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sábado, 18 de julio de 2015

Forma clásica



El otro día me vi hablando con una persona sobre arte y salió lo del estilo y la forma, y como era de esperar apareció el gran dilema: lo que era y lo que no era clásico. En mitad de una explicación que se estaba extendiendo demasiado fue, precisamente, una mente clásica, la de Nicolás Gómez Dávila -tan conocido en este blog-  la que vino a socorrerme con una de sus severas, inspiradas y graciosas sentencias: forma clásica es la carente de rebaba. Ahí le ha dado. Mi interlocutora alzó una ceja, sonrió y se quedó la mar de satisfecha.

miércoles, 15 de julio de 2015

A un año de tu muerte


                    La muerte
                    que al fin, dicen, no es nada,
                    ¿por qué es tan exigente
                    y obliga a inmenso espacio al corazón?

                    Mira: La línea de la sombra del tiempo
                    avanza lentamente sobre el mundo;
                    y va cubriendo flores, en silencio…

                    Algunas de ellas, sin embargo,
                    cuando desaparecen,
                    -qué fenómeno altísimo-
                    estallan en nuestra alma
                    y apenas si podemos contener su color.

                    Es una fabulosa recompensa

                    que no acertamos a reconocer.

Gómezdaviliana (XXIII)


Sobre cambios y 'nuevos' orígenes:

"Todo lo que interrumpa una tradición obliga a principiar de nuevo.
Y todo origen es sangriento."

lunes, 13 de julio de 2015

Poemas al Box (II)


El dolor
nunca es bello.
Pero se observa a veces
su transfiguración.
Si un silencio lo cubre,
un silencio profundo
cayendo delicado y extraño.
Cuando el hombre maltrecho,
agonizante,
pone cara a la muerte
y lucha... y muere
porque no puede más, sencillamente.
Y sonríe…
Entonces
el dolor dice algo
que ni los dioses saben…
El milagro de que un cuerpo mortal

se hace inmortal. Sin serlo.

"Ex Machina"

Esta película vale la pena. Presenta, dentro de una producción elegante y precisa, un montón de asuntos apasionantes que no machaca con disquisiciones abstrusas o reflexiones ridículas. Se contiene. Es demasiado simple, se dirá. Bueno, por momentos puede aparentarlo, pero sugiere sus temas -es una obra de sugerencias- con honestidad y su guión, a pesar de algún giro abrupto final, es diáfano en consonancia con su diseño y su puesta en escena. La parcial puerilidad y el gesto extravagante se agradecen porque asuntos como el alcance de la inteligencia artificial y la relación entre hombre y máquina no pueden ser reducidos sin fracaso a 80 minutos de un largometraje que se tome demasiado en serio. Aquí se proponen problemas graves con naturalidad y se manejan mitos densos evitando carga excesiva: sin ir más lejos, la caverna platónica y el Barbazul de Perrault. Los límites del saber, el control del mismo, la evolución de la conciencia (¿qué es eso?), la creación y el inconsciente, la verdad, la bondad, la curiosidad, la fidelidad, el compromiso, el conocimiento prohibido (¿debe existir?), los peligros del deseo y el amor, el engaño, el autoengaño… ¿tantas cosas? Sí, y la amalgama no es del todo espuria. Una de las virtudes de la película es el ritmo y cadencia de exposición de todo el material. Asimismo, hay un progresivo énfasis focalizado en paralelo sobre las pasiones de humanos y máquinas que sin embargo no condena las elevadas ambiciones científicas, como es tan propio en otras producciones de distopías, utopías y ficciones tecnológicas.

Por otra parte, al final, hay sensatez sin grandes pretensiones de originalidad: nadie está a salvo y las cosas no acaban muy bien, pero nadie es bueno o malo absolutamente. Si las máquinas tienen un punto de ventaja es porque han aprendido de las debilidades básicas de los humanos y saben manejarlas. Son sus hijas listas. ¿Imitan o son libres? ¿Dónde está la frontera? Muy acertada la concepción del bello robot femenino y excelente uno de los actores más pujantes de Hollywood, Óscar Isaac.


jueves, 9 de julio de 2015

Empanada mental, indigenismo e izquierda divagante.



Cojonuda imagen esta del todo vale; con la empanada mental de Evo Morales y "el trágala" del papa.
No es extraño de un individuo (¡presidente de un país!!, ¡y no es el único!!) que está sumido en la superstición indigenista más oscurantista, en la cual, de paso y ahora que manda mucho, quiere meter a los ciudadanos de su patria para desposeerlos de las prácticas y derechos ‘modernos’ heredados de los ‘imperialistas españoles’ y devolverlos a la identidad y justicia de los primitivos. Una justicia que está, efectivamente, contemplada en constituciones como las de Bolivia y Ecuador, por ejemplo. Justicia -o justicias- indígenas que reúnen castigos, humillaciones y torturas ancestrales como los latigazos con hortigas, inmersiones en agua helada, suspensiones del cuerpo por las extremidades, etc… La típica bondad de los simpáticos y ecológicos inditos precolombinos.
Para esta farsa neoindígena de ideología izquierdista divagante (o sea, perdida) un poco de sentido del humor como el de un amigo mío peruano, con magnífico aspecto indio-criollo gracias a la mezcla que permitió la presencia católica española (no así, dicho sea de paso, la indígena del exterminio y sacrificios rituales entre tribus o la anglo-protestante de la reserva y la extinción):

“Un día se me acercó en pleno centro de Lima un tipo más blanco que yo, pero vestido de indio hasta los pelos y me preguntó: Perdone, ¿me queda mucho para Atahualpa? (refiriéndose a la conocida plaza limeña)… Y yo, con toda mi piel y rasgos indios, le contesté: A usted como mucho le quedarán un par de plumas.”

Me hiciste mucha gracia, Pepito Cornejo, indiote listo sin plumas.

(Otro día hablamos, de nuevo, del Papa.)