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miércoles, 22 de mayo de 2013

Blade Runner. Gaff.


Después del poético adiós a la vida del jefe de los replicantes, Roy Batty, tan ponderado por melancólicos cinéfilos y neoexistencialistas varios (que no cayeron en la cuenta de la ridícula y kitsch “puerta de Tanhauser”, ‘puerta’ que podía haber sido de Gilgamesh, Salomón, Orfeo, o, incluso, Alejandro o…, no sé, Prisciliano; en fin, nombres que por su severidad -y belleza-, ya ficticia ya real, hubieran salvado del cartoné modernista el emocionado discurso final de la bestia rendida) es cuando de verdad viene el momento de crisis de Blade Runner.
Se trata del instante en que, inesperadamente, aparece el detective Gaff (figura interpretada por el actor Edward James Olmos) para dar cuenta del fin de la cacería y devolverle la pistola al heroico y maltrecho Rick Deckard (Harrison Ford).
Gaff es un humano del futuro, un superviviente adaptado a una urbe imposible -todas son sus lenguas y ninguna-, aparentemente indiferente al triste caos que lo envuelve, sobrio profesional que cumple eficazmente y sin protestas con su trabajo. Pero a la vez Gaff es una vieja figura del pasado; una sombra lírica de Bécquer con perfiles de solitario byroniano pintado por Friedrich: su aspecto de tísico, su elegante vestimenta decimonónica, su renqueante cadencia de anciano con bastón, su mirada bicroma, su solipsista virtuosismo con la papiroflexia microscópica, su desgarrada voz de fantasma desvinculado de ese mundo terminal… hacen de él el verdadero ser humano de la película. Un hombre entre máquinas.  
El breve instante al que nos referíamos contiene la ‘frase’ del largometraje. Dos frases, para ser más exactos. Dos frases, una afirmación seguida de una interrogación, que estallan en la banda sonora con la contundente y trágica guturalidad que a veces tiene la lengua inglesa:
“It’s too bad she won’t live”… y seguidamente: “But then again who does?” (“Es una pena que ella no pueda vivir”… “Pero,  quién lo hace?”)  
Se refiere a la bella replicante (androide) Rachel (Sean Young) de la que está enamorado el protagonista, Deckard.
La sorpresa es que cuando Deckard vuelve a buscarla a su casa se encuentra con una de las figuritas de papel hechas por Gaff. O sea, nuestro policía raro había estado en su apartamento, pero no había eliminado a Rachel (como debía). Ella estaba viva y durmiendo plácidamente. Pero ese breve, preciso y excelente final no acaba ahí. La figura de papiroflexia que se encuentra Deckard es un unicornio. El unicornio es un animal que sólo aparece en los sueños de Deckard. Entonces, ¿qué mensaje es el que le deja Gaff…? Sencillamente: Tú también eres un androide, tus sueños sólo son implantes, Deckard; eres una máquina como ella, pero yo os dejo marchar porque acaso también merecéis vivir, como cualquier hombre y mujer, como yo mismo… ¿Quién vive realmente?...
Ese “It’s too bad she won’t live… But then again who does?” perdura como un eco invasivo en nuestra memoria y nos desconcierta precisamente porque nos recuerda la muerte y la imposibilidad de vivir... para invitarnos a vivir.
 



domingo, 19 de mayo de 2013

Eurovisión. Del disimulo del horror a la pachanga.

 
Empezamos por la pachanga. Es ilustrativo comprobar cómo un grupo conocido de música ligera que vende decenas de miles de copias en su país desafina todas y cada una de las notas que canta en directo en un celebérrimo festival europeo. (El grupo español no fue el único, muchos desafinan cuando no les tapan con un playback o con un sintetizador de distorsiones.) Es el resultado de la mentalidad “operación triunfo” y su dominio (dominio esperemos que temporal; aunque en España con el trabajo que ha hecho la LOGSE y las diversas reformas educativas de los últimos 25 años es difícil decirlo).

Eurovisión fue un bibelot hortera y glamuroso que se inventó la clase pudiente europea como regalo a la clase media y trabajadora para ayudar a olvidar las heridas de la II Guerra Mundial y los odios y desconfianzas entre países occidentales.
Las canciones de los primeros años eran excelentes en su delicadeza y ejecución; había orquesta en directo con 50 o 60 profesores y cada país aportaba, además de unos cantantes perfectamente solventes (y es que muchos cantaban muy bien), un director de orquesta (arreglista) tipo Franck Pourcel (¿quién no recuerda en España a Rafael Ibarbia, Augusto Algueró o Juan Carlos Calderón?...)
Pero lo más interesante de Eurovisión es que alguna vez, alguna rarísima vez, se colaba una interpretación verdaderamente sorprendente. Una canción que, en la forma, encajaba perfectamente en los parámetros eurovisivos, pero que en el fondo era una mina sumergida dirigida al delicado subconsciente europeo para hacerlo estallar en mil pedazos. Fue el caso de La Source, de Isabelle Aubret. Una exquisita cursilería de deliciosa hechura festivalera que, sin embargo, arrojaba una letra que volvía a poner en recuerdo la espantosa, incomprensible e insoportable realidad del genocidio europeo reciente. Fue en 1968. Nunca el Mayo francés hubiera soñado golpear de esa manera a las acomodadas conciencias europeas.
Aquí La Source:


viernes, 17 de mayo de 2013

Gómezdaviliana (V)



Sobre el gusto:

"Quien no gusta de lo obsoleto no puede saber si tiene gustos auténticos."

Sobre el placer:

"El placer es el relámpago irrisorio entre el deseo y la nostalgia."


viernes, 10 de mayo de 2013

Alfredo Landa, héroe de western.


Ha muerto Alfredo Landa. Tuvo una larguísima carrera en la que hubo de todo; pero todo, lo bueno y lo malo, fue trabajado con solvencia.
Las circunstancias lo encasillaron en exceso, aunque fue uno de esos viejos actores de marcha regular, oficio y personalidad que, a veces, mejoraba con su presencia productos aparentemente (o evidentemente) infumables.
Es inevitable asociarlo al momento del destape y a  astracanadas varias (su honesta entrega profesional también en esos artefactos ha sido culpable de que, para bien o para mal, perduren más en nuestra memoria); sin embargo, no se deberían olvidar sus colaboraciones con directores como Neville, Forqué, Bardem, Berlanga, Fernán Gómez, G. Aragón, Camus, Martín Patino, Borau, Cuerda, M. Hermoso y, claro, J.L. Garci, que lo convitió en uno de sus actores fetiche redimiéndolo de esa chusca época intermedia que tanto marcó su vida interpretativa.

Vamos a recordar aquí un momento insólito de Landa. Una de las escenas de western más químicamente puras del cine español; y es que quiere ser tan pura que casi acaba siendo grosera por exceso y fidelidad de estilo (y no vaya ello en perjuicio del resto del film).
Se trata del inicio de El Crack, de J.L. Garci, una película de cine negro con detective protagonista.
Como devoto del cine de género y más aún del western clásico, Garci abre la historia jugándose su seriedad como director al celebrar solemnemente uno de los ritos más manidos del cine del oeste: el duelo a vida o muerte en el saloon.
El protagonista (Landa) está cenando solo en un inhóspito bar de carretera cercado de negra noche;  el ‘barman’ juega a los dados con un cliente en la barra mientras otro individuo se entretiene con una máquina tragaperras; de pronto dos matones entran en el establecimiento y amenazan al barman con un cuchillo; el más curtido, barra de hierro en mano, chulea, amenaza y roba a los presentes mientras el detective solitario (Landa) sigue sereno con su cena hasta que también le reclaman la cartera. Cualquiera puede adivinar más o menos lo que pasa luego; el protagonista humilla a los ladrones sin alterarse (eso sí, con una pistola), los pone en fuga y pide amablemente un postre al agradecido barman para acabar su rutina.

Lo bueno de la escena --aparte de un montaje eficaz y de unos encuadres perfectamente clásicos (la barra del bar en perspectiva con la espalda del protagonista en primer plano)-- es la claridad prototípica del personaje; lo malo es que no nos lo acabamos de creer en un service de carretera de nuestra época y en nuestro país precisamente por esa claridad prototípica propia del western. La pureza maldita que tendría la escena en un western genuino con su siempre ominoso y emocionante reclamo de fuerza (el héroe oscuro impone su ley sin contemplaciones como quisiera hacerlo siempre nuestro imaginario ético más ansiado) chirría en el marco de una “sociedad del bienestar” hecha de pactos, cesiones, normas y convenciones cívicas bajo luces de neón. Landa, por su parte, tiene que hacer un trabajo de contención tan grande y tan contrario a su carácter verboso, gesticulante y bonachón que a la postre se nos antoja como meritorio. Con todo, la escena invita a seguir con la película, y eso ya es mucho.
Aquí está:






miércoles, 8 de mayo de 2013

Rigondeaux contra Donaire

 Nueva York, 13-IV-2013

El boxeador cubano afincado en Miami Guillermo Rigondeaux, nombre que se diría imaginado por Alejo Carpentier, mantuvo su corona de peso supergallo de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y se hizo con la de la Organización Mundial (OMB), en manos del filipino Nonito Donaire (otro nombre literario así como de alta cuna y de baja cama), al que se impuso por decisión unánime en combate de unificación.
Rigondeaux contra Donaire: ¿Hay algún otro deporte que pueda enfrentar dos apellidos de tan elevada finura, de tan poético vuelo, de tan vetusta resonancia?
Los expertos apuntaban a Rigondeaux como el único boxeador de la categoría capaz de derrotar a Donaire y, en esta ocasión, acertaron. La escuela cubana (Rigondeaux dejó al fin la isla en 2008 después de malogrados intentos de abandonar el paraíso, pero quien tuvo retuvo) volvió a demostrar su calidad con el cuidado de la técnica, y la pugilística olímpica amateur afirmó una vez más la validez del boxeo aficionado como crisol de grandes figuras de esta noble y descomunal forma de vida.

sábado, 27 de abril de 2013

Vivaldi, a pesar de todo.



Pues no, parece que no, no es posible dejar del todo a Vivaldi.
Uno sabe lo que se dice por ahí… que es “un lugar común tras otro”. Bien. Y sabe que lo ha oído todo de él, y que lo que no ha oído (que es muchísimo, seguro) le va a sonar igual; y uno piensa que se conoce su música de memoria; y que sus fórmulas elementales se repiten en todos sus conciertos; y que es un pesado; y que es un cansancio de reiteración y superficialidad, y bla, bla…

Sin embargo… sin embaaaargo, todos sabemos en el fondo que con Vivaldi se da un fenómeno incontrovertible que es como una misteriosa verdad musical que de vez en cuando se impone inapelable: a muy pocos músicos del barroco se acaba volviendo como se vuelve al cura veneciano, cuya música se reconoce como un paisaje aparentemente de toda la vida, sí, pero en el que uno siente una seguridad y una satisfacción simple, redonda, aplomada, prácticamente infalible.
Y tal vez no sea eso tan malo cuando algo así, sin duda, sentía el mismísimo J.S.Bach, el cual volvía una y otra vez a las partituras vivaldianas para entretenerse con sus propias adaptaciones. No en vano, en el s. XVIII se dijo que Bach no dio con el camino correcto hasta que topó con la música de Vivaldi (se dijo exageradamente, claro; Forkel, por ejemplo).

Y no, no todo Vivaldi es igual. Sí que todo Vivaldi funciona bien por su efectiva coherencia motívica, interválica y rítmica. El asmático sacerdote pelirrojo era hombre humilde y no iba más allá de sus limitaciones porque disfrutaba explotando sus facilidades con insistente pero honesta artesanía. No obstante, hay un Vivaldi, oh, sí, más inspirado que otro, el Vivaldi en el que el ritornello-motívico más sencillo, p.e., tríadas descendentes sincopadas presentadas por otras tríadas en anacrusa con un acompañamiento y ornamento, como casi siempre, de libro (bajo continuo, escalas decorativas, imitaciones, ecolalias sonoras perfectamente encajadas en el discurso…), levanta por los aires todo un movimiento ‘allegro’ en sol menor de forma sintética, elegante, luminosa, entusiasta y también… emotiva.
Escúchese aquí, si no, el primer movimiento del concierto RV 156. Dos versiones: la primera a lo ‘convencional’, la segunda a lo ‘original’. (Yo, francamente, me quedo con las dinámicas y la plenitud de sonido de la primera interpretación):





lunes, 22 de abril de 2013

Sancho Panza, modelo para políticos.




Siendo todo un montaje de los aburridos e imaginativos aristócratas para burlarse de Sancho y su señor, pronto el sencillo escudero  muestra en su ficticio gobierno de la ínsula Barataria una sensatez, prudencia y sentido de la justicia que nadie esperaba.

Pero Sancho, que tanto había deseado un puesto semejante se da cuenta  en esa singular experiencia de quién es y se dice:

“(…) volvámonos a andar por el suelo con pie llano”.

Y al despedirse de sus supuestos gobernados, éstos aún le piden cuentas últimas de su actuación como poderoso gobernador:

“(…) antes que se ausente de la parte donde ha gobernado, dar primero residencia”. 

Y es entonces cuando Sancho les responde:

“(…) Nadie me la puede pedir si no es quien ordenare el duque mi señor: yo voy a verme con él y a él se la daré de molde; cuanto más que saliendo yo desnudo, como salgo, no es menester otra señal para dar a entender que he gobernado como un ángel.”

Aquí está la acendrada honestidad y aun la grandeza del humilde escudero: no sólo el haber gobernado con atinada equidad, sino sobre todo la señal de salir “desnudo” del ejercicio del poder, tal como entró; y, además, de reconocerlo y demostrarlo con toda la naturalidad del mundo ante todo aquel que le pida cuentas.
Es en ese momento cuando Sancho, que no tiene nada y que nada pretende ya de sus antiguas codicias, empieza a conocerse y a hacerse un hombre determinado, dueño de su existencia, celoso de su dichosa humildad y de su antigua libertad.

¿Qué político sensato y acertado (o desastroso y dañino) sale de la política voluntariamente, olvida sus privilegios e influencias y demuestra que se va con lo mismo que tenía antes de entrar?...
Alguno ha habido.

Pues eso, que viva los Sancho Panza.


jueves, 11 de abril de 2013

Oligofrenia, ¿enfermedad infantil de la izquierda actual?



Sí, la pregunta del título parafrasea la famosa obra de Lenin La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, en la cual básicamente se critica la rígida incapacidad del izquierdismo para adaptarse a las circunstancias y prosperar políticamente.
Hoy... ¿se ha convertido esa incapacidad en debacle mental y oligofrenia?

Lo digo porque... ¿es que no descansan de decir y hacer bobadas?:
Cuatro recientes notas de prensa que he leído por casualidad en sólo dos días:

1ª-“Alternativa Galega de Esquerda y el Bloque Nacionalista Galego [esquerdoso también, según dice] se niegan a recordar el Holocausto nazi desde el Parlamento de Galicia”.
(Hombre, claro, ya está bien de aguar la sagrada fiesta “nacionalista-progresista” [sic] recordando el exterminio sistemático de judíos por parte del nacionalismo-socialista alemán. ¡Y con lo malos que se han vuelto hoy los judíos, caramba! ¿Sólo hoy…?)

2ª-El portavoz de Izquierda Plural dice que:… “Rodear y gritar a alguien [en masa, además, y en la mismísima puerta de su casa] no es violencia”.
(Aquí se presume aquello de que el pueblo unido jamás será vencido… sobre todo si las masas populares indignadas -de izquierdas y plurales, claro- cargadas de razón pillan una familia indefensa de esas malas -como los judíos, vamos- en el portal de su vivienda.)

3ª-En un homenaje al mandamás venezolano Chávez desde una sede de CC.OO se dijo que:… “En España no saldrán tantos a la calle cuando mueran los presidentes de nuestra democracia.”
(Todavía no se han enterado éstos de que las democracias han ido acabando con las viejas adoraciones, santificaciones y coros de plañideras a líderes políticos. Señores, a ver… que después de la muerte de Franco ya no ha habido en este país, afortunadamente, manifestaciones masivas en las que se llora a los supuestos guías de pueblos e ideólogos redentores de la humanidad -entiéndase dictadores-. [Por cierto, que con los santos de verdad siempre se fue muchísimo más discretos.])

4ª-Un dirigente de Juventudes Socialistas -parece que secretario de una cosa que se llama, válganos el cielo, Programas e Ideas- pone en entredicho la labor de Cáritas en su ayuda directa a los pobres.
(Se supone que hay libertad si se quiere aportar dinero del propio bolsillo para el necesitado o arrimar el hombro y echar una mano; pero ahora la izquierda juventona quisiera estigmatizar eso para quedarse el dinero y hacer reparticiones en arreglo a 'su' justicia -¿preferentemente entre los pobres sumisos a su ideología?-. Y es que… mirar a un pobre real a la cara y ya no digamos tocarlo da como asquico, ¿verdad, lumbrera programática?)
...

No sé. Parece ser que la estulticia política tiene muchos matices, pero todos estos pequeños casos van formando una sola figura poliédrica que muestra la sensibilidad (o sea, la inteligencia) de ese resto de constructo aún llamado “izquierda”.
En esta izquierda actual de la permanente responsabilidad ajena de los males y el fracaso propios hay una curiosa sintonía en la grosería del pensamiento, en la soez explicitud de la chabacanería moral, en la superficial satisfacción que da creerse representante de mayorías ofendidas y mandataria de una delirante idea de Humanidad.
¿Es que además de ir perdiendo el significado político 'esta' izquierda va a perder también lo que le quedaba de activo ético a la izquierda?
Tal vez sea verdad que toda esta izquierda divagante sea la pobre suma de las sucesivas caídas de la antigua izquierda definida.

sábado, 6 de abril de 2013

Teoría (totalitaria) del paisaje



Un artículo de Eduardo Gil Bera (4-IV-13) que he visto hoy.
Va sobre esos cientos y cientos de hombres, mujeres y niños asesinados por ETA y calificados recientemente de “víctimas políticas” por unos grupos nacionalistas abertzales que viven de un Estado y se amparan en una Constitución que odian (para existir en democracia y de paso cobrar sustanciosos sueldos y ayudas públicas).
Se nos cuenta en el artículo, con escueta e irónica precisión, cómo funciona el pensamiento totalitario que asume el exterminio por mor de una ideología tan ridícula, efectivamente, como la visión ideal de un obseso plasmada en un cuadrito; la idealización de un paisaje identitario que se convierte en la energía que pone en marcha la fábrica de muerte.
 La creación del paisaje es así: Se vive en un lugar -la calidad y características del cual son perfectamente irrelevantes, lo importante es sentir pertenencia y diferencia con respecto a cualquier otro lugar-. Seguidamente se idealiza ese lugar y a los que se sienten proyecciones naturales e inequívocas de ese lugar y se fijan unos criterios de representación en los que se marcan los elementos reales del lugar que no armonizan con el conjunto idealizado. Finalmente, si esos elementos marcados no acaban por adecuarse a la idea del lugar y siguen molestando se toma la decisión de eliminarlos. No se eliminan porque sí, por capricho o por gusto, sino por la necesidad de aquilatar el resultado final de la idea. ¿Qué o quién perjudicaría el logro de una obra sublime sin merecer una respuesta definitiva por parte de los creadores de la obra? Se trata de víctimas formales a las que se da la categoría y la calificación correspondiente para que encajen en la comprensión del proceso, con su parte dolorosa pero necesaria, de la extraordinaria realización.

Aquí el artículo:
“(…) Una vez pintó Philipp Ernst un cuadro precioso que recogía con ideal fidelidad la vista del jardín desde su ventana. Como había un árbol que estropeaba el conjunto y vulgarizaba el paisaje, lo omitió hábilmente. Pero un artista magnánimo como él no pudo dejar de sufrir terribles remordimientos por semejante delito de lesa majestad contra el realismo. Una noche en que los remordimientos eran especialmente fastidiosos a causa de la luna llena que iluminaba el jardín con el dichoso árbol fuera de ordenación, el artista se levantó y cortó el árbol.
No es comparable, desde luego, que un maderista tale un árbol con vulgares propósitos de compraventa, y que lo haga un artista movido por su entrega al arte.
Es preciso comprender que hay un cuadro ideal de por medio. Es como ese millar escaso de árboles que los artistas idealizantes han talado del lindo cuadro de la vasquidad irredenta. Los clerizontes de la causa predican ahora que fueron talas artísticas que perseguían una perfección revolucionaria, no se pueden comparar con las talas vulgares. Desde luego, en este campeonato de limpias ideales, los leñadores vascos quedan muy por debajo de los islamistas suicidas, y no les llegan ni al cinturón explosivo. De modo que, dentro del género de las talas evitables sólo con que esos árboles se hubieran ido de nuestro cuadro, tenemos una categoría vasca, que es la tala política con huida del leñador idealista ma non troppo, y una islamista, superior cómo no, donde el artista no huye y se hace astillas a una con el arbolado infiel, lo cual es idealismo de primera clase. Así tendríamos tres categorías de talas, las religiosas, las políticas, y las corrientes, citadas en orden decreciente de idealismo y entrega generosa del leñador.
Se sigue de la preceptiva vasca idealista y revolucionaria que los muertos de la Torres Gemelas, por ejemplo, alcanzarían la categoría de víctimas religiosas, mientras los de Hipercor se quedarían en víctimas políticas, que si bien es algo de menos ringorrango, nunca será tan vulgar como las víctimas corrientes que mata un cualquiera sin ideales políticos ni religiosos. Así que reconozcamos que el clero explicador abertzale, al honrar el idealismo de sus leñadores, concede indirectamente cierta categoría, aunque sea vil, a los árboles que le estropeaban el cuadro.”

viernes, 5 de abril de 2013

Por delante de Messi





Que no todo es fútbol incluso en países tan descaradamente futboleros como Argentina lo demuestra el hecho de que Sergio Maravilla Martínez, campeón superwelter y medio, fuera elegido como el mejor deportista argentino de 2012. Y por delante del omnipresente Messi, el cual partía como favorito.

El hecho de que un esforzado boxeador supere en consideración deportiva al futbolista más mimado y galardonado del mundo no es mala noticia para el deporte. Hay vida deportiva más allá del fútbol… y con individuos que de verdad se juegan el tipo.

¿Quién dijo que Argentina no era un país maduro?

miércoles, 3 de abril de 2013

Gómezdaviliana (IV)


Pasados ya los encantos festivos de la Semana Santa con sus imágenes dulcificadas o patéticas:

"El Cristo de los modernos es un hijo de carpintero cuya elocuente reivindicación de la justicia social es erigida en prototipo de la inteligentzia revolucionaria.
O, alternativamente, el símbolo mítico de la humanidad divinizada.
Qué lerdos, sin embargo, esos lectores a quienes no intimida ese extraño personaje que cruza los páramos evangélicos como una borrasca nocturna.
El agitador crucificado se parece más al Pantocrátor bizantino que al dechado de asistencias sociales."

sábado, 23 de marzo de 2013

Solaris. Lem, Tarkovsky, Soderbergh.



La novela Solaris, de Stanislav Lem, acaba con un monólogo del protagonista en el cual, entre la perplejidad y la entrega a la fatalidad, nos comunica que sin tener esperanzas... vive de esperanzas, y ello junto al océano pensante del planeta Solaris que es un organismo susceptible de materializar los deseos ocultos de las personas.
El deseo oculto del protagonista era su mujer, muerta años atrás; muerta por suicidio.
Cuando él, al principio de la novela, va a la estación espacial en órbita junto a Solaris aparece ella de nuevo en su vida. Así, cabría pensar que el tormento del protagonista, en principio, debería desvanecerse, que su deseo máximo cumplido debería hacerle feliz. Pero no es así. La vuelta de la esposa se hace enseguida problemática. Su mujer ‘resucitada’ no es exactamente la mujer de antes, es más bien su deseo; ya no se trata de aquella persona independiente y libre que había conocido en vida, sino de una presencia real, exactamente ella, sí, pero ahora totalmente dependiente del pensamiento de él y de su inevitable sentimiento de culpa. Pronto, el deseo, sin desaparecer, se convierte también en un castigo. Y ella lo sabe, por eso decide eliminarse (otra vez).



Bien, esto es lo que aprovechó Tarkovsky para dar, según Slavoj Zizek, una lectura radical del subconsciente masculino en el final  de su célebre película homónima.
Tarkovsky obvia el final original del relato de Lem para mostrarnos una “comunión sagrada” -como  dice muy bien Zizek- entre el protagonista… y su padre.
Sí, el padre. No hay un encuentro definitivo de la pareja que se ama, no. En este final el personaje principal se ve de pronto ante la casa de su infancia en cuya puerta le está esperando el padre. Cuando llega ante él se arrodilla y le abraza.
La lectura de Zizek es que aquí la mujer representa en el subconsciente del hombre una idea culpable, el deseo más bajo y a la vez más potente de materialidad, de posesión inequívoca de algo. Está interpretado como un deseo impuro que imposibilita la felicidad del hombre.
Según esto, lo que haría el cineasta ruso sería liberar al hombre de esa carga de deseo y colocarlo en un estado de inocencia y de pureza que sólo la infancia puede ofrecer o que, al menos, el realizador busca en una representación ritualizada de la infancia:



Por su parte, Steven Soderbergh nos presenta un Solaris con un happy ending añadido, inspirado por el poema de Dylan Thomas Y la muerte no tendrá señorío: el protagonista se queda en Solaris y recupera lo que deseaba, su vida de antes, para siempre. Se trata de una especie de ‘más allá’ en el que los dos se encuentran ‘nuevos’ para darse el uno al otro en perpetua armonía. El triunfo del amor:



Tenemos, por tanto, tres finales diferentes:
El filosófico-especulativo de Lem.
El psicoanalítico-místico con resonancias bíblicas de Tarkovsky.
Y el optimista-soteriológico de Soderberg.

Como lectores de Lem nos quedamos insatisfechos y reflexivos, presos de una incierta melancolía.
Como espectadores de Tarkovsky nos quedamos atrapados en la intuición de una pureza perdida que no identificamos plenamente pero que nos interpela desde su poderoso símbolo.
Y como espectadores de Soderbergh entramos, tranquilizados y afirmativos, en el círculo circunscrito de los deseos cumplidos.

Lem delata un racionalismo católico.
Tarkovsky un ascetismo atormentado veterotestamentario.
Soderbergh una esperanza optimista americana.


jueves, 14 de marzo de 2013

La misa sixtina de Francisco I




Caramba, si no he oído mal, en la homilía ofrecida durante su primera misa en la Capilla Sixtina del Vaticano el nuevo papa ha hecho, sorprendentemente, referencia a un seglar: Léon Bloy.

L.B., nada menos. El planfetario gabacho arrebatado. Genial y enloquecido defensor de la fe católica allá donde estuviera. Alucinado martillo de herejes, de eclesiásticos tibios, de políticos de cualquier signo, de intelectuales, de modernos… de todo lo que no fuera misticismo y santidad en marcha, y, sobre todo, martillo pilón de ricos, a los cuales insultaba con furibunda impiedad y, hay que reconocerlo, no sin cierta gracia.

Aquí tenemos un ejemplo de esto último tomado de su célebre Diario:

*A propósito de una noticia con foto publicada en la prensa sobre una reunión de millonarios:

“(…) Es esto [se refiere a la pobreza en el mundo] lo que hace reír a estos espantosos animales cuyas caras de bastardos catetos no pueden tener más abyecta apariencia. Se siente uno desarmado y desanimado ante este desafío a la justicia, ante este increíble horror. Dios está demasiado lejos y se mantiene demasiado silencioso…”

*Por otra parte, su sorprendente capacidad visionaria en este fragmento de la misma obra:

“Obligados a refugiarnos en un café, somos víctimas de un fonógrafo que se opone a todo intento de conversación. Peste moderna que se ha convertido en universal. Preveo el día en que los predicadores serán reemplazados en el púlpito por estos instrumentos diabólicos. Me aseguran que esto ya se pone en práctica en América en ciertos templos.”

*Y, para acabar dejando un recuerdo más amable, una bella apreciación a raíz de una conversación sobre la muerte y la curiosidad del más allá:

“(…) Si uno fuese realmente profundo, se tendría la misma curiosidad en presencia del misterio de cada día. En realidad, lo que me sucederá mañana es tan oculto, tan grave como lo que me sucederá después de la muerte.”

¿Será este papa un admirador de Léon Bloy?

PD Si no he oído bien, que me perdone el papa y valga para lo que valga.

lunes, 11 de marzo de 2013

Democracia y demagogia. Aristóteles.


No vendría mal recordar lo que nos dice Aristóteles en su Política a propósito de los excesos de los poderes populares en las democracias -hoy, precisamente, que tanto pábulo demagógico interesado y sesgado se está dando, entre unas cosas y otras, a ese misterioso 'poder del pueblo'-  y sobre el peligro que representan como potenciales destructores de toda legalidad.  Ahí va la selección:

"(…) Una quinta especie (de democracia) tiene las mismas condiciones, pero traspasa la soberanía a la multitud, que reemplaza a la ley; porque entonces la decisión popular, no la ley, lo resuelve todo. Esto es debido a la influencia de los demagogos.
En efecto, en las democracias en que la ley gobierna, no hay demagogos. (…) Los demagogos sólo aparecen allí donde la ley ha perdido la soberanía. El pueblo entonces es un verdadero monarca, único, aunque compuesto por la mayoría, que reina, no individualmente, sino en cuerpo.  (…) Tan pronto como el pueblo es monarca, pretende obrar como tal, porque sacude el yugo de la ley y se hace déspota, y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido. Esta democracia es en su género lo que la tiranía es respecto del reinado.(…) Además, el demagogo y el adulador tienen una manifiesta semejanza. Ambos tienen un crédito ilimitado; el uno cerca del tirano, el otro cerca del pueblo corrompido. Los demagogos, para sustituir la soberanía de los derechos populares a la de las leyes, someten todos los negocios al pueblo, porque su propio poder no puede menos de sacar provecho de la soberanía del pueblo de quien ellos soberanamente disponen, gracias a la confianza que saben inspirarle. Por otra parte, todos los que creen tener motivo para quejarse de los magistrados, apelan al juicio exclusivo del pueblo; éste acoge de buen grado la reclamación, y todos los poderes legales quedan destruidos. Con razón puede decirse que esto constituye una deplorable demagogia, y que no es realmente una constitución; pues sólo hay constitución allí donde existe la soberanía de las leyes. Es preciso que la ley decida los negocios generales, como el magistrado decide los negocios particulares en la forma prescrita por la constitución (…)”


miércoles, 6 de marzo de 2013

Tradición contra Cultura. Santa María la Antigua.



La foto de la iglesia de Santa María la Antigua de Valladolid antes de su derribo y posterior reconstrucción (principios del s. XX) me ha recordado el carácter arquitectónico del palacio Donn Anna de Nápoles (ver entrada “Parténope”).

Lo bueno es que aquí sí tenemos lo que era y lo que, supuestamente, debía ser… o unos señores creían que debía ser en nombre de esa figura tan dudosa conocida como patrimonio artístico-cultural.

 En la foto vieja, lo que en principio podríamos calificar de chapucera funcionalidad provocada por las superposiciones y excrecencias se vuelve complejo organismo vital y revela una espontaneidad constructiva abierta a nuevas sorpresas. 

Tenemos, pues, la intrigante vivacidad de unas contradicciones arquitectónicas en acumulación…



… frente al frío purismo -preciso y correcto, desde luego- de una técnica reconstructiva historicista; una arquitectura tan bonita como muerta:


Tradición viva contra Cultura (con mayúsculas). Esa Cultura que mata de aburrimiento y no le sirve a nadie (excepto a las oficinas de turismo y a las listas patrimoniales de la Unesco) para nada.


martes, 5 de marzo de 2013

Gómezdaviliana (III)



Sobre sinceridad intelectual y honestidad:

"La autenticidad intelectual tiene por precio parecer impasible y egoísta." (Empezando por uno mismo. Añado.)

"Una vida intelectual veraz y austera nos rapa de las manos artes, letras, ciencias, para reducirnos a la escueta confrontación con el destino." (¿Por qué me hace pensar en la práctica del toreo? Añado)

"Nada tan mezquino como no confesar con cuántos superiores tropezamos. La desigualdad es experiencia del alma bien nacida." (Qué fastuosa última frase... Qué rigor ético transmite. Añado.)

sábado, 2 de marzo de 2013

De valses



Después de la época dorada sólo se han atrevido a escribir valses a lo grande (con resultados hasta cierto punto originales) compositores que tenían un talento especial para la melodía (Nielsen, Prokofiev, Ravel, Sibelius, Shostakovitch, Katchaturian…).

Los de éstos son valses en los que aquella satisfecha y alada ligereza danzante propia del vals clásico (la familia Strauss, etc.) se ha transmutado en una gravedad de sesgo trágico, quizás no siempre explícita, pero siempre presente aun como una potencia seminal amenazante.
El vals después de la gran época del Vals sobrelleva una carga funesta.
Tiene lugar un fabuloso cambio de humor. 
Extraordinario fenómeno este.
Es como si el inevitable 3/4 ya no fuera capaz de cantar la inocente alegría de vivir, sino únicamente la necesidad de un coraje heroico para vivir. El entorno dulce del mundo se vuelve cambio en dirección a lo cruel. 

Después de esa generación trágica apenas alguien se ha encarado todavía con el anacrónico baile. Los que lo han hecho sabían que nadie les iba a creer y que su empeño caería bajo el sello de lo grotesco. Por eso entreveraban el vals con otros ritmos de baile y, a menudo, con la broma circense. Estos últimos, los de la broma circense, han sido los más serios. Y entre ellos, en primer lugar, cómo no, nuestro apreciado Schnittke, sí, aquí de nuevo.

El Intermezzo de su “Payasos y niños”. Un vals en el que a partir del segundo ’25 se empieza a desplazar la caída de los tiempos de la melodía con respecto al compas 3/4 en una sensación de descontrol sólo corregida, aparentemente, por casualidad.

Schnittke nos dice que ya no hay vals alegre (clásico), y que tampoco hay vals trágico (posclásico), sino que sólo hay vals casual, perdido, enajenado e insustancial.
Sí, pero... ¡qué música tan obsesionante!