan los presupuestos del sistema filosófico de G.B. y se pueden hacer por momentos (no siempre, ni mucho menos) más áridos y más distantes para el lector general.  No es el caso de Imperiofobia... , desde luego, obra que ha encontrado felizmente un discurso que a pesar del enorme material tratado fluye casi como una narración oral. Todo ello no sólo es consecuencia del estudio sobre el tema de la autora, sino también de su capacidad para despojarse de rémoras académicas estériles en favor de una intención: poner sobre el tapete el contraste de evidencias que en este caso se podrían resumir de la siguiente manera: ¿por qué si en el pasado fue así -y aquí están las pruebas- hoy día creemos que es asá? Esa es la herida que recorre todo el libro. Libro de obligada lectura para abrir la falsa caja de pandora que construyó sistemáticamente una buena parte de Europa sobre España (no fue la única, también trata los casos del Imperio Romano, Rusia y EE. UU.) y que aún hoy funciona como un reloj… especialmente en nuestro país por pura dejación (y diría que sobre todo por dejación política de todos). Y es que España pasó de la crítica y la polémica interna en su época imperial (Roca Barea demuestra cuánta más libertad de expresión y objetividad había en nuestro país que en el resto de Europa y no digamos en la brutal Inglaterra anglicana) al abandono a los ataques exteriores en la época posimperial. Luego, la nefasta dictadura franquista, sumidero de todas las conciencias y criterios, ha sido excusa para liarlo o vulgarizarlo todo, primero, y borrarlo casi todo, después; y cuando digo “después” me refiero a la época democrática última, los últimos cuarenta años de democracia. Increíble, pero cierto.
Hay otros trabajos, pero no tuvieron la misma fortuna que éste. Bienvenido sea.


Aquí una brillante entrevista a la autora. Las palabras de María Elvira Roca destilan conocimiento, lucidez y equilibrio. Es amable; es agradable. Sonríe. Y sabe. Tomad nota, aprendices de historiadores:




miércoles, 12 de julio de 2017

"Contra Zizek" (Gustavo Bueno X)



De todos los libros que se han escrito sobre la filosofía del ubicuo y omnipresente Slavoj Zizek, es este Contra Zizek, sin duda alguna, uno de los más estimulantes por venir de uno de los cachorros (utilizo este término por ser jovencísimo) más prometedores de la escuela materialista filosófica de Gustavo Bueno.

Lo que pretende su autor, Julen Robledo, cual basilisco que fulmina todo lo que fijan sus ojos (como se puede ver en el dibujo de la tapa) es precisamente eso: desenmascarar el pensamiento supuestamente revolucionario de Zizek desde los presupuestos del materialismo filosófico, primero observando lo que es para el joven autor la aceptación acrítica de sus  influencias (básicamente, Hegel, Lenin y Lacan); luego, definiendo la base política condicionante, para finalmente poner a prueba la consistencia de sus ideas -confrontándolas con las del materialismo filosófico- y acabar reflexionando sobre la envoltura socio-institucional que lo fomenta y su sorprendente popularidad y extensión en occidente (muy particularmente en España).

Robledo denuncia en este libro, entre otras cosas, que esa apariencia de impulso político liberador zizekiano que tanto atrae al público lector no es más que un fundamentalismo contracapitalista ineficaz (metafísico, al fin), puesto que sus condiciones materiales no son realmente analizadas por el filósofo esloveno -porque acaso sabe que la historia las ha superado- dejando así una sensación de apariencia positiva envuelta en ese estilo tan suyo entre enrevesado, efectista, digresivo y asistemático, como no podía ser de otra manera en un discípulo declarado del oscurantista Lacan.

No es fortuito que una de las frases de Zizek que utiliza Julen Robledo para abrir su trabajo sea : “I am a good Hegelian. If you have a good theory, forget about the reality.” Claro, es un caramelo demasiado tentador para un hijo del materialismo filosófico de Bueno. Así, pues… ¡Al ataaqueeeeeerl¡¡


viernes, 28 de abril de 2017

Escohotado con Iglesias; pero Gustavo Bueno. (Gustavo Bueno IX.)



Pablo Iglesias, el de Podemos, ha invitado a Escohotado a su programa televisivo particular, La Tuerca, La Retuerca, El Perno Tiunfante o algo así. Bien, ha sido valiente, porque Escota le da un soberano repaso histórico-económico y le deja desnudo con balbucientes razones casi de colegial. Y eso que Iglesias, después de exhibirse sin apenas disimulo deja el tema político-económico candente y la obra magna de Escota para el final. Éste le hace en ese momento una pregunta esencial, directa, potente y única en la historia de las entrevistas televisadas de las últimas décadas (¿de siempre?): "¿De verdad crees que hay diferencia importante entre el nazismo y el comunismo?..." Es un Trágala de aúpa.
En su monumental  Los enemigos del comercio, establece Escota afectos, similitudes, admiraciones, normas, leyes y vínculos entre los nazis y los soviets con datos históricos irrebatibles. La dialéctica de los hechos. Y no hay ideología que resista esos datos. Sin embargo... Sin embargo, creo que ahí el sabio de cabellos blancos no ha tenido en cuenta la fundamental evidencia que establece el materialismo filosófico de Gustavo Bueno entre Imperio generador y depredador. Simplemente: un imperio es generador cuando por su estructura determina y propicia un desarrollo social, económico, cultural y político de las poblaciones colonizadas, permitiendo la transformación de esas sociedades dominadas en grupos políticos de pleno derecho; ello sin perjuicio de las explotaciones y guerras. El imperio depredador, en suma, impide todo eso. Algunos ejemplos de imperios generadores serían el de Alejandro Magno, Roma y España en América... Entonces, a lo que iba, la URSS, con su intento de hacer de todos los pueblos dominados una ciudadanía nueva, participaría parcialmente -el exterminio leninista/stalinista fue brutal- de esa voluntad generativa imperial. No así los nazis, los cuales estaban dispuestos a eliminar físicamente pueblos y culturas completas por prejuicios raciales, y a mantener relaciones de pura explotación económica con países enteros sin ninguna pretensión de encajarlos en su ortograma propio. ¿No te parece, Escota?...     

martes, 11 de octubre de 2016

12 de Octubre. Hispanidad. (Gustavo Bueno VIII.)



Según clasificación del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, la España del s. XIX da al mundo un segundo género de izquierda (corriente política inmediatamente posterior al primer género, que es la izquierda revolucionaria francesa -propiamente la jacobina, también la de El Terror-).
Este segundo género es lo que se conoce como la izquierda liberal (la genuina izquierda liberal), formada a partir del funcionamiento de las Cortes de Cádiz y su Constitución (1812).
Hoy día, en que tanta izquierda acomplejada apenas se atreve a mencionar el nombre de España o de Hispanidad, deberían recordarse algunos de los primeros artículos de aquella Carta Magna:

“Capítulo I
Artículo 1. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
Artículo 2. La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.
Artículo 3. La soberanía reside esencialmente en la Nación.

Capítulo II
Artículo 5. Primero. Son españoles todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, y los hijos de éstos.”

La Hispanidad, en todo su proceso histórico y su complejidad iba mucho más allá de una constitución, como es natural, pero según aquella lejana constitución la soberanía la debían ostentar los ciudadanos de todos los países hispanos con la metrópoli. Por ahí se definía también la hispanidad de una manera positiva.

Las cosas se han ido tanto de madre que ahora es considerado un avance en los derechos políticos que hasta el pueblo más diminuto se quiera segregar de sus vecinos. División, separación, disolución han adquirido carta de naturaleza principalmente entre una autodenominada izquierda dispuesta a defender cualquier ‘derecho’ aldeano sin darse cuenta de que, a la vez, lo que está atacando es la soberanía de todos y cada uno de los ciudadanos. (¿Podríamos llamarla izquierda ‘disolutiva’ alumbrando una nueva generación de izquierda?)

En fin, ya no existe esa hispanidad política, pero, por no salirnos del marco de occidente, cabe imaginar lo que podía haber sido frente a, por un lado, el expansionismo anglosajón norteamericano y, por otro, la inestable biocenosis europea de las normas burocráticas y las exigencias financieras. Y no me refiero a nada ideal, ni mucho menos, sino acaso a una efectiva comunidad global alternativa.