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martes, 13 de junio de 2017

¿Estoicismo?... Esto es.

Como se ha dicho tantas veces, el torero elige lo inevitable. Es portador de la entereza que se muestra en la fatalidad.
Es una exhibición estoica. Es el espectáculo del estoicismo. Una contradicción, si se quiere. Sí. Que lo muestren en las facultades de filosofía. Filosofía viva.
Estos estatuarios son la máxima exhibición estoica:



 

martes, 30 de mayo de 2017

La foto de Andrew Moore



El novillero Pablo Aguado atendido por las cuadrillas después de una cogida el 26 de marzo de 2017 en Las Ventas.

Esta fabulosa foto de Andrew Moore, de la cual ha corrido tanta tinta esteticista -la repentina composición triangular; su carácter sacro; retablo agónico, etc- muestra ante todo que el protagonista de la fiesta taurina es el hombre. El drama del hombre que indefectiblemente acaba cayendo. Y la comunidad ante el dolor. La vida es una  celebración que acaba mal. Socorrer al caído es labor que ennoblece a los que aún siguen en pie.

lunes, 25 de mayo de 2015

¿Por qué los toros y el boxeo?

¿Por qué -me preguntaba una amiga el otro día- me gustan y disfruto del boxeo y de los toros?
La respuesta inmediata a este tipo de preguntas es “porque sí”, y ya está. Si algo te gusta, te gusta sin más consideración, y ésa es la primera condición para que algo te guste de manera sincera. Como a un niño. Pero inmediatamente, ya que en estos dos casos tuve que confesar(me) que no era tan así, o sea, que en realidad no me ‘gustaban’ los toros y el boxeo pero sí me interesaban mucho, me vi obligado a explicarme. Y respondí, con respuesta corta, sorprendiéndome un poco a mí mismo que me interesaban tanto porque se trataba de dos experiencias, a la vez, básicamente reales y a-históricas.
Con eso quise decir que están cerca de una evidencia existencial -y elemental- que no cambia a lo largo del tiempo y que es imposible que ninguna moda pueda desplazar de su naturaleza básica. Podrán desaparecer, pero no cambiar.
En un mundo en el que, cada vez más, la verdad se exhibe como espectáculo, o sea, como ficción, como no verdad, como no vivencia… los toros y el boxeo pueden quedar como espectáculos únicos donde lo que se alcanza es la verdad o donde, al menos, hay un acercamiento a ella. Es una inversión interesante; y turbadora.
La misma esencia de esas actividades hace que estén condenadas a escapar del fracaso (aun siendo tan difícil conseguir la excelencia que se espera en su práctica y tan fácil la aparición de lo grotesco) como no lo hacen otro tipo de artes porque no se trata tan sólo de convenciones o de espectáculos codificados (y las artes y los espectáculos fracasan), sino, mucho más, de experiencias terribles para sus practicantes, lo hagan bien o lo hagan mal. No hay, de base, nada que reducir a interpretaciones porque más que con un espectáculo el boxeo y los toros se confunden con la vida.

Y es que, al cabo, todo se reduce a eso: entretenerse con la ficción o entretenerse con la verdad. Me gusta más la ficción (¡dónde va a parar!), pero me interesa más la verdad. Y, claro, en los toros y en el boxeo está la belleza… y la muerte acechando.

sábado, 25 de abril de 2015

Gilgamesh. Tauromaquia.


No hay frase genuina popular que sea vana. Su raíz se puede remontar milenios.
En el verso 131 de la tablilla VI de la versión ninivita del poema de Gilgamesh, enorme fuente de inspiración primigenia, se dice (según una de las traducciones más directas, claras y eficaces):

“Y agarró al toro por los cuernos (…)”

Y, posteriormente, en una descripción de tauromaquia (VI, 150-151):

“Y Gilgamesh como un valiente (clavó)
su espada entre el cuello, los cuernos y
(la cerviz) del toro.”

Y, más allá, lo mismo que más tarde los toreros, los dos héroes después de dar muerte a la bestia (VI, 175-176):

“Gilgamesh y Enkidu se lavaron (después)
las manos en el Éufrates.”

… En gesto de purificación tras haber matado al toro sagrado, al Toro celeste creado por el dios Anu a instancias de la hermosa y despechada Ishtar.


Gilgamesh, epopeya conocida parcialmente por textos sumerios, luego completada por versiones acadias, etc., como origen de mitos y fábulas, de la Ilíada, de la Odisea, de la Biblia… De la tauromaquia.

lunes, 2 de febrero de 2015

Tauroética



La buena tauromaquia es exhibición del valor cifrada en un control de sí tan extremo y en el dominio de un arte tan preciso que permite enfrentarse a la muerte sin temblor e incluso, a ritmo de pasodoble, con alegría. Casi nada. De ahí su vínculo con la ética. De ahí el error de su prohibición.

martes, 25 de febrero de 2014

Tauromaquia. El principio de crueldad.


Estaba yo leyendo poemas de José María Valverde cuando me detuvieron estos versos:

“(…) ¡Señor, Señor, la muerte!
Se me cuaja la boca al pronunciarla,
Se me amarga la lengua, se me nublan los ojos…
Nadie la puede ver de frente, por fortuna,
Cuando llega a buscarnos.
Es lo mismo que el sueño.
La muerte es superior a nuestras fuerzas. (…)”

Me detuve en ellos por lo que tienen de verdad y porque me recordaron automáticamente la verdad del arte del toreo en cuanto intento de revocación de lo que estos versos dicen.
Lo inconmensurable del toreo es, precisamente, demostrar que el carácter del hombre supera la potencia ominosa de la muerte.
Al torero también se le cuaja la boca, se le amarga la lengua y se le nublan los ojos cuando aparece el toro en el ruedo. Sin embargo, de lo que se trata es de que mire a la bestia, o sea, a la muerte, de frente.
El desarrollo del ritual que tiene lugar entonces en la arena es la representación formalizada del principio de crueldad. En él, la angustia de la verdad más cruda o el saber sobre la vida se transforma en alegría intensa.
No cabe imaginar una celebración que muestre tan evidentemente la naturaleza de la realidad. No conozco otra fiesta en el mundo en el que la verdad sea su tema. De ahí que sea escandalosa e insoportable para muchos, seguramente mayoría.
Ese reconocimiento de lo cruel, sin componendas ni pactos ni aplazamientos, esa alegría trágica es, desde luego, única en España.

Cioran escribió que existir equivalía a una protesta contra la verdad. El caso de la fiesta taurina sería una celebración particular de la verdad. Por eso siempre será un error un tanto ridículo prohibirla.