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Mostrando entradas con la etiqueta Arquitectura. Mostrar todas las entradas
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domingo, 2 de junio de 2019

Tiempo y arquitectura

Las condiciones de vida de la Edad Media eran durísimas en comparación con las nuestras, sin duda. Pero a nosotros la pérdida de la trascendencia y la sustitución de los dioses antiguos por otros seculares nos ha traído el monstruo de una arquitectura contemporánea sin tradición ni belleza en la que tienen que vivir y morir grandes masas de población.
Casi cualquier ruina medieval realizada por humildes artesanos anónimos inflige una humillante lección de dignidad estética a los habitáculos-colmena acaso premiados por el mundo académico. 





martes, 16 de abril de 2019

Luz eterna

Últimamente el diablo se está paseando por diversos templos católicos franceses. El último, Nuestra Señora de París.
Queden estas imágenes y esta música del s. XIII perteneciente a la escuela de la catedral parisina (la cuarta parte del organum Sederunt Principes del maestro Perotin en versión femenina) para dar testimonio de que el genio cristiano es una flor eterna e indestructible.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

San Nicolás



Hoy se celebra (se celebraba) la fiesta de San Nicolás. Nicolás de Licia, de Mira y de Bari, lugar adonde fueron trasladados sus restos después de la invasión musulmana de Mira. En Bari se creó el mito del “Maná de San Nicolás”, la mirra milagrosa que segregaba su cuerpo y que curaba a los enfermos. Una de sus más famosas leyendas es que resucitó a tres niños asesinados y enterrados en sal.
Pero Nicolás es más conocido como el patrón de los niños por su caridad con ellos. Y reconocido como el obispo que hacía regalos a los pequeños. Por ello, en algunos países con tradición protestante San Nicolás fue convertido en el mago del norte Santa Claus, el viejo bonachón que reparte juguetes entre los inocentes, y también en el símbolo de potentes empresas como Coca-Cola. El genio protestante, que convierte la poética católica en materia explotable y contable en Bolsa.
Se cuenta que Felipe II, el dueño del Orbe, celebraba, excepcionalmente  este día, grandes fiestas con regalos en honor a San Nicolás.
En la Iglesia de San Nicolás de los Servitas de Madrid, la más antigua de la capital, se enterró al más grande arquitecto del Renacimiento, Juan de Herrera, genio que unió su vida a la de Felipe II y del que se dice asistía disfrazado de forma extravagante a las extrañas fiestas regias del 6 de diciembre. Aunque esto no está confirmado. 

miércoles, 12 de abril de 2017

Vista herreriana



Desde el salón de mi nuevo piso veo, además de unos hermosos árboles de monte, la perpendicular fachada de un edificio en rehabilitación de inspiración herreriana. Armonía, ritmo, ortogonalidad... Orden. Difícil en una ciudad eminentemente modernista y fashion. Una ciudad, pues, tendente al capricho personal, lo decorativo, el kitsch y la inconsistencia. Pero no del todo, no del todo. Menos mal.

sábado, 4 de junio de 2016

Juan de Herrera (I)



En ninguna construcción arquitectónica admiro más el espíritu puritano que en esta fachada del Patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial, de Juan de Herrera. Sus virtudes vitruvianas –claridad, solidez, necesidad- son llevadas a un límite que coincide con la descripción un tanto despectiva pero hermosa de “silogismo en piedra” que hiciera uno de sus primeros biógrafos.
Estos alzados son la piel de unas estancias interiores en los que el espacio se hace número, geometría, cálculo preciso, conjunto; siempre al servicio de la habitabilidad y del particular sentido de estar en el mundo de sus moradores.
“Nobleza sin arrogancia, majestad sin ostentación”, escribió el mismo Juan de Herrera.

Es ésta una de esas obras que refleja ecos de lo eterno. Una parte de algo que ha existido siempre y que estará siempre en el mundo.

domingo, 25 de agosto de 2013

En San Vicente de Labuerda




Uno de los placeres más grandes de dejarse perder, no como turista ‘enterao’, sino como caminante libre, por los andurriales de montaña de nuestro país es toparse con obras tan deslumbrantes como el retablo pictórico de la ermita oscense de San Vicente de Labuerda.

San Vicente es un sobrio edificio románico al que se accede primero a través de un conjuradero (o ‘esconjuradero’, como dicen algunos en Aragón) y luego por un humilde y delicado cementerio.

Cuando el guardés del lugar te enciende las luces aparece el retablo al fondo, en el ábside, tal que un milagro celeste. Estallido de colores puros y brillos de pan de oro en figuras de un gótico afilado, franco, de líneas clarísimas y composiciones sólidas, pero también con veleidades figurativas y fantasías propias del Norte. Se atribuye a la escuela de Juan de la Abadía el Viejo. Gótico hispano-flamenco aragonés.
La pieza se escondió en un granero durante siglos. Al parecer, el trabajo de restauración fue fácil; una mano de limpieza y poco más. Así es la calidad.

En ningún lugar puede resultar tan digno el lujo artístico como en una sencilla y montaraz iglesia románica.

Gracias Ana por convencer siempre al San Pedro local para que nos abra la puerta.

jueves, 18 de julio de 2013

INC, Regiones Devastadas. Vegaviana.

Durante un periodo de poco más de veinticinco años el Instituto Nacional de Colonización (INC, organismo del Ministerio de Agricultura) se dedicó a la extensión y promoción de la agricultura y ganadería mediante la creación de pueblos de nueva planta en zonas que se iban a ver beneficiadas por grandes proyectos de regadío.

Se construyeron más de trescientos pueblos. Se realizaron diseños de otros que se quedaron en el plano.
La mayoría de aquellos pueblos sigue en pie. Algunos aguantando un declive forzado por las delirantes políticas agrícolas de aquí y de allá, otros combinando sus antiguas labores con otras diversas y viendo crecer su población.
Muchos de ellos fueron y siguen siendo prósperos, e imagino que intentarán continuar con el espíritu comunitario que se estableció en un principio entre los que emprendieron aquella ‘aventura’ (colonos, peones, ingenieros -entre ellos, mi padre-, madres y amas de casa -entre ellas, mi madre-, administradores, maestros, mecánicos, comerciantes, médicos, curas, etc… Excepto por los curas, la experiencia interesó mucho a ciertos observadores del bloque socialista que no fueron apoyados por el establishment soviético.)

Podríamos presentar algunos de esos pueblos como símbolos de una ejemplaridad estética y ética perdida. Uno de ellos es Vegaviana, situado al noroeste de la provincia de Cáceres. Fue, principalmente, obra del arquitecto J.L. Fernández del Amo, que trabajó para la Dirección General de Regiones Devastadas y para el INC.

Vegaviana es un ejemplo de cómo un conjunto arquitectónico bello en sí mismo puede ser, a la vez, un binomio de atención hacia el entorno natural y hacia el hombre.
El conocimiento de la tradición constructiva popular, el buen gusto sin alardes del diseño moderno de buena ley y la especial sensibilidad hacia la particular austeridad vital de las familias trabajadoras de la tierra que tuvo Fernández del Amo consiguieron la maravilla de un pueblo nuevo de carácter preciso y ejemplar autenticidad rural.

Franqueza rítmica, orden y sentido espacial; noble practicidad; discreción, honradez y respeto… es lo que transmiten estas fotos:












Sin embargo, ¡ay!, qué decir de estas otras fotos de chaletones llamados de ‘lujo’ para nuevos ricos que han destrozado tantos y tantos pueblos (a veces, la libertad individual sólo sirve para perpetrar horrores): 








miércoles, 6 de marzo de 2013

Tradición contra Cultura. Santa María la Antigua.



La foto de la iglesia de Santa María la Antigua de Valladolid antes de su derribo y posterior reconstrucción (principios del s. XX) me ha recordado el carácter arquitectónico del palacio Donn Anna de Nápoles (ver entrada “Parténope”).

Lo bueno es que aquí sí tenemos lo que era y lo que, supuestamente, debía ser… o unos señores creían que debía ser en nombre de esa figura tan dudosa conocida como patrimonio artístico-cultural.

 En la foto vieja, lo que en principio podríamos calificar de chapucera funcionalidad provocada por las superposiciones y excrecencias se vuelve complejo organismo vital y revela una espontaneidad constructiva abierta a nuevas sorpresas. 

Tenemos, pues, la intrigante vivacidad de unas contradicciones arquitectónicas en acumulación…



… frente al frío purismo -preciso y correcto, desde luego- de una técnica reconstructiva historicista; una arquitectura tan bonita como muerta:


Tradición viva contra Cultura (con mayúsculas). Esa Cultura que mata de aburrimiento y no le sirve a nadie (excepto a las oficinas de turismo y a las listas patrimoniales de la Unesco) para nada.


viernes, 8 de febrero de 2013

Parténope






El palacio Donn Anna y el cementerio delle Fontanelle. Sólo estos dos lugares (como podrían ser otros mil más) nos muestran la singularidad de la vieja Parténope, luego Neópolis, luego Nápoles.

Nápoles. La gran ciudad más vieja de Europa. La más mimada y admirada; la más machacada, destruida y humillada. La ciudad mefítica, la más mortal. Ciudad dejada, abandonada y descuidada. Y la ciudad más bella, refinada, observada y deseada. La ciudad más vital de Europa (vital de vida de los hombres, no del dinero).
La ciudad que más cicatrices conserva de todas las épocas, desde el mundo arcaico hasta hoy. Polis refractaria a todas las modernidades que se instalan, extrañas, en ella. La ciudad de todos los vicios y castigos. La ciudad memoriosa. La ciudad de los cultos ancestrales. Cultísima por vocación, brutal por fatalidad.
Corte, prostíbulo, laberinto y sueño. Luz, catacumba, cielo y misterio. Perdición de hombres y envidia de dioses. 

El susodicho palacio representa en su compleja y recosida piel el paso de la vida de los hombres, con sus gustos, sus vanidades, sus carencias, excesos y miserias. Sus necesidades. Toda una huella impúdica en su destino de esplendor y dejadez. Pasiones que petrifica el tiempo. Siempre lleno su interior de vida: vivienda de aristócratas, salón de decadentes, piso de familia, refugio de amantes, claustro de suicidas, paraíso de anacoretas, lujo que ambiciona el diseño moderno...

El cementerio, excavado en la roca en inmensos espacios como templo pagano simboliza toda la vida de la muerte de Nápoles. Está lleno de calaveras anónimas. Miles, millones. Los napolitanos adoptan los cráneos como gesto propiciatorio. Los limpian y pulen. Viven con los muertos. La superficie y el subsuelo de Nápoles en unión íntima. Los pobres muertos de Nápoles y los pobres vivos de Nápoles.

Curzio Malaparte, un gran enfermo de Nápoles, escribió en su libro La piel (La pelle), en un pasaje en el que habla con un satisfecho oficial norteamericano durante la II Guerra Mundial:

"(...) Nápoles es la ciudad más misteriosa de Europa, es la única ciudad del mundo antiguo que no ha perecido como Ilión, como Nínive, como Babilonia. Es la única ciudad del mundo que no se ha sumergido en el cruel naufragio de la civilización antigua. Nápoles es una Pompeya que no ha sido sepultada. No es una ciudad, es un mundo. El mundo antiguo, precristiano, conservado intacto en la superficie de un mundo moderno. No podíais escoger un lugar más peligroso que Nápoles para desembarcar en Europa. Vuestros carros blindados corren el peligro de hundirse en el cieno negro de la antigüedad como en arenas movedizas. Si hubieseis desembarcado en Bélgica, en Holanda, en Dinamarca o en la misma Francia, vuestro espíritu científico, vuestra técnica, vuestra inmensa riqueza de medios materiales os habría dado la victoria, no sólo sobre los alemanes, sino sobre el mismo espíritu europeo, sobre esa otra Europa de la cual Nápoles es la misteriosa imagen, el desnudo espectro.
Pero aquí, en Nápoles, vuestros carros blindados, vuestros cañones, vuestros automóviles hacen sonreír. Chatarra. (...) No podéis comprender Nápoles, no lo comprenderéis nunca." 

domingo, 27 de enero de 2013

Soledades, ermitas.



















Toda construcción románica transmite una sensación de austera dignidad; es testimonio de carácter cabal, manifestación de respeto tanto de lo divino como de lo humano. 

Pero acaso pocos edificios románicos nos transmiten una emoción tan pura como las sencillas ermitas, iglesias y monasterios que encontramos a lo largo y ancho de los campos de las Castillas, allá donde un cielo azul cargado de retablos de nubes se junta con una tierra alta y llana; una tierra aventada, seca y solitaria. Tierra de cereal y hueso.

Es difícil encontrar en el mundo una arquitectura más cercana y parca, y a la vez más utópica. El paisaje contribuye y conspira a ello. 
No hay armonía posible más elemental del hombre con la tierra. No hay sentido más próximo del cielo. Porque estos edificios están hechos para esa luz afilada y purísima, y para ese cielo inmenso, pero a la vez se acogen al suelo como un humilde y contundente accidente geológico.

El viajero que se acerca a ellos a veces los confunde con ruinas, y la mayoría son lugares vacíos donde nunca va nadie. Sin embargo, rara vez se siente ante ellos sensación de abandono. Sí de soledad y silencio. Soledades y silencios inmensos que atraviesan el tiempo y que potencian un permanente pálpito de serena súplica. 

Estos edificios mantienen una sobrecogedora soledad como vínculo inviolable con su pasado. Agradecimiento y recuerdo suplen la falta de agitación vital... afortunadamente para el viajero que se acerca cansado, que respeta y admira.