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sábado, 29 de agosto de 2020

"Vida en sombras"


Ayer vi la película 
Vida en sombras, obra única de 1948 del sabadellense Llorenç Llobet Gràcia con guión de él mismo y de Victorio Aguado. Después de algunas peripecias y dificultades el largometraje se estrenó en Madrid 1953, pero cayó inmediatamente en el olvido. Muchos años más tarde el crítico Ferran Alberich lo recuperó y lo estrenó en 1970 en un cineclub de Sabadell. Posteriormente, se ha beneficiado de algunas restauraciones muy necesarias dado su estado original.

Esta película especial es una joya secreta de la filmografía española llena de recursos imaginativos y capacidad de emoción. Modernísima para su época en su arrebatado homenaje al cine y a la vida, y sorprendente en la entrega de la pareja protagonista, Fernando Fernan Gómez y María Dolores Pradera (matrimonio real en ese momento, por cierto). Por otra parte, bellísima como la que más en el mundo del cine la actriz Isabel de Pomés.

Pero voy a dejar hablar diez minutos a los contertulios del viejo programa de Garci Qué grande es el cine español porque le hacen el homenaje merecido al filme. Atención a Guillermo Cabrera Infante:



domingo, 16 de agosto de 2020

Caza de clases


Podríamos considerar la película La Caza ("The Hunt", 2020) de Craig Zobel como una brillante obra más dentro del género hobbesiano ‘caza humana’. Y lo es. Pero sobre todo es interesante y divertida por lo que tiene de manifiesto tipo ‘redneck’, cada vez más en boga en EE.UU. 

Aquí los malos son un grupo de educados y sensibles progresistas wasp que se supone comen sano, cuidan el planeta, visten con gusto, desprecian a los de la asociación del rifle y quieren un mundo mejor… y se confabulan, bajo el liderazgo de una pijísima Hilary Swank, para matar en una partida de caza a individuos escogidos entre lo más ‘bajo’ de la sociedad yankee, esos llamados redneck; los que hablan mal, visten peor, no tienen dinero y son, en fin, lo contrario a la sofisticación liberal con estudios… (resulta que entre las víctimas hay una inteligente ex-marine de aúpa escogida por error que irá poniendo a los cazadores en su lugar uno a uno [espectacular Betty Gilpin]).

El largometraje, preciso y brillante en lo formal, es violento, sarcástico y también contradictorio con la broma sobre la estupidez de lo políticamente correcto y su caricatura descontrolada, y es esto, sobre todo, lo que lo eleva al nivel de lo original y de momento único entre sus hermanos de género. 

La película (comercial) más entretenida de este verano.  

jueves, 18 de junio de 2020

A la belleza triste



Oda triunfal a la muerte de Marilyn Monroe (Agustín García Calvo)

“(…) Oh de todos
amada de los pobres
del alma. Que nadie fue
tan sabia como tú (…)
ibas de quedo tú,
sacudías las pálidas hojas,
y allí y de allí murciélagos de azafrán
o rosa al cielo iban cayendo; y tú
te quedabas mirando pasmada,

como niño solo
a quien las olas sordas
echaron alguna vez
sobre una playa (…)

“¿Quién soy?” pregunta; el guardia
consulta su libro azul
y le responde “tu tristeza” (…)

Por eso fuiste como el mármol,
Oh Marilín, verdadera y blanca (…)

Y el brazo alza, y cisnes en bando van;
Y quieta ella en oro y marfil está. (…)

Que entre los ollares
De su nariz el aire
Rebulle como un panal
De abejas, y levanta el pecho
Manso trigal a compás del sueño,

Y descuidada posa, como un lebrel
Cansado de la caza, la mano al par
Del ombligo florido de jara. (…)

Los pobres! Ellos, oh Marilín, a ti
Te vieron rica, como la rosa, el mar
Que no sabe su propia riqueza (…)

Vender! Apenas si adivinabas tú
Vender lo que era: hicieron tu carne mil
Milmillones de trozos pequeños,
Que por la tierra echaron a repartir
A la jauría hambrienta de todo amor
De los perros del Amo tiñosos (…)

Luchaste brava niña, luchaste bien:
Más veces en la fofa carnaza y más
El acero le hincaste (…)

Luchaste bien, y derrotada
Fuiste, como es natural, y muerta. (…)

Y ésa fue tu gloria:
Porque las otras hembras
Del hombre, del dulce hogar
Cautivas o bieneducadas
Hijas que van a caza por bailes,

Por oficinas, bares y cines, un
Futuro que les dé la felicidad,
Ésas todas el nombre de puta

Las amancilla, las anonada: tú
Hiciste rebotar la palabra: tú
La tornaste en insulto del mundo,

Y del nombre hiciste
De puta tu corona,
Tu nimbo de santidad.
Riente ya desde las nubes,
Oh Marilín, a mi rezo torna

La tierna oreja: escucha, señora, a nos
Los desterrados hijos de madre, a nos
Condenados al miedo y el tiempo (…)

A ti te rezamos: tú
María del Olvido, concédenos
El milagro de no haber pecado.

Vuelve a nos tus ojos 
Perdidos! Esos ojos
Abájalos, niña! No
Nos los escondas! De tus párpados
Vuelo de tórtolas se levanta.”

viernes, 5 de junio de 2020

El hombre que nunca estuvo allí

El hombre que nunca estuvo allí (The man who wasn't there) es una hermosa obra de arte sin contenido, una pura forma cinematográfica hecha a partir de un guión-pretexto que no importa a nadie porque está elaborado premeditadamente a retazos con algunos lugares comunes de la gran pantalla. Pero todos los amantes del cine han de sentir una gran conmoción al adentrarse en esta película. Porque aparenta el sueño de la existencia colectiva en un blanco y negro tan diáfano y bello como un grabado renacentista. Porque es la apoteosis de la lentitud de un hombre que somos todos nosotros cuando el mundo se para y sólo sentimos como verdad el paso del tiempo y la futilidad de las relaciones humanas. Y el humo de los cigarrillos atravesado por la luz. Pero también, claro, está Beethoven. Con su música, la contemplación de la nada se hace profunda y emocionante. Carter Burwell, el músico de los Cohen, pone el lirismo moderno (en este vídeo).
La vulgaridad, el error y la insustancialidad de la vida pueden ser muy bellos si se representan con elegancia. Sin pretensiones filosóficas. Sin discursos. Sin apenas nada. 
La condición es tomar un tiempo y lugar, y un tipo concreto, un rostro. No correr. No mover. Amar las cosas iluminadas por el sol y la profunda negrura justo más allá. Y, sobre todo, que sea ficción; porque... la realidad, ¿quién la soporta?


sábado, 30 de mayo de 2020

El mito de la Cultura. "El tren".

La magnífica película El Tren, de John Frankenheimer, puede ilustrar el concepto del mito de la Cultura proveniente del materialismo filosófico. Su cara más siniestra.
En esta escena final, el oficial nazi que, con la guerra casi perdida, ha querido a toda costa llevarse una selección de pinturas contemporáneas de algunos museos de París, expresa a su adversario (un ferroviario francés que desesperadamente ha saboteado el tren del arte desde el primer momento) lo que significa estar investido por la gracia de la Cultura, sustituta en el mundo moderno de la vieja gracia divina. El alemán, desde su discurso, es un hombre que se sitúa por encima del resto. Se considera un hombre culto, un hombre superior, frente al “bruto”, un hombre inferior, que tiene delante.  Al fondo hay una montaña de personas recién ejecutadas, sin más, por el oficial en retirada. Ellos no cuentan, cuenta la “Cultura”. 
Como es lógico, el ferroviario, hombre de bien, no puede hacer más que exterminarlo.
Quizás sin pretenderlo Frankenheimer simboliza en el nazi el espíritu idealista alemán. No sabemos si el cineasta era consciente de que fue básicamente la cultura del idealismo alemán y su nacionalismo la que secularizó el concepto de la Gracia divina y lo aplicó a su pueblo con el Volkgeist, el espíritu del pueblo, de ‘un’ pueblo. Un espíritu que sopló al final para arrasar un continente entero y causar 60 millones de muertes.
Recordemos una vez más la famosa frase de Epicuro:
“Toma tu barco, hombre feliz, y huye a vela desplegada de toda forma de cultura.”
(La película sigue joven y se sigue disfrutando como siempre.)


sábado, 7 de marzo de 2020

Craig Zahler (revisado)






Muy de vez en cuando el cine de pura diversión nos ofrece perlas que pasan automáticamente a nuestra lista personal de clásicos. 
Hay un director en Estados Unidos llamado Craig Zahler que en poco tiempo ha dirigido tres largas muy largas películas que rondan la maestría dentro del cine de entretenimiento. O sea, el gran cine. Un thriller policial (Dragged across concrete, ‘Arrastrado por el asfalto’), un western de terror (Bone tomahawk, ‘Hacha de hueso’) y una tragedia carcelaria (Brawl in the cell Block 99, 'Pelea en la celda del bloque 99’). Si este señor no dirige nada más, esas tres obras permanecerán como una extraña trilogía de culto hasta el final de los tiempos, amén.
Los tres largometrajes muestran estilo de gran cineasta desde las primeras escenas. Los amantes del buen cine quedarán enganchados automáticamente. Hay momentos lentos (inusuales en cintas de esta naturaleza), pero nunca momentos muertos. Largos preludios estáticos llenos de tensión en virtud de concentrar la atención narrando lo esencial. Hay mucho trabajo de actor (maravilloso Vince Vaughn en dos de ellas, y muy bien Mel Gibson y Kurt Russell, entre otros). Y todos sus planos están cuidados en cada detalle objetual, color y destello de luz. 
Pero es que asimismo está su excitante fusión de géneros. El western evoluciona del clásico viaje de rescate y castigo a un gore de terror antropófago. El thriller policial va del conflicto social con dilema ético-profesional a una de atracos con sadismo pulp.  Y la tragedia carcelaria (la más impactante del trío) empieza con el drama doméstico de una pareja, pasa por el ambiente de traficantes, se instala en el tópico de prisiones y cae en un gótico claustrofóbico de violencia suprema. Cine, cine, cine.
A pesar de sus extravagancias, estas obras responden perfectamente a algunas de las condiciones aristotélicas referidas a la tragedia. Unidad, desarrollo, tiempo, espacio, carácter… Todo magníficamente engranado. Los guiones de Zahler, además, se ponen de parte de la realidad del mundo al construir tipos ambiguos, turbios y decantados hacia la violencia y el mal por una decisión equivocada, un golpe de mala suerte o por la inexorable fatalidad de la vida que se recrea destruyendo la existencia de individuos sin estrella. Son desagradables. Pero impresionan. Gente cuyos códigos morales pertenecen a otros tiempos, y gente que habla como el oráculo del fracaso. Ni héroes ni villanos. Hombres y mujeres confusos y desesperados que van a por todas. 
Lástima que estas pelis no se estrenen en los cines de nuestro país. ¡Qué gran cine de entretenimiento que esconde un ‘pequeño’ cine de arte y ensayo! 

sábado, 20 de julio de 2019

"Le feu follet" (II)

En junio de 2013 escribí el post siguiente:

-En 1931 Pierre Drieu la Rochelle publicó El fuego fatuo (Le feu follet), un libro sobre drogas y suicidio. Una novela sobre la tragedia de cuando la vida se nos pone del revés sin aparentes motivos.
Es una obra aristocrática, breve, seca. E hiriente como un escalpelo envenenado.

La brillantez del autor nos asalta en cada página con frases cuya austera elegancia formal sólo es superada por una lúcida y destructiva visión de la existencia que nos muerde el alma sin piedad y nos deja a la intemperie como únicamente las grandes obras saben hacerlo. 

El protagonista, al fin (esta obra es toda ella una radiografía del fin), es una máquina de despojamiento de lo que creyó que podría tener algún día y nunca tuvo. Todo aquello que postergó para el futuro se le muere repentinamente entre las manos cuando ya es tarde para vivirlo… Entonces su capacidad de acción se convierte sólo en capacidad de destrucción. Definitiva, total.

La droga ha sido para él, como para todos los que acuden a ella, el más eficaz medio de aislarse de la realidad, el medio de mantener inmóvil e inmune la ilusión de la juventud y el estado flotante de una vida sin caminos definitivos. Pero también ha sido la vía que le ha revelado, sincera y despiadada, la falta de amor sin remisión posible. Hay un momento en que Alain, el protagonista, reflexiona hacia sí mismo mientras se pincha el brazo… “(…) me mato porque no me habéis querido, porque yo no os he querido. Me mato para apretar nuestros lazos. Dejaré en vosotros una marca indeleble. Sé muy bien que se vive mejor muerto que vivo en la memoria de los amigos (…)”

Sin embargo, Alain, no actúa como una figura patética. A nadie molesta en la irrenunciable deriva de su larga despedida. La Rochelle escribe con aceleración pero magistralmente sobre el paso de la energía vital al morbo letal del personaje y la conciencia terrible que él tiene de eso, por ello: “(…) permanecía inmóvil, frágil, temiendo esbozar el menor ademán porque sabía que tal ademán sería su sentencia de muerte”. 

El estado que transmite esta última frase es el que recoge, creo yo, el espléndido Maurice Ronet  en la película homónima del director Louis Malle. Toda la película, muy fiel a la novela, se sustenta en el rostro de Ronet. Un rostro que debe transmitir todo el esplendor del pasado, todo el derrumbamiento del presente y toda la perplejidad emocional que supone no poder evitar entregarse a la muerte. Maurice Ronet lo consigue con una economía expresiva increíble, apenas con una imperceptible inquietud, con una mirada frágil y anhelante...
Esta escena muda muestra cómo el protagonista percibe cada detalle de su entorno como una herida puesto que ya nada puede vivir en él con normalidad, ya todo está infectado de muerte bajo su mirada a pesar de que la realidad aún le presenta sus dádivas.-

Pues bien, ahora dejo aquí toda la película (en versión original francesa, pero con subtítulos en inglés). La virtud de su director, Louis Malle, es intentar contar lo que cuenta sin juicio moral añadido ni mensaje final. El juicio que lo ponga cada espectador, si quiere. Una de las mejores películas que he visto nunca del cine francés:






lunes, 8 de julio de 2019

"Good Sam"


Es una sensación interesante volver a la comedia americana clásica y comprobar que no sólo el tiempo no hace apenas mella en ella, sino que está mucho más viva que toda la comedia actual.
Good Sam, título considerado menor en la producción de Leo MacCarey, una película que trata el arquetipo evangélico del buen samaritano, es, ya desde los primeros minutos, una primorosa maquinaria de guión y dirección de unos actores de competencia y convicción absoluta, desde los niños al matrimonio protagonista pasando por unos secundarios que aparecen en delirantes episodios circunstanciales, en los que la película desprende algunos de sus mejores brillos cómicos.
Por la importancia del asunto se diría que el protagonismo se lo tiene que llevar el bueno de Sam (Gary Cooper); pero no, él será el desencadenante de una situación progresivamente grave cuyo peso sicológico recaerá sobre su esposa, una Ann Sheridan que enseña con maestría pocas veces vista cómo se puede reír de verdad, con una risa absolutamente contagiosa, a la vez que va cayendo en un proceso de desesperación del cual no hay salida. El bordado de gestos, contragestos, miradas, insinuaciones y comentarios de todos los personajes es un trabajo tan admirable que parece hecho sólo en momentos de especial inspiración. Pero más allá de la genialidad de los actores y especialmente de la maravillosa Sheridan, la vara firme de MacCarey está sin duda detrás marcando cada paso y encajando el conjunto.
Good Sam es, evidente, una de esas comedias con calado ideológico que se mira en el espejo de Qué bello es vivir (It’s a wondelful life) y a contrapelo de ella nos dice que no es conveniente hacer el bien sin mirar a quién porque no todo el mundo es bueno o de fiar y te pueden fastidiar la vida, que es lo que intenta hacerle entender la Sheridan a Cooper. Dando medio paso más, también se puede ver en clave de Guerra Fría e interpretar como una parábola anti-igualitarista y anticomunista en la que los capaces son igualados por abajo por los torpes y menesterosos, los cuales no dudan en abusar de la bondad de los buenos.
Aunque no importa; más allá de mensajes y lecturas, Good Sam se disfruta como una expresión a la vez amorosa e hilarante sobre la clase media provinciana estadounidense. Y es que el sustrato ideológico de este tipo de películas se diría más bien un pretexto de partida para conseguir divertir al personal de forma inteligente, un poco malévola y siempre elegante.


miércoles, 3 de julio de 2019

Noblezas

Va venga, estamos jodidos, sí… inauguremos el verano con cine. 
Escena final de El último mohicano. 
Nobleza, sacrificio y música (celta, sí; por una vez no pasa nada) de Trevor Jones. 
Contravalores para nuestro tiempo de mezquindad, cobardía y efectismo sonoro.


domingo, 30 de junio de 2019

Brideshead y el alcohol



Creo que la razón que hace de la novela y su serie Retorno a Brideshead algo especial, emocionante y cercano, a pesar del estiramiento y afectación de sus británicos protagonistas casi arquetípicos, es la generosidad nunca escatimada en palabras o en imágenes de su afición al alcohol en forma de vinos, champañas, licores, jereces, oportos, aguardientes, etc. 
No recuerdo ninguna obra de ficción en que la razón de ser de una amistad y su alegría esté tan sinceramente expresada mediante el alcohol, eje vertebral de unas vidas jóvenes, brillantes y prometedoras, que se irán modelando con y por el vino y cuya futura promesa de maduración (una) y tragedia (la otra) se adivina tempranamente en su relación con el alcohol, tal como revela premonitoria una de las mujeres más inteligentes (y discretas, of course) de la obra. 
Si hay un elemento que dé apariencia interesante de existencia real a esas figuras de ficción, es el alcohol. Gozosamente.
Esto lo entenderán todos los santos bebedores de este mundo. La alegría del vino. La tragedia del vino. La verdad. La vida.
Escuchen la música de Geoffrey Burgon titulada Sebastian contra el mundo. Oigan cómo la dulzura despreocupada e indolente del vino esconde al final una disonancia irreversible.

viernes, 29 de marzo de 2019

"Hostiles"



Pocos géneros cinematográficos como el western para aunar belleza y fatalidad: 
Hostiles (de Scott Cooper; con Christian Bale y Rosamund Pike) está tallada a lo clásico y lo consigue con maestría. 
Western grande a base de rostros en primer plano y paisajes infinitos. 
Una tragedia griega en imágenes. 
Esa mujer.
Hacía tiempo que no veía un final tan bello. Puro cine. Como el de antes.

jueves, 18 de octubre de 2018

“It’s too bad she won’t live. But then again who does?”, otra vez.



“It’s too bad she won’t live. But then again who does?”

Ver la película Blade Runner 2049 es como volver a una casa en ruinas. Una casa que fuera habitada por uno mismo en una apasionada juventud. 
Blade Runner 2049 no es tal vez una gran película, pero hay tal implicación con la obra maestra del año 82 que el efecto emocional es inevitable. Personajes, ambientes y música. Todo mezclado. 
Deckard viejo. Rachel, un recuerdo... una imagen. El nuevo Blade Runner que debe morir bajo la nieve lenta. La banda sonora dramatizada a puro de adensarla y exagerarla pero sin perder del todo aquel clímax original.
Toda una experiencia… el paso del tiempo… vivir con miedo, y ya sin esperanza. Inmensa melancolía. (Reconozcamos que el último minuto es una pobre concesión al optimismo made in jolibud.)

“Lástima que ella no pueda vivir… Pero, al cabo… ¿quién vive?” …






jueves, 5 de julio de 2018

Muere Lanzmann pero no su "Shoah"

Ha muerto Claude Lanzmann a os 92 años.  De entre todas sus obras está y estará Shoah. El documental de casi 9 horas con testimonios verbales directos de supervivientes y familiares y testigos; incluso uno de los verdugos. De este documental ya hemos hablado aquí alguna vez.
Shoah se debería pasar en todos los institutos y universidades. Hay que verlo.
Previamente al exterminio se empieza inyectando ideología colectiva. Simple, elemental, directa. Un enemigo, un Mal ficticio, será el catalizador de esa energía ideológica. Luego hay un proceso de deshumanización de ese enemigo, que ya más que un enemigo es una enfermedad. Se convence de la necesidad de su extirpación. De ahí a la Shoah y lo que cuentan los testimonios de la película Shoah sólo hay un trabajo de organización de una industria de muerte dotada del mayor grado de tecnificación y eficacia. 
Pero no olvidemos: antes de esto está la labor de fanatización identitaria de una sociedad y su sensibilización negativa contra otra parte de esa sociedad.
Es necesario ver Shoah. Siempre, pero ahora especialmente más.  Los más jóvenes. Ved Shoah. Está en Internet. Se encuentra en CD (y es barata). 
Aquí Gabriel Albiac dando alguna clave sobre el exterminio nazi y Shoah:


sábado, 3 de febrero de 2018

"La Peste." Esa ignorancia.



Estoy muy cansado de que individuos, grupos, profesionales, guionistas, escritores, gente del espectáculo (podríamos añadir profesores), etc., de enorme proyección mediática se pasen por el forro el más mínimo conocimiento de la historia. 
La inteligente Mª Elvira Roca Barea pone en su sitio a los lerdos que producen, desde el prejuicio y la ignorancia, hiperpublicitadas series millonarias:

"La peste es la ignorancia. Eso es lo que verdaderamente acabará con el hombre». Sólo por esta frase merece la pena ver la serie. Cuesta trabajo encontrar ejemplo más acabado de profecía autocumplida.
Hay que comenzar haciendo caso omiso a detalles de atrezzo que se clavan como aguijones, verbigracia, esas velas rojas. Nada menos que rojas, con lo caro que era teñir la cera. Se ve que había rebajas en el Todo a un euro (antiguo Todo a cien; conviene aclararlo para los que tengan poco sentido de la Historia) de la esquina. Hay luces encendidas por todas partes y a todas horas, incluso de día. En el cap. 4, en casa de una muchacha tan pobre que decide prostituirse, hay más de seis al mismo tiempo, con el sol entrando a raudales por la ventana. Y lo mismo en el hospital. Que lo único que les faltaba a los pobres religiosos que sustentaban los hospitales con limosnas era gastarse el dinero en velas para tenerlas encendidas de día. Esto ya no es mayor o menor conocimiento de la Historia. Es puro sentido común. 
Cuando afronta el cap. 2 el espectador avisado ha comprendido ya que estamos todos: el irremediable cura que maneja en las sombras toda la trama (¿saben los creadores de la serie de dónde viene este personaje y que lo han heredado?), el oro como única obsesión de los españoles en el Nuevo Mundo, la incapacidad nacional para la industria y los negocios... Esto, claro está, viene aderezado a la posmoderna con su sexo, su gay, su poquito de género y su canesú. En la fábrica de añil escuchamos lo que requiere la puesta en escena de esta Sevilla roñosa y repugnante: «Se exporta a Flandes. Debe ser de las pocas fábricas sevillanas que exporta algo». Pero resulta que se exportaban muchas manufacturas locales desde ese puerto: loza, paños, libros, vino, sal... y hasta sofisticados productos farmacéuticos trasatlánticos como la quinina, que era el no va más de la medicina de la época. Cualquier profesor de historia de instituto de Sevilla hubiera podido informar a los autores, que probablemente no sabían que necesitaban ser informados. Porque como muy bien señalan: «La peste es la ignorancia. Eso es lo que verdaderamente acabará con el hombre».
Los vericuetos teológicos del cap. 3 son para asustar. Naturalmente el protagonista vive perseguido porque es el impresor que alumbró la famosa Biblia del Oso y estuvo relacionado con un grupo protestante local: «casi todos tuvieron tiempo para escapar a Ginebra, yo no». Pues no le arriendo la ganancia, porque si hubiera podido, como pudo Servet, ir a buscar refugio en los faldones del calvinismo, le hubiera ido bastante mal. Primeramente le hubiera sido imposible ir a emborracharse en los mesones, cosa a la que es muy aficionado. Estaba el alcohol muy prohibido en Ginebra. Tanto que tuvieron que cerrar todas las tabernas. Pero en el caso de que lo hubiera conseguido y proclamado alegremente a gritos, como hace el protagonista, que «Dios está en todas partes... en las frutas, en los pechos de las mujeres (...), en las música y los órganos (...). Todo es Dios», los diáconos de Calvino lo hubieran quemado varias veces. La primera por borracho. La segunda porque la música (y hasta el toque de campanas) estaba prohibida en Ginebra, y la tercera por panteísta. Confundir a Dios con sus criaturas es creencia intolerable en la Cristiandad oriental y occidental, entre católicos y protestantes, entre musulmanes y judíos. Cabe preguntarse si quien escribió el monólogo del mesón cree que lo dicho es cosa remotamente protestante. Posiblemente no le surgió la duda y no sintió la necesidad de preguntar. Hay en España muy buenos protestantes que, como el profesor de instituto, le hubieran sacado gustosamente del error. 
En el mar de tinieblas católicas en que le ha tocado vivir, el médico (confusamente tocado con un gorrito que recuerda la kipá judía) se queja con amargura: «Son piñas. Una fruta de Indias. Los indios la utilizan para cicatrizar heridas... Si la Iglesia supiera todo esto lo quemaban todo conmigo dentro. Por brujo. Con la mitad de todo lo que aquí hay se podrían curar más de cien enfermedades y, sin embargo, tengo que esconderlo». Qué lamentable error de localización. Si lo que apetece es quemar brujas no es a Sevilla donde hay que ir a rodar, sino a Ginebra o a cualquier territorio germánico o protestante en general. Por miles. Y ya no hace falta ni tirar de bibliografía para informarse. Basta con la socorrida y democrática Wikipedia. Búsquese «caza de brujas» y luego el apartado «Distribución geográfica».
En fin, tengo más de 10 páginas de disparates que no hay espacio para comentar. Pero hay dos que no se pueden dejar pasar: la traca final quemando herejes en un Auto Sacramental y la frase del último capítulo a modo de colofón de todo lo anterior. España produjo exactamente 12 mártires para el protestantismo,los cuales han dado lugar a tantos libros, comentarios y menciones que parecen doce mil. Los mártires católicos que produjo el protestantismo pueden competir con la guía de teléfonos de una ciudad mediana. Y con esto llegamos a la frase genial: «Se embarcan los deshechos, los que aquí no tenían futuro, esperando volver a empezar». Hay pocas migraciones en la Historia de Occidente más supervisadas, cuidadas y mimadas que la que fue al Nuevo Mundo desde España. A Cervantes no le fue permitido viajar. ¿Por qué? Pues porque no tenía oficio ni beneficio. Había sido soldado pero ya no podía serlo tras quedarse manco. Y había que evitar que las Indias se llenaran de aventureros sin cualificar.
Así vamos educando a las nuevas generaciones en la misma idea, venerablemente antigua y muy, pero que muy carca, a saber, que la historia de España, hasta en su momento de esplendor, no ha sido otra cosa más que roña, ignorancia, corrupción, intolerancia y tinieblas. Es muy posible que el producto además se exporte y que por lo tanto se vea fuera de España. Es fácil suponer que tendrá un éxito notable en las tierras del protestantismo, porque contribuirá a reforzar la idea, tan arraigada entre ellos, de su superioridad moral intrínseca, cuasi genética. Para más inri con un producto español, que es ya como un rizar el rizo del virtuosismo en la autoafirmación. Tendrían que hacer milagros la Marca España y el Instituto Cervantes, que llevan décadas trabajando para mejorar la imagen de España en el exterior, esfuerzo pagado con el dinero de todos los españoles, para contrarrestar el efecto nocivo que La Peste va a provocar. El perjuicio es enorme y somos muchos los perjudicados, pero no parece que tengamos derecho a la querella. Movistar ganará dinero, como lo ha ganado Oro, a costa de la reputación de España que, como no es de nadie, puede ser dañada sin que se exija reparación. 
Para que se vea el asunto un poquito más claro conviene que el lector caiga en la cuenta de que son muchas las series y películas sobre el periodo Tudor, y en ninguna se menciona las horribles persecuciones religiosas que tuvieron lugar en aquel reinado del terror. Nadie ha visto nunca reflejada en las series de ficción cómo eran las atroces ejecuciones de católicos y también de cuáqueros, anabaptistas y otros: hanged, drawn and quartered, según rezaba la fórmula. De todos los que no eran anglicanos. En 1998 ganó un Oscar la hagiografía Elizabeth de Cate Blanchett. Vemos en ella a la Gran Armada de Felipe II ardiendo por los cuatro costados derrotada por los barcos ingleses y escuchamos hermosuras como esta: «Me llaman la reina virgen, sin hijos... Soy la madre de mi pueblo. Esa armada que navega hacia nosotros lleva la Inquisición en sus entrañas. Dios no quiera su triunfo o no habrá libertad en Inglaterra ni de conciencia ni de pensamiento». Llevamos siglos repitiendo lo que escribieron y fabricaron los enemigos de la hegemonía española. Siempre copiando lo que dicen pero nunca copiando lo que hacen. 
La serie está teniendo un gran éxito. Así nos va. Efectivamente, la peste es la ignorancia."

martes, 23 de enero de 2018

Memento. La serie de las series.

No está mal recordar la mejor serie de las series en una época de series.
Por si alguien se ha despistado o le ha dado pereza o la ha olvidado, aquí volvemos a invocar True Detective (I) con un vídeo homenaje.
Todo el espectáculo americano y su estética más sofisticada, pero elevados a la exaltación ética de unos perdedores (como todos) que hacen lo que deben hacer en la vida (como casi nadie) para poner al siniestro mundo del derecho. Y encima con una nota optimista final. Talento al servicio de un estado de inspiración. True Detective; no se la pierdan o vuélvanla a ver. Vale la pena y el poco tiempo que dura. 
Porque siempre habrá hombres -no reconocidos, jodidos y puteados- que resistirán y se encararán con la maldad SIN NECESIDAD. Y la maldad es eterna. Que la ficción sirva al menos para recordarnos esto, hijos de El Quijote.