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sábado, 30 de mayo de 2020

El mito de la Cultura. "El tren".

La magnífica película El Tren, de John Frankenheimer, puede ilustrar el concepto del mito de la Cultura proveniente del materialismo filosófico. Su cara más siniestra.
En esta escena final, el oficial nazi que, con la guerra casi perdida, ha querido a toda costa llevarse una selección de pinturas contemporáneas de algunos museos de París, expresa a su adversario (un ferroviario francés que desesperadamente ha saboteado el tren del arte desde el primer momento) lo que significa estar investido por la gracia de la Cultura, sustituta en el mundo moderno de la vieja gracia divina. El alemán, desde su discurso, es un hombre que se sitúa por encima del resto. Se considera un hombre culto, un hombre superior, frente al “bruto”, un hombre inferior, que tiene delante.  Al fondo hay una montaña de personas recién ejecutadas, sin más, por el oficial en retirada. Ellos no cuentan, cuenta la “Cultura”. 
Como es lógico, el ferroviario, hombre de bien, no puede hacer más que exterminarlo.
Quizás sin pretenderlo Frankenheimer simboliza en el nazi el espíritu idealista alemán. No sabemos si el cineasta era consciente de que fue básicamente la cultura del idealismo alemán y su nacionalismo la que secularizó el concepto de la Gracia divina y lo aplicó a su pueblo con el Volkgeist, el espíritu del pueblo, de ‘un’ pueblo. Un espíritu que sopló al final para arrasar un continente entero y causar 60 millones de muertes.
Recordemos una vez más la famosa frase de Epicuro:
“Toma tu barco, hombre feliz, y huye a vela desplegada de toda forma de cultura.”
(La película sigue joven y se sigue disfrutando como siempre.)


domingo, 24 de mayo de 2020

Homenaje a García-Trevijano. "Frente a la gran mentira."

Este documental, realizado por Atanasio Noriega y algunos de los seguidores de Antonio García-Trevijano del MCRC (Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional) es importante para entender qué fue la Transición, por qué no hubo ruptura, qué significa hoy el sistema “democrático” de partidos, por qué mandan las oligarquías económicas y políticas, por qué impera la corrupción, amén de para ver claramente cómo debería funcionar un sistema democrático realmente representativo (cuán diferente debería ser el sistema de candidatos y de votos) con separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial. No pretende ser la verdad, pero sí una alternativa muy factible al catastrófico marasmo que nos asola desde hace décadas. Como ya hemos apuntado aquí en otras entradas, Trevijano fue un intenso teórico y erudito de la teoría política y de la democracia, pero nunca renunció a transmitir sus ideas a la población en general. Este documental es de obligada visión para todo aquel ciudadano que no sea indiferente a los problemas que nos trae la política y a la situación actual del país: 



Aquí el audio del libro de García-Trevijano (Frente a la gran mentira), gentileza de Jorge Duarte Urdiales: 


jueves, 26 de marzo de 2020

La elección palpitante



Los condicionantes de la tristeza (una tristeza que no provenga de un hecho trágico insoportable) pueden ser los mismos que producen alegría: el no saber qué, el no saber cuándo, el no saber dónde, etc. Y viceversa. Cláusulas que marcan definitivamente toda nuestra vida independientemente de si queremos reconocerlo o no.

Así, Clément Rosset escribe:

“(…) Pero esto es justamente lo que tienen de sorprendente -y de aparentemente paradójico- las razones para alegrarse o deprimirse: que son rigurosamente idénticas. De modo que la tristeza y la alegría no son más que las dos caras de la misma moneda. De ahí que sean tan próximas. En efecto, la alegría real no es más que una visión lúcida, pero asumida, de la condición humana; la tristeza es la misma visión, pero consternada.”

Escoger la tristeza o escoger la alegría, se diría… Pero, en el fondo, ¿podemos escoger?

miércoles, 15 de enero de 2020

Scruton



Hace unos días murió Roger Scruton, uno de los ensayistas más sustanciosos y elegantes del llamado pensamiento conservador occidental. Sus escritos están atravesados por una sabia sensatez y sentido del humor nada habituales entre los llamados intelectuales. Era un pensador (aceptemos esta palabra) a la manera clásica. Y tenía la facultad de dejar en evidencia y a menudo en ridículo las urgencias del pensamiento revolucionario.
En el capítulo “La falacia de la utopía” del libro nada pesimista Usos del pesimismo, por ejemplo, hay montones de ideas políticas básicas que se deberían enseñar en los centros de estudio a todos los niveles. Una:

“(…) La solución para los conflictos humanos se descubre caso a caso, y se adopta de casos de precedentes, de las costumbres y de las leyes. La solución no se ajusta a un plan, un esquema o una utopía. La solución es el resultado de una miríada de acuerdos y negociaciones que han sido preservadas en la ley y las costumbres. Rara vez vemos las soluciones de antemano, sino que se van acumulando mientras dialogamos y negociamos. La solución es un logro de la actitud del nosotros, que se despliega gracias a las reglas del entendimiento mutuo. Y es precisamente este depósito, que está vivo en las costumbres y en las instituciones, lo que los utópicos pretenden destruir.”

La inteligencia del sentido común y del conocimiento de la realidad contra la inteligencia del prejuicio y de la ideología.
Pero es que, además, Scruton escribió un libro para buenos bebedores. Un libro filosófico sobre el vino, Bebo, luego existo. Eso también merece un brindis en su memoria. Voy a abrir una botella.

viernes, 26 de julio de 2019

Imperiofilia versus Imperiofobia


Una de las cosas que más sorprende en la reacción y réplica de un profesor tan reputado (y educado) como Villacañas al libro de Roca Barea es la vehemencia por momentos de mal tono y casi grosera (llega a tildar a Barea de oscurantista, demagoga, maquiavélica… ¡xenófoba!(?), etc.; o sea, todas las aparentes exageraciones que dedica la historiadora a los antiguos propagandistas hispanófobos le son devueltas, así, ad hominem). Villacañas reacciona como si le hubieran ofendido, como si le hubieran tocado ‘algo suyo’. 
El de Roca Barea no es un libro aislado en la visión digamos defensiva  o restauradora del imperio Español nacido y desarrollado en los ss. XV-XVI y de denuncia de una supuesta tradición negrolegendaria fomentada fuera y dentro de nuestras fronteras desde esos siglos hasta hoy (idea, la de hoy, descartada por tan antiguos estudiosos del tema como García Cárcel o Joseph Pérez). Ha habido, decíamos, otros trabajos anteriores y otros posteriores, extranjeros y nacionales. Pero el ataque de Villacañas ha sido exclusivamente sobre el libro Imperiofobia de Roca Barea. 
La explicación no sólo puede ser por su reivindicación ideológica de algunos imperios y particularmente del español, sino otra: el éxito de ventas. Un éxito de treinta ediciones y más de 100.000 ejemplares vendidos que además ha removido muchos complejos en una historiografía sobre España bastante decantada o cuando menos indiferente hacia visiones negrolegendarias en las cuales se podría situar, aun parcialmente, al propio Villacañas, el cual, aparte de tener una indisimulada tendencia historiográfica protestante y germana (no hay más que echar un vistazo sobre la obra que comentamos), no ha escondido sus simpatías políticas e incluso partidistas. (Y muy dueño es de hacerlo, sin duda.)
Evidentemente, no se negará que el libro de Barea ha surgido en un momento de aguda crisis política española, causa de encontradas reacciones de grano grueso provenientes de todas partes. Pero no es justo incluir ahí simplemente como fenómeno reactivo, aunque haya sido aprovechado por la corriente, el estudio de la autora malagueña. Más, cuando es un libro de historia con tantas cualidades… y también ciertos ‘defectos’. Defectos que podrían ser algunos de los que señala Imperiofilia en cuanto a la visión de hechos, no tanto sesgada, sino ‘seleccionada’: poner la cara, pero no la cruz; mostrar la luz, pero no su sombra, ver la parte soleada de la montaña y, al fin, “inventar” un fenómeno histórico como es el de la construcción de un imperio real (creo que es aquí donde Villacañas se acelera y yerra en la negación de una idea defendida por Roca Barea; y que no es suya, naturalmente). Pero es que son hechos, y si a hechos sólo se contraponen hechos, como hace Villacañas en su supuesta ‘refutación’, no solucionamos nada. Historia positivista. Y ahí vamos. 
Ahí está seguramente el quiz de la cuestión en esta polémica. 
Quien mejor lo ha expresado por el momento (por lo que yo he leído y oído) es el filósofo de la escuela materialista Luis Carlos Martín Jiménez, el cual puede criticar porque tiene visión y teoría clara del quehacer histórico (del historiador).
En suma, Martín Jiménez hace la crítica del libro, o mejor, de la perspectiva histórica de Barea para criticar la respuesta de Villacañas. Lo que dice es que, efectivamente, Barea presenta una visión básicamente positivista de la Historia. Y lo que le pasa a Villacañas es que hace lo mismo, y más intensamente aún, en una suerte de acto reflejo que puede ser efectista, pero que no es nada efectivo. Según Martín Jiménez, el profesor de la Complutense no es capaz de presentar una teoría de la historia (no hay ni una clasificación ni una definición en Imperiofilia) que pueda, digamos, ‘arañar’ el efecto Barea, la cual, aun siendo muy positivista apunta una filiación -y se diría que una deuda- con las teorías del materialismo filosófico que la ya célebre autora no reconoce explícitamente.
El problema del quehacer positivista histórico es que contrapone informaciones y datos que se quedan, en el mejor de los casos, en una dialéctica de los hechos que no tiene fin, que no tiene progreso ‘científico’. Los datos no existen puros y eso no es historia porque no puede serlo. Los datos deben estar envueltos en conceptos que se relacionan con otros conceptos. Ahí reside más bien la construcción, que no la ‘reconstrucción’, histórica. El historiador no puede re-construir nada porque no puede volver al pasado ni re-crear un pasado virtual. Eso lo hará la ficción de la novela o el cine si quiere. Pero sí puede el historiador -y debe- construir y teorizar según datos basados en relatos (documentos) y reliquias (restos). (Y esto está relacionado con la idea de las actividades alfa-operatorias y beta-operatorias de las ciencias humanas en las que insiste el materialismo filosófico.) Por tanto, Imperiofilia caería abducido por la estela positivista, y también psicologista, de Imperiofobia. En este sentido, observa Martín Jiménez, además, lo de psicologista por el sufijo de los títulos (uno filia-otro fobia) que indican categorías psicológicas evidentes que no deberían inmiscuirse en el resultado final del trabajo del historiador. 
En fin, el libro del profesor ha salido como un impreso en negativo del libro de la profesora, pero sin clara teoría histórica, cosa que sí se puede atisbar en el libro de ella.

sábado, 20 de julio de 2019

"Le feu follet" (II)

En junio de 2013 escribí el post siguiente:

-En 1931 Pierre Drieu la Rochelle publicó El fuego fatuo (Le feu follet), un libro sobre drogas y suicidio. Una novela sobre la tragedia de cuando la vida se nos pone del revés sin aparentes motivos.
Es una obra aristocrática, breve, seca. E hiriente como un escalpelo envenenado.

La brillantez del autor nos asalta en cada página con frases cuya austera elegancia formal sólo es superada por una lúcida y destructiva visión de la existencia que nos muerde el alma sin piedad y nos deja a la intemperie como únicamente las grandes obras saben hacerlo. 

El protagonista, al fin (esta obra es toda ella una radiografía del fin), es una máquina de despojamiento de lo que creyó que podría tener algún día y nunca tuvo. Todo aquello que postergó para el futuro se le muere repentinamente entre las manos cuando ya es tarde para vivirlo… Entonces su capacidad de acción se convierte sólo en capacidad de destrucción. Definitiva, total.

La droga ha sido para él, como para todos los que acuden a ella, el más eficaz medio de aislarse de la realidad, el medio de mantener inmóvil e inmune la ilusión de la juventud y el estado flotante de una vida sin caminos definitivos. Pero también ha sido la vía que le ha revelado, sincera y despiadada, la falta de amor sin remisión posible. Hay un momento en que Alain, el protagonista, reflexiona hacia sí mismo mientras se pincha el brazo… “(…) me mato porque no me habéis querido, porque yo no os he querido. Me mato para apretar nuestros lazos. Dejaré en vosotros una marca indeleble. Sé muy bien que se vive mejor muerto que vivo en la memoria de los amigos (…)”

Sin embargo, Alain, no actúa como una figura patética. A nadie molesta en la irrenunciable deriva de su larga despedida. La Rochelle escribe con aceleración pero magistralmente sobre el paso de la energía vital al morbo letal del personaje y la conciencia terrible que él tiene de eso, por ello: “(…) permanecía inmóvil, frágil, temiendo esbozar el menor ademán porque sabía que tal ademán sería su sentencia de muerte”. 

El estado que transmite esta última frase es el que recoge, creo yo, el espléndido Maurice Ronet  en la película homónima del director Louis Malle. Toda la película, muy fiel a la novela, se sustenta en el rostro de Ronet. Un rostro que debe transmitir todo el esplendor del pasado, todo el derrumbamiento del presente y toda la perplejidad emocional que supone no poder evitar entregarse a la muerte. Maurice Ronet lo consigue con una economía expresiva increíble, apenas con una imperceptible inquietud, con una mirada frágil y anhelante...
Esta escena muda muestra cómo el protagonista percibe cada detalle de su entorno como una herida puesto que ya nada puede vivir en él con normalidad, ya todo está infectado de muerte bajo su mirada a pesar de que la realidad aún le presenta sus dádivas.-

Pues bien, ahora dejo aquí toda la película (en versión original francesa, pero con subtítulos en inglés). La virtud de su director, Louis Malle, es intentar contar lo que cuenta sin juicio moral añadido ni mensaje final. El juicio que lo ponga cada espectador, si quiere. Una de las mejores películas que he visto nunca del cine francés:






domingo, 14 de julio de 2019

Sin contenidos


Cada vez hay menos dudas de que nuestras democracias posmodernas progresistas y progresadas (esto no tiene nada que ver con izquierda o derecha puesto que todo es progresismo; nadie en política reflexiona y valora el pasado) necesitan una educación que promueva el entretenimiento cultural-emocional y no la crítica mediante el conocimiento para extender (aún no sabemos hasta qué nivel cuantitativo) una ignorancia que mantenga este tipo de régimen exhibido en la gestión de un debate estéril perpetuo (la televisión y la libre efusión de ideas del “pueblo” es un paradigma de nuestra actual caverna platónica), incapaz de dar salida ni solución a los problemas reales, dado que una sagrada y por tanto intocable tolerancia sobre todo y todos se encarga de igualar y perpetuar los conflictos, aparentando, de paso, participación y libertad. 
Con una educación vaciada de contenidos nada hay que temer de los educandos que la han recibido. Tendrán toda la libertad de expresión que deseen porque nada problemático, pertinente o incómodo serán capaces de expresar contra el poder ni sobre ningún fenómeno complejo del mundo real. A lo sumo, emitirán quejas acerca de su situación personal en la vida y exigirán atenciones y derechos (o sea, terapia y protección) a los solícitos padres, educadores, médicos y administradores de turno, los cuales los atenderán complacidos en nombre del progresismo, la tolerancia, la solidaridad o cualquier otro mito contemporáneo. 
Quién les iba a decir a los jóvenes rebeldes de antaño, los del final de la Dictadura y de la Transición, por ejemplo, que las democracias iban a vaciar progresivamente de sustancia los sistemas educativos para sustituirlos por una pedagogía cuyo símbolo mágico es el sintagma duplicador “aprender a aprender”, un recuerdo (en esta nueva versión, debilitado) del pragmatismo metodológico norteamericano de acciones prácticas orientadas a la formación empresarial. Aún más, quién les iba a decir a esos jóvenes rebeldes que lo harían ellos. 
¿Para eso pedían más libertad?, ¿para ‘aprender a aprender’… nada, en una algarabía de educación asistencial que algunos ya quieren como obligatoria hasta la mayoría de edad? Olvidaron que la libertad es la peor trampa para el que no sabe. Más caverna platónica. 
Quizás no habían leído aún los diálogos de Platón. Ni de ningún otro. Pero es que ni siquiera era imprescindible leer a nadie. Había que mirar alrededor, y mirar hacia abajo, mirar el suelo, mirar la realidad. Eran inocentes. Entusiastas. Crédulos. Tenían fe; buena o mala, da lo mismo. Tenían ideología. 
¿Qué armas conceptuales poseerán hoy y mañana los jóvenes para entender y acaso luchar contra la nueva caverna web globalizada y las poderosas sombras de sus televisores, teléfonos, ipads, ordenadores, etc, que tan bien manejan?

martes, 4 de junio de 2019

De Unamuno (I)



Como en todos, el paisaje del alma unamuniano, su vida y su agonía y su razón de ser, era la contradicción:

"¿Contradicción? ¡Ya lo creo! ¡La de mi corazón, que dice que sí, y mi cabeza, que dice que no! Contradicción, naturalmente. Como que sólo vivimos de contradicciones, y por ella; como que la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella; es contradicción."

domingo, 26 de mayo de 2019

Sobre el "Protágoras". Gustavo Bueno (XIII).


Acerca de los sofistas de la educación pretendidamente científica sobre los que se discute en el Protágoras platónico, que son también todos aquellos que se lucran explotando la inseguridad de las personas o queriendo mostrarles un camino hacia su “realización personal” o hacia un supuesto “yo” perfeccionado y preexistente no se sabe dónde… escribe Gustavo Bueno:

“(…) El gran sofisma que Platón nos ha denunciado en el Protágoras creemos, que en sustancia es éste: el de quienes estiman que es lícito apoyarse en la evidencia axiomática de que el hombre sólo es hombre por la educación, para justificar la profesión del sofista como «científico de la educación», como maestro de humanidad y de sus virtudes más genuinas (la libertad, la formación, la creatividad, la personalidad, la realización de la propia mismidad).
Por supuesto, ni Sócrates ni Platón, a pesar de su implacable análisis, han podido acabar con los sofistas, en su sentido más estricto, ni es posible acabar con ellos, como tampoco la medicina puede acabar con las enfermedades. Tan sólo es posible intentar «mantenerles a raya». Pero los sofistas se reproducirán siempre, precisamente porque la multitud y los gobiernos necesitan estos científicos de la personalidad, estos maestros de la virtud. Por ello, tampoco negamos a los sofistas su «función social». En la Edad Media, por ejemplo, la función de los sofistas ha sido desempeñada por el clero, es decir, por un conjunto de «curas de almas» encargados de edificar a los individuos, de elevarles desde su estado natural (de pecado, de indefensión) hasta su estado sobrenatural. Pero en nuestro siglo, cuando el clero de diferentes confesiones va perdiendo su poder –no ya, en modo alguno, cuantitativamente, pero sí cualitativamente, ante las extensas capas sociales ilustradas por una educación científica– los sofistas renacen bajo formas nuevas. ¿Podemos identificarlos?. Con toda seguridad, porque estos nuevos sofistas son ahora los que se autodenominan «científicos de la educación», o bien aquéllos que siguen definiendo a la educación, al modo de Protágoras, como «el proceso de convertirse en persona» (Roger) o como la «educación liberadora» cuyo objetivo fuese la «concientización», el «hombre como sujeto», &c., &c. Lo que hace siglos fueron los sacerdotes son, pues, hoy, los pedagogos científicos (y, por motivos similares, los psicoanalistas, y tantos psicólogos). No desconfiamos del todo en que, después de meditar el Protágoras platónico, pudiera decir más de un científico de la educación, en la España de 1980, lo que González Dávila decía en la España de 1780: «Sacerdote soy, confieso que somos más de los que son menester». Porque son las llamadas «ciencias de la educación» indudablemente la versión que en nuestro siglo o encarna mejor a la sofística que Sócrates ataca en el Protágoras. Puesto que no siendo ciencia en modo alguno se presentan corno tales. Por nuestra parte, no criticamos la posibilidad de tratar científicamente amplias cuestiones relativas al aprendizaje, a la instrucción en virtudes positivas (las de Ortágoras, las de Fidias). Nos dirigimos contra la pretensión de un tratamiento global de la Educación (Skinner), de un tratamiento científico de la formación científica de la personalidad (las virtudes de Hermes) corno «tarea integradora en la educación humana del hombre» (Sucholdosky). Porque este tratamiento global, el de las ciencias de la Educación, precisamente por serlo, no puede ser científico, sino filosófico. Y es pura propaganda gremial el presentar planes generales de educación, metodologías pedagógicas globales, como algo «científicamente fundado»: las relaciones entre las diversas ciencias del aprendizaje, si las hay, no pueden ser científicas. Y, sin embargo, los nuevos sofistas, logran convencer a los estados y a los ciudadanos de su importancia y obtienen asignaciones económicas que, si distribuidas por cada científico de la Educación, no suelen alcanzar en general a las cien minas, en conjunto constituyen sumas muy superiores a las que podría obtener Fidias «y diez escultores más». No pretendemos aquí, pues, devaluar todo aquello de lo que se ocupan las ciencias de la educación, porque sin duda, ellas arrastran funciones más o menos oscuras, pero que son necesarias. Pero al arrogarse la función de «ciencias» se hinchan, se envanecen y desvían constantemente de sus fines sociales (acaso enseñar la mnemotecnia, y no la creatividad; acaso enseñar el lenguaje escrito, y no la capacidad de hablar; acaso enseñar la gimnasia y la danza y no la expresividad). Pero mediante su presentación como científicos, engañan a los poderes públicos, y a las familias, es decir, se convierten en sofistas, prometiendo, por ejemplo, mediante el cultivo de la libre creatividad o la expresividad corporal espontánea, [84] la auto-realización de la personalidad misma del individuo (cuando ya sería bastante que se atuviesen a enseñar la flauta como Ortágoras de Tebas o la pintura como Zeuxis). Y lo que ocurre es que, al arrogarse la función del maestro de la personalidad, no sólo se confunden y se desorientan, sino que producen daños irreparables a sus discípulos, sin perjuicio de lo cual, se atreven a percibir grandes sumas de dinero.”

martes, 23 de abril de 2019

martes, 16 de abril de 2019

Luz eterna

Últimamente el diablo se está paseando por diversos templos católicos franceses. El último, Nuestra Señora de París.
Queden estas imágenes y esta música del s. XIII perteneciente a la escuela de la catedral parisina (la cuarta parte del organum Sederunt Principes del maestro Perotin en versión femenina) para dar testimonio de que el genio cristiano es una flor eterna e indestructible.


lunes, 15 de abril de 2019

Lucha agotadora



Aquellos que, aun levemente y con una sonrisa irónica, nos identificamos con esto de Cioran, tenemos que librar una lucha agotadora todos los días de nuestra vida. Mundo, admíranos.

"... Toda presencia humana me inspira, según mis humores, molestia o terror. Nunca me siento natural ante un ser humano.
Si me quitaran uno tras otro todos los deseos que he podido concebir, en lo más profundo de mí seguiría afincada, intacta, inatacable, la nostalgia del desierto."

(Sí, ya lo había puesto en una entrada anterior. Pero es que todo se olvida, y el olvido es el hermano amado de la soledad.)

viernes, 12 de abril de 2019

Magallanes y Elcano. Primera circunnavegación de planeta (XII).



Tempestades. Embocadura del paso al Mar del Sur (Pacífico), futuro Estrecho de Magallanes:

[Septiembre de 1520] “Toda la escuadra estuvo a punto de naufragar a causa de los furiosos vientos que soplaron y de la mar gruesa. Pero Dios y los cuerpos santos nos socorrieron, salvándonos. 
(…) Continuando nuestra ruta hacia el Sur, el 21 de octubre, hacia los 52 grados de latitud meridional, descubrimos un estrecho que llamamos de las Once Mil Vírgenes, porque fue el día que la Iglesia les consagra. Este estrecho, como pudimos apreciar en seguida, tiene cuatrocientas cuarenta millas de largo, o sea ciento diez leguas marítimas de cuatro millas cada una, y media legua de ancho, poco más o menos, y desemboca en otro mar, al que llamamos mar Pacífico. Está el estrecho rodeado de montañas muy elevadas y cubiertas de nieve; es muy profundo, hasta el punto de que, aun estando bastante cerca de tierra, no encontraba el ancla fondo en veinticinco o treinta brazas. 
Toda la tripulación creía que el estrecho no tenía salida al Oeste, y que no sería prudente el buscarla sin tener los grandes conocimientos del capitán general, el cual tan hábil como valiente, sabía que era preciso pasar por un estrecho muy escondido, pero que había visto representado en un mapa hecho por el excelente cosmógrafo Martín de Bohemia.”  

lunes, 1 de abril de 2019

Ferlosio, el empecinado.



Ferlosio era un caso raro de literato de fama que lo dejó todo para hacerse gramático. Gramático empecinado en la etimología y la hipotaxis.
Él mismo, escribió:

"Naturalmente, la hipotaxis en que me fui empecinando más y más no se limitaba a esas fáciles construcciones con verbos, sino que se dilataba en frases mucho más complejas, poliarticuladas y de más largo aliento, hasta llegar a veces a cubrir un folio entero. De esta manera, llegó a antojárseme que sólo podía decir tal o cual cosa de un modo satisfactorio, por suficientemente preciso, circunstanciado, explícito y completo, recurriendo a largas construcciones hipotácticas." 

De ahí que sus ensayos sean a menudo una exigencia de la forma en marcha que se impone a la importancia del tema tratado. Aunque estuviera equivocado en sus tesis, la precisión gramática es tal, que no lo parece. Todo lo que escribió muestra un rango superior de la lengua española. Y si más de una vez había rechazado su pasado de literato por estetecista y sin importancia, no se libró nunca de un impulso inconsciente de búsqueda de la belleza, aun en sus más sesudos ensayos. Al contrario, ese impulso fue en aumento y alcanzó una madurez soberbia hacia la plenitud de su actividad como ensayista, cuando, según sus propias palabras, encontró la lengua. Eso es lo que hizo Ferlosio toda su vida con solitario empeño: buscar la lengua y salvarla de toda servidumbre. 

Todo lo que tiene publicado merece leerse con esfuerzo y regocijo. 
Para los despistados existe un largo artículo sobre sí mismo, ya clásico, que se publicó en el número 31 de la añorada revista Archipiélago titulado La forja de un plumífero. Que empiecen a conocerlo. Y a adentrarse en su océano.

domingo, 31 de marzo de 2019

Cuando el mundo fue suyo



En el s. XIII, con Temuyín Gengis Kan a la cabeza, los mongoles se lanzaron a la conquista del mundo. 
En unos pocos años, los jinetes-arqueros de las estepas dominaron casi toda Asia, se acercaron a África y se plantaron a las puertas de Europa occidental.
Eduardo Gil Bera recreó en la novela-poema Cuando el mundo era mío el espíritu de esos guerreros nómadas que pasaron por la historia del mundo con el poder y la fugacidad del trueno. Y luego, el olvido.
Aquí su hermoso principio:

“Hubo un tiempo en que los hombres creyeron que el centro del mundo coincidía con la plaza del mercado. Así pensaban los habitantes de las ciudades abominables. Les dimos caza, los exterminamos, ya no viven. Ni siquiera llegaron a saber que nosotros existíamos mucho antes que ellos.
     En la parte de la tierra donde muere el sol, también creían muchos que Europa regía el universo. Pero en la época en que nosotros hacíamos las larguísimas cabalgadas de mar a mar, Europa era un rincón de bosques y pantanos en el extremo de nuestros pastos. Sus habitantes eran bestiales, blancos y repulsivos, se hacinaban bajo montones de leña seca y dormían siempre presos en el mismo lugar maloliente.
     Los hombres de la mano derecha, donde muere el sol, eran despreciables y pestilentes. Creían que un dios condescendiente y flojo se dedicaba a contemplar sus detestables seres, ponía en sus manos el destino y les regalaba la fortuna. No conocían a Tengri el Irritado, ni tenían noticia del emperador Oceánico.
     Lo ignoraban todo, se limitaban a amontonarse en sus ciudades. Nosotros los cazamos como a ovejas encerradas, igual que el lobo caímos sobre ellos.
     Cuando decidí convertir al mundo en un solo pastizal donde nomadear sin límites, todos sabían que nací apretando en la mano un botón de sangre del tamaño de una taba de cordero y eso significaba que tendría un destino de héroe.
     Cincuenta inviernos más tarde, cerré los ojos y dejé a mi hijo el mundo, con más pasto, ganado y poder de los que ningún hombre tuvo antes, ni tendrá después.”

viernes, 29 de marzo de 2019

"Hostiles"



Pocos géneros cinematográficos como el western para aunar belleza y fatalidad: 
Hostiles (de Scott Cooper; con Christian Bale y Rosamund Pike) está tallada a lo clásico y lo consigue con maestría. 
Western grande a base de rostros en primer plano y paisajes infinitos. 
Una tragedia griega en imágenes. 
Esa mujer.
Hacía tiempo que no veía un final tan bello. Puro cine. Como el de antes.

sábado, 23 de marzo de 2019

Sobre el pecado original



¿Quién sino Chesterton se atrevería a defender la lógica del pecado original con esta ligera y paradójica convicción?:

“La religión católica dice verdades. Las demás filosofías simplemente dicen cosas que parecen verdades; sólo ésta ha venido siempre afirmando las verdades que no parecían serlo. Éste es el último credo que, donde no es atractivo, sigue aún siendo convincente; porque como mi padre en su jardín resulta que siempre tiene razón. Los teósofos, por ejemplo, predican un dogma tan seductor como el de la reencarnación; pero si atendemos a sus resultados lógicos, veremos que son la altanería espiritual y la crueldad de casta. Porque si un hombre es pastor a causa de sus pecados anteriores hay razón para desdeñarlo. En cambio el Cristianismo predica un dogma tan poco seductor como el pecado original; pero si se atiende a sus consecuencias lógicas, se verá que son la simpatía y la fraternidad, y un trueno de alegrías y piedades, porque sólo sobre el fundamento de semejante dogma podemos, a un tiempo, compadecer al pastor y desconfiar del monarca.”

(De Ortodoxia

viernes, 22 de marzo de 2019

Magallanes y Elcano. Primera circunnavegación del planeta (XI).




Puerto de San Julián. Patagones. Complot. Ajusticiamientos. Naufragio.
(Julio de 1520)

“Nuestro capitán llamó a estos pueblos patagones. Pasamos en este puerto, al que llamamos San Julián, cinco meses, durante los cuales nos sucedieron múltiples cosas (…) Apenas anclamos en este puerto, los capitanes de los otros cuatro navíos tramaron un complot para asesinar al capitán general (…) El complot fue descubierto: Juan de Cartagena fue descuartizado y Luis de Mendoza apuñalado… [en realidad Cartagena fue abandonado en el puerto de San Julián y probablemente el descuartizado después de muerto fue Luis de Mendoza, y también fue ejecutado Gaspar de Quesada]… 
El navío Santiago, que se había destacado para reconocer la costa, naufragó entre los escollos; sin embargo, toda la tripulación se salvó de milagro. Dos marineros vinieron por tierra al puerto donde estábamos para hacernos saber el desastre, y el capitán general envió inmediatamente algunos hombres con sacos de bizcocho. La tripulación permaneció dos meses en el sitio del naufragio para recoger los restos del navío y las mercancías que el mar arrojaba periódicamente a la orilla, y durante todo ese tiempo se enviaron víveres, aunque la distancia era de 24 leguas, es decir unas cien millas y se invertían cuatro jornadas en el viaje; el camino era incomodísimo y fatigoso, entre espinos y malezas, entre las que había que pasar la noche, no teniendo más bebida que el hielo, al que había que machacar, cosa que costaba gran trabajo.
En cuanto a nosotros, no estábamos mal en este puerto; había una clase de mariscos muy largos que llamábamos ‘mejillones’, mas no son comestibles; otros contenían perlas, pero muy pequeñas. Encontramos también avestruces, zorros (…) Asimismo, hay árboles de los que se extrae incienso.”

martes, 19 de marzo de 2019

domingo, 10 de marzo de 2019

Magallanes y Elcano. Primera circunnavegación del planeta (X).



Puerto de San Julián. Invierno. Indígenas. Hombres y mujeres.

(...) Transcurrieron meses sin que viéramos ningún habitante del país. Un día (...) un hombre de estatura gigantesca se presentó ante nosotros (...) El capitán envió a tierra a uno de nuestros marineros  (...) en señal de paz y amistad, lo que fue muy bien comprendido por el gigante , quien se dejó conducir a una isleta donde el capitán general había bajado (...) Dio muestras de gran extrañeza al vernos y levantando el dedo quería sin duda decir que nos creía descendidos del cielo (...) El capitán general ordenó darle de comer y beber, y entre otras baratijas le regaló un espejo grande de acero (...) El gigante retrocedió tan asustado que derribó a tres o cuatro de nuestros hombres que le rodeaban (...) Vinieron otros (...) Los nuestros les invitaron por señas que pasaran a nuestros navíos (...) Vinieron, en efecto; mas los hombres, que no tenían más que su arco y sus flechas, habían cargado todo sobre sus mujeres como si fuesen acémilas. [El narrador hace notar, como lo harán otros cronistas viajeros posteriores, que cuanto menos civilizadas son las sociedades más maltratadas son las mujeres.]