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Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas
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sábado, 4 de mayo de 2019
Reencuentro
"Reencuentre usted el espíritu de los pueblos."
Para mí que es algo así lo que entiende el progreso como recuperación del mundo rural.
martes, 18 de septiembre de 2018
Aquellas aceras libres
¿Recuerdan cuando se podía pasear por las aceras?
Muchas grandes ciudades han perdido la oportunidad de hacerse más agradables y nobles tomando medidas contra las máquinas agresivas, o sea, buscando más espacios para ellas o restringiendo su circulación (entiéndase: coches, motos, bicicletas y la nueva plaga de los patinetes) y defendiendo al ciudadano de verdad, que es el que camina por la ciudad, el paseante.
Barcelona es el estúpido paradigma de ciudad que con la pretensión de mejorar (ser más “ecológica y sostenible” sic) se está convirtiendo en una porquería a pesar de la recuperación de escaparate de algunas zonas peatonales. Sus aceras son hoy lo más sucio imaginable entre marcas de neumáticos y grasa de motos. Da igual el barrio; pobre, modesto o rico. Es, claro, el efecto de la ignorancia sumada a la inacción propia del populismo político que nos corroe.
Hoy, pasear por una acera barcelonesa es una aventura peligrosa e insalubre.
Que el diablo se os lleve, miserables munícipes.
sábado, 3 de febrero de 2018
"La Peste." Esa ignorancia.
La inteligente Mª Elvira Roca Barea pone en su sitio a los lerdos que producen, desde el prejuicio y la ignorancia, hiperpublicitadas series millonarias:
"La peste es la ignorancia. Eso es lo que verdaderamente acabará con el hombre». Sólo por esta frase merece la pena ver la serie. Cuesta trabajo encontrar ejemplo más acabado de profecía autocumplida.
Hay que comenzar haciendo caso omiso a detalles de atrezzo que se clavan como aguijones, verbigracia, esas velas rojas. Nada menos que rojas, con lo caro que era teñir la cera. Se ve que había rebajas en el Todo a un euro (antiguo Todo a cien; conviene aclararlo para los que tengan poco sentido de la Historia) de la esquina. Hay luces encendidas por todas partes y a todas horas, incluso de día. En el cap. 4, en casa de una muchacha tan pobre que decide prostituirse, hay más de seis al mismo tiempo, con el sol entrando a raudales por la ventana. Y lo mismo en el hospital. Que lo único que les faltaba a los pobres religiosos que sustentaban los hospitales con limosnas era gastarse el dinero en velas para tenerlas encendidas de día. Esto ya no es mayor o menor conocimiento de la Historia. Es puro sentido común.
Cuando afronta el cap. 2 el espectador avisado ha comprendido ya que estamos todos: el irremediable cura que maneja en las sombras toda la trama (¿saben los creadores de la serie de dónde viene este personaje y que lo han heredado?), el oro como única obsesión de los españoles en el Nuevo Mundo, la incapacidad nacional para la industria y los negocios... Esto, claro está, viene aderezado a la posmoderna con su sexo, su gay, su poquito de género y su canesú. En la fábrica de añil escuchamos lo que requiere la puesta en escena de esta Sevilla roñosa y repugnante: «Se exporta a Flandes. Debe ser de las pocas fábricas sevillanas que exporta algo». Pero resulta que se exportaban muchas manufacturas locales desde ese puerto: loza, paños, libros, vino, sal... y hasta sofisticados productos farmacéuticos trasatlánticos como la quinina, que era el no va más de la medicina de la época. Cualquier profesor de historia de instituto de Sevilla hubiera podido informar a los autores, que probablemente no sabían que necesitaban ser informados. Porque como muy bien señalan: «La peste es la ignorancia. Eso es lo que verdaderamente acabará con el hombre».
Los vericuetos teológicos del cap. 3 son para asustar. Naturalmente el protagonista vive perseguido porque es el impresor que alumbró la famosa Biblia del Oso y estuvo relacionado con un grupo protestante local: «casi todos tuvieron tiempo para escapar a Ginebra, yo no». Pues no le arriendo la ganancia, porque si hubiera podido, como pudo Servet, ir a buscar refugio en los faldones del calvinismo, le hubiera ido bastante mal. Primeramente le hubiera sido imposible ir a emborracharse en los mesones, cosa a la que es muy aficionado. Estaba el alcohol muy prohibido en Ginebra. Tanto que tuvieron que cerrar todas las tabernas. Pero en el caso de que lo hubiera conseguido y proclamado alegremente a gritos, como hace el protagonista, que «Dios está en todas partes... en las frutas, en los pechos de las mujeres (...), en las música y los órganos (...). Todo es Dios», los diáconos de Calvino lo hubieran quemado varias veces. La primera por borracho. La segunda porque la música (y hasta el toque de campanas) estaba prohibida en Ginebra, y la tercera por panteísta. Confundir a Dios con sus criaturas es creencia intolerable en la Cristiandad oriental y occidental, entre católicos y protestantes, entre musulmanes y judíos. Cabe preguntarse si quien escribió el monólogo del mesón cree que lo dicho es cosa remotamente protestante. Posiblemente no le surgió la duda y no sintió la necesidad de preguntar. Hay en España muy buenos protestantes que, como el profesor de instituto, le hubieran sacado gustosamente del error.
En el mar de tinieblas católicas en que le ha tocado vivir, el médico (confusamente tocado con un gorrito que recuerda la kipá judía) se queja con amargura: «Son piñas. Una fruta de Indias. Los indios la utilizan para cicatrizar heridas... Si la Iglesia supiera todo esto lo quemaban todo conmigo dentro. Por brujo. Con la mitad de todo lo que aquí hay se podrían curar más de cien enfermedades y, sin embargo, tengo que esconderlo». Qué lamentable error de localización. Si lo que apetece es quemar brujas no es a Sevilla donde hay que ir a rodar, sino a Ginebra o a cualquier territorio germánico o protestante en general. Por miles. Y ya no hace falta ni tirar de bibliografía para informarse. Basta con la socorrida y democrática Wikipedia. Búsquese «caza de brujas» y luego el apartado «Distribución geográfica».
En fin, tengo más de 10 páginas de disparates que no hay espacio para comentar. Pero hay dos que no se pueden dejar pasar: la traca final quemando herejes en un Auto Sacramental y la frase del último capítulo a modo de colofón de todo lo anterior. España produjo exactamente 12 mártires para el protestantismo,los cuales han dado lugar a tantos libros, comentarios y menciones que parecen doce mil. Los mártires católicos que produjo el protestantismo pueden competir con la guía de teléfonos de una ciudad mediana. Y con esto llegamos a la frase genial: «Se embarcan los deshechos, los que aquí no tenían futuro, esperando volver a empezar». Hay pocas migraciones en la Historia de Occidente más supervisadas, cuidadas y mimadas que la que fue al Nuevo Mundo desde España. A Cervantes no le fue permitido viajar. ¿Por qué? Pues porque no tenía oficio ni beneficio. Había sido soldado pero ya no podía serlo tras quedarse manco. Y había que evitar que las Indias se llenaran de aventureros sin cualificar.
Así vamos educando a las nuevas generaciones en la misma idea, venerablemente antigua y muy, pero que muy carca, a saber, que la historia de España, hasta en su momento de esplendor, no ha sido otra cosa más que roña, ignorancia, corrupción, intolerancia y tinieblas. Es muy posible que el producto además se exporte y que por lo tanto se vea fuera de España. Es fácil suponer que tendrá un éxito notable en las tierras del protestantismo, porque contribuirá a reforzar la idea, tan arraigada entre ellos, de su superioridad moral intrínseca, cuasi genética. Para más inri con un producto español, que es ya como un rizar el rizo del virtuosismo en la autoafirmación. Tendrían que hacer milagros la Marca España y el Instituto Cervantes, que llevan décadas trabajando para mejorar la imagen de España en el exterior, esfuerzo pagado con el dinero de todos los españoles, para contrarrestar el efecto nocivo que La Peste va a provocar. El perjuicio es enorme y somos muchos los perjudicados, pero no parece que tengamos derecho a la querella. Movistar ganará dinero, como lo ha ganado Oro, a costa de la reputación de España que, como no es de nadie, puede ser dañada sin que se exija reparación.
Para que se vea el asunto un poquito más claro conviene que el lector caiga en la cuenta de que son muchas las series y películas sobre el periodo Tudor, y en ninguna se menciona las horribles persecuciones religiosas que tuvieron lugar en aquel reinado del terror. Nadie ha visto nunca reflejada en las series de ficción cómo eran las atroces ejecuciones de católicos y también de cuáqueros, anabaptistas y otros: hanged, drawn and quartered, según rezaba la fórmula. De todos los que no eran anglicanos. En 1998 ganó un Oscar la hagiografía Elizabeth de Cate Blanchett. Vemos en ella a la Gran Armada de Felipe II ardiendo por los cuatro costados derrotada por los barcos ingleses y escuchamos hermosuras como esta: «Me llaman la reina virgen, sin hijos... Soy la madre de mi pueblo. Esa armada que navega hacia nosotros lleva la Inquisición en sus entrañas. Dios no quiera su triunfo o no habrá libertad en Inglaterra ni de conciencia ni de pensamiento». Llevamos siglos repitiendo lo que escribieron y fabricaron los enemigos de la hegemonía española. Siempre copiando lo que dicen pero nunca copiando lo que hacen.
La serie está teniendo un gran éxito. Así nos va. Efectivamente, la peste es la ignorancia."
martes, 6 de junio de 2017
Ideología y barbarie
Esto debería mostrarse en todos los centros de enseñanza como ejemplo de a qué punto de fanatismo ciego y de barbarie puede llevar una creencia ideológica:
"La Asociación para la defensa de la sanidad pública en Aragón rechaza la donación de la Fundación Amancio Ortega para la compra de aparatos destinados al diagnóstico y la prevención del cáncer."
Sí. Han escrito un texto larguísimo y demenciado para justificar tan orgullosa decisión. Se resume en un 'No queremos dinero de ricos explotadores que pervierten la esencia de un ámbito público, igualitario y de progreso' (supongo que tampoco saben que la actual Sanidad Pública española procede de la Falange). No importa. Lo que sí importa es la respuesta, entre otras, del joven David Fernández, ex enfermo de cáncer:
"(...) Mi valoración para la Asociación para la defensa de la sanidad pública de Aragón: Sois unos seres despreciables."
viernes, 28 de abril de 2017
Escohotado con Iglesias; pero Gustavo Bueno. (Gustavo Bueno IX.)
Pablo Iglesias, el de Podemos, ha invitado a Escohotado a su programa televisivo particular, La Tuerca, La Retuerca, El Perno Tiunfante o algo así. Bien, ha sido valiente, porque Escota le da un soberano repaso histórico-económico y le deja desnudo con balbucientes razones casi de colegial. Y eso que Iglesias, después de exhibirse sin apenas disimulo deja el tema político-económico candente y la obra magna de Escota para el final. Éste le hace en ese momento una pregunta esencial, directa, potente y única en la historia de las entrevistas televisadas de las últimas décadas (¿de siempre?): "¿De verdad crees que hay diferencia importante entre el nazismo y el comunismo?..." Es un Trágala de aúpa.
En su monumental Los enemigos del comercio, establece Escota afectos, similitudes, admiraciones, normas, leyes y vínculos entre los nazis y los soviets con datos históricos irrebatibles. La dialéctica de los hechos. Y no hay ideología que resista esos datos. Sin embargo... Sin embargo, creo que ahí el sabio de cabellos blancos no ha tenido en cuenta la fundamental evidencia que establece el materialismo filosófico de Gustavo Bueno entre Imperio generador y depredador. Simplemente: un imperio es generador cuando por su estructura determina y propicia un desarrollo social, económico, cultural y político de las poblaciones colonizadas, permitiendo la transformación de esas sociedades dominadas en grupos políticos de pleno derecho; ello sin perjuicio de las explotaciones y guerras. El imperio depredador, en suma, impide todo eso. Algunos ejemplos de imperios generadores serían el de Alejandro Magno, Roma y España en América... Entonces, a lo que iba, la URSS, con su intento de hacer de todos los pueblos dominados una ciudadanía nueva, participaría parcialmente -el exterminio leninista/stalinista fue brutal- de esa voluntad generativa imperial. No así los nazis, los cuales estaban dispuestos a eliminar físicamente pueblos y culturas completas por prejuicios raciales, y a mantener relaciones de pura explotación económica con países enteros sin ninguna pretensión de encajarlos en su ortograma propio. ¿No te parece, Escota?...
lunes, 27 de marzo de 2017
Mudanzas
Uno de los peores dolores de cualquier mudanza
es que unos desconocidos manoseen cosas, un montón de cosas, que para ellos no
significan nada, pero que para ti están impregnadas de vida y sentido… Y,
encima, tengas que pagarles. Mucho. Demasiado.
Lo sé. Estamos en el lado rico del mundo, pero: Señor, Señor... si pudieras librarnos de las mudanzas por siempre.
jueves, 23 de junio de 2016
Contra el verano (V)
Contra el populismo, contra las verbenas políticas, contra los mítines, contra la recogida de firmas, contra los brazaletes, contra el calzón, contra la pantorrillaza, contra la chancleta, contra los dedazos peludos, contra las uñas mejilloneras, contra las camisetas sin mangas, contra los sobacos, contra el bañador, contra el bikini, contra los estampados, contra el sudor, contra los machistas, contra las feministas, contra la lengua de género… contra los petardos, contra las motos, contra los coches, contra los aparcamientos, contra el asfalto, contra las teles… contra las terrazas, contra los conciertos, contra las azafatas (vestidas), contra los campings, contra los apartamentos, contra el aluminio, contra las neveras portátiles, contra los cubos con cervezas, contra las piscinas riñoneras, contra las carteras en bandolera, contra las tumbonas, contra los baldosines encharcados, contra las apreturas, contra los espacios reducidos, contra las amplitudes falseadas, contra los gimnasios, contra las paellas, contra la sangría, contra el Mediterráneo, contra el tetrabrik, contra los insectos, contra los mosquitos, contra las cañas en los márgenes… contra las gorritas por capricho, contra las cremas olorosas, contra las gafazas de sol, contra los tatuajes, por Dios, contra los tatuajes, contra los peinados de moda... contra la playa, contra la arena, contra la basura, contra las colas, contra la calígine, contra el barullo, contra el marullo… contra los certámenes, contra los concursos, contra los premios, contra los cursillos, contra los sablazos, contra las estafas, contra la ‘temporada’… contra los lagoteros, contra el calor, contra el bochorno, contra la humedad, contra el populismo (de nuevo), contra la cultureta… ¡Sí, contra el verano!
sábado, 18 de junio de 2016
El viejo Adam y el viejo Karl
De entre las dos
políticas emergentes en España nada nuevo. Una intenta entroncar con ese
pensamiento liberal que habla de prosperidad en consonancia con las
posibilidades de nuestro mundo real, concreto, complejo, sin fundamentalismos
democráticos y por tanto sin grandes promesas ni paraísos. La otra sigue la
estela difusa de mesianismos absolutistas, utopías y generalizaciones
campanudas de baja graduación mental.
Un caso
reciente: el líder de la primera política señalada va a Venezuela a ver lo que
pasa, a hablar con la gente y a escuchar a los represaliados. El líder de la
segunda, disimulando, no habla con la gente que sufre la represión ejercida por
los que él y los suyos asesoraron, sino que prefiere la facilidad de hablar a
distancia ‘de’ la gente, de eso que denomina “pueblo”; espantajo
conceptual al que se dedica a adular y sobre el que marca fines milenarias porque lo utiliza como sinónimo de clase social opuesta necesariamente al resto.
Por un lado votarán los que prefieren coraje, conocimiento y responsabilidad -los que, cuando
menos, se paran a dudar porque no lo ven todo tan simple-, y por otro los que
escogen pleitesía y sumisión ocultas en un envoltorio revolucionario. Esa revolución
de miedo a la libertad fomentado por la obcecación. Obcecación
tan cabreada como desmemoriada que aún hoy se empeña en negar la prosperidad
que han llevado a una gran mayoría de población las democracias liberales
capitalistas (con sus chanchullos también, sí… ¿y cómo no?) y en no ver el
fracaso económico, político y social del socialismo marxista y el comunismo
realmente existente. ¿Pero será posible que a estas alturas aún no lo vean?
Otra obviedad:
uno de los principales problemas de este país es su grado de desunión por unos
regionalismos solipsistas que son síntoma de variopintos complejos de
inferioridad. Respecto de esto, unos hablan de aunar y articular fuerzas en la
libertad y la igualdad legal. Los otros exploran ambiguamente las
sensibilidades identitarias más bajas.
Por otra parte,
todos se indignan con la corrupción. Está bien indignarse en un país lacerado
por tantos chorizos. Perfectamente plausible. Pero la corrupción económica se
puede combatir sistemáticamente con el poder judicial; si funciona. Por el
contrario, la corrupción mental, la corrupción ideológica, la corrupción
educativa es mucho más difícil de atacar. Años y años de logse y malas políticas en la enseñanza nos han dejado demasiados
individuos de mentes elementales que sólo reaccionan ante estímulos elementales
y dan la espalda a quien demande esfuerzo en la incertidumbre, aunque sea del
lado del conocimiento de la realidad. Cuántas veces se ha dicho: no se convencerá
por la razón a quien se ha dejado ganar por la pasión. Según las encuestas sube
la pasión. Gana el espíritu de la Logse.
Es comprensible. Y también es deprimente.
(PD Puede parecer que defiendo a los primeros. Sí frente a los otros, evidente; pero no les perdono que evitaran reconocer con mayor valentía el trabajo de UPyD, hoy casi desaparecida.)
(PD Puede parecer que defiendo a los primeros. Sí frente a los otros, evidente; pero no les perdono que evitaran reconocer con mayor valentía el trabajo de UPyD, hoy casi desaparecida.)
viernes, 15 de abril de 2016
Cómo destruir ciudades
Nunca votaré a
un alcalde que no prohíba la invasión de las aceras por motos de todo tipo
conducidas por una variedad interminable de necios, energúmenos y tarados. Una
ciudad que no considere inviolable el espacio peatonal es una ciudad que abre
la puerta a la barbarie y que, antes o
después, acabará arrasada. Si los responsables municipales no entienden algo
tan elemental; si, al menos, no intentan luchar contra esa lacra aun sabiendo
que la guerra no se puede ganar, es que son una pandilla de piltrafas nihilistas.
En Barcelona, no
sólo aparcan motos en aceras anchas y estrechas, sino que circulan y corren por
ellas poniendo en peligro la integridad física de los peatones, acaso -como he
comprobado repetidas veces- para evitarse dar la vuelta a la manzana o ahorrarse hacer unos metros de más.
Lo que hace
vivible una aglomeración urbana es la educación y el respeto mutuo de sus
habitantes. Cuando los hijos de puta campan impunemente a sus anchas es que la
cosa está en las últimas; y no importa lo bella que sea una ciudad (que tampoco
es el caso de Barcelona).
Nunca puedo
votar a un alcalde.
PD Otro día
hablamos de las bicicletas; que también.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Los concejos y la ballena del rey
Se sabe de la
fuerza y dinamismo que adquirieron los tempranos concejos de la Edad Media en León y Castilla y su capacidad para
restringir el poderío de la Corte. Estas primigenias reuniones políticas del ‘tercer
estado’, como han querido ver en el concejo
algunos historiadores, consiguieron importantes libertades y derechos civiles
-muchos más que en otros lugares- y por ello prosperidad y poder, pero pagaron
muchos servicios, especialmente fiscales.
Los reyes se
podían llevar de los concejos
rendimientos de explotaciones como minas, pesquerías o salinas; rentas sacadas
de propiedades reales como tierras de labranza, bosques, molinos, viñas o
huertos; impuestos directos (la marzazga y la fumazga, por ejemplo) e
indirectos (sobre todo portazgos y pontazgos); diversidad de gabelas por pequeños
negocios y aprovechamientos; parte de los botines en las acciones de guerra
como deber militar… En fin, aparte de otros servicios curiosos como los de
mandadería (mensajería), castellaría (trabajos de albañilería) y el conducho
ocasional para el buen yantar del rey en sus visitas al municipio de turno. Había localidades,
además, con prestaciones extraordinarias.
Pero de todos
los servicios, el más extraño, difícil e incluso heroico, el más novelesco y
fantástico, era el que tenían que cumplir algunas villas costeras que como la
de Motrico (ya registrada al respecto en 1200 por documento de Alfonso VIII) suministraban anualmente a la corona nada menos que… ¡una ballena!. Regalar
ballenas era una cosa de mucho lustre. Me imagino la ballena atravesando
trigales bajo los azulísimos cielos castellanos.
¡Qué no hubiera
sacado Herman Melville de este asunto!
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