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sábado, 18 de enero de 2014

F. J. Haydn (II)


Tras casi una década sin escribir cuartetos y después de la extraordinaria serie de los op. 20, Haydn volvió al género con lo que según él era “una manera nueva y particular”.
Independientemente de la publicidad que el compositor se hacía a sí mismo, lo cierto es que la serie de Cuartetos op. 33 suponen otra vuelta de tuerca en la ampliación del nuevo estilo aplicado al género camerístico principal, el cuarteto de cuerda.

Riqueza rítmica, especulación armónica y, a la vez, la simplicidad de una inspiración próxima a lo popular definen estas composiciones. El encuentro entre los aires sencillos que estaban en la memoria de la gente -lo que se silba sin saber muy bien por la calle, vamos- y la destilación de un estilo que progresaba en la conquista de una expresividad más diáfana, ciertamente, era una manera particular y novedosa.
En los op. 33, la unidad que se despliega en lo múltiple y lo múltiple gravitando hacia la unidad formal se hace fenómeno más transparente que en los anteriores cuartetos. Y tal vez cierta sequedad astringente que asoma en algún movimiento o en algún pasaje no es más que el fruto de un esfuerzo de depuración que sacrifica el alarde por la exigencia de estilo.

Esto último se observa ya claramente en el primer movimiento del número 1 de la serie.
Este Allegro moderato, que empieza en re mayor, pero enseguida pasa a si menor, su tonalidad definitoria, nos mantiene en un juego armónico vacilante que se despliega feraz en el control de lo dramático hasta el final, pero sobre todo nos interpela y nos deja tiesos desde los primeros compases por el magistral cruce de voces principal y secundaria: ritmo pujante y enigmático de un acompañamiento y una melodía que en cuestión de segundos se metamorfosean uno en otra y la otra en uno. La operación está hecha con tal elegancia y con un material musical tan deliberadamente parco que el resultado es, efectivamente, aquella grandeza compositiva de la que hablaba en el post anterior dedicado a este compositor:


miércoles, 15 de enero de 2014

La muerte de Bernardo Paret


El boxeo también tiene momentos ominosos, insoportables de ver, imposibles de asumir. El peor de todos es cuando durante un castigo excesivo e innecesario se adivina la posibilidad de tragedia y, acaso, el espanto de, sin quererlo, ser testigo de una muerte.

El pasado verano falleció Emile Griffith, el boxeador norteamericano que en 1962 noqueó al cubano Bernardo Benny Paret hasta la muerte.

Benny Kid Paret, campeón mundial de los pesos welter a principios de la década de 1960, llegó a esa fatal pelea después de haber recibido mucho castigo por parte de un fiero Gene Fullmer, campeón que le derrotó por KO en el décimo asalto.
A pesar de eso, Paret, que de vez en cuando soltaba divertidas bromas sobre sus contrincantes, decidió calentar el combate de manera insólita llamando a Griffith “maricón”  (parece ser que, posteriormente, este último reconoció su condición de gay). Sea como fuere, Griffith llegó ofendido al combate y con muchas ganas de doblegar a su oponente.
En el décimo-segundo asalto, después de una pelea durísima de campana a campana, el norteamericano, inesperadamente, arrinconó a Paret y le sometió a una brutal serie de golpes de la que el cubano no fue capaz de zafarse. En esos pocos segundos su cuerpo y su alma se fueron hundiendo en la nada para no volver más. Murió diez días después.

El escritor Norman Mailer dejó su recuerdo sobre la tragedia:
“(…) Mientras recibía aquellos dieciocho puñetazos algo les sucedió a todos cuantos se hallaban al alcance psíquico del acontecimiento. Una parte de su muerte se cernió sobre nosotros. Se sintió flotar en el aire. Él estaba aún de pie contra las cuerdas, acorralado igual que antes, esbozó una media sonrisa de lástima, como si estuviera diciendo No sabía que fuera a morir tan pronto; y entonces, con la cabeza inclinada hacia atrás pero aún erguida, la muerte vino a echarle el aliento. (…)”

A pesar de su novelería, Mailer acierta a ‘ver’ aquí el final de un luchador en esa supuesta “sonrisa de lástima” sobre sí mismo que de manera sobrecogedora nos transmite el último destello de una conciencia entregada a su propia muerte.

Después del acontecimiento, Giffith, del cual se dice que sufrió acoso y tormento psíquico, declaró:
“Me cegué. Nunca fui el mismo después de eso. Desde entonces hacía sólo lo suficiente para ganar. Usaba el jab todo el tiempo, no quería lastimar a mis oponentes. Me hubiese retirado, pero no sabía hacer otra cosa.”

Sincero o no, el drama de este púgil que se dejó cegar un instante fue seguir peleando, porque no sabía hacer otra cosa, para ser recordado como un ‘asesino’ hasta su decadencia y su muerte.
En el boxeo, el dolor y la derrota son condiciones constantes.

Aquí está el terrible momento de la muerte de Benny Paret:


sábado, 11 de enero de 2014

Daniel Lezama, pintor de México.



La pintura del mexicano Daniel Lezama es un desinhibido reverso de aquel célebre muralismo conmemorativo indigenista de triunfo internacional.
Las grandezas mesoamericanas pre y pos colombinas son transformadas por Lezama en extrañas, sofocantes y sórdidas piezas carnavalescas por la vía de un realismo pictórico que delata memoria de una tradición artística española que va de Goya a Gutiérrez Solana.
Su esforzada vocación realista se concentra en la figura humana y muy especialmente en la figura femenina, la cual aparece, casi a partes iguales, como maternidad icónica, como objeto de deseo y como víctima carnal divinizada. A su lado, la adolescencia púber reclama una presencia potente y turbadora, sexual, pero quizás de futuro poco halagüeño. El hombre adulto, por su parte, suele ser, alternativamente, figura ominosa y ridícula.

México, el gran México intemporal y el actual es amado por D. L. con la perplejidad y la rabia de quien conoce bien la Historia, con mayúsculas, de unas grandezas y mitos que, sin embargo, no le pueden ocultar la realidad agresiva, asimismo incomprensible, que intenta abrirse paso en cada uno de sus lienzos.
No hay muchos pintores hoy que se entreguen a la ambición, necesariamente fracasada, de plasmar toda la parafernalia arquetípica de un país; la pública y la ocultada; la prosaica que pertenece a la vigilia cotidiana y la que, lujuriante, se desata en las obsesiones identitarias más primitivas del autor.
Esa ambición –fracasada, como decía- obtiene su reconocimiento, al menos, por su empecinada valentía.




http://www.daniellezama.net/

jueves, 9 de enero de 2014

"On Boxing"



En su reflexivo libro, ya clásico, sobre el boxeo (On Boxing), la escritora Joyce Carol Oates, refinada manierista, no cae (casi nunca) en la trampa de la metáfora, sino que se apega a la sangre, sudor y lágrimas reales de la lucha. Ello no la libra de una prácticamente inevitable épica literaria, pero sus aseveraciones, que son globalmente serenas y objetivas, están también cargadas de emoción veraz.
Una de las primeras afirmaciones importantes es que el arte del boxeo, a pesar de su insoslayable brutalidad y de su absoluta exaltación física, trata del estilo:

“El boxeo celebra la naturaleza física del hombre hasta cuando dramatiza las limitaciones, a veces trágicas, más a menudo conmovedoras, de lo físico. (…) Pero no hay boxeador que actúe como un hombre normal cuando está en el ring, y no hay combinación de golpes que sea natural. Todo es estilo.”

martes, 31 de diciembre de 2013

Feliz año con Gran Estilo brut barroco


Como regalo a los amigos que aquí están y que por aquí pasan, diremos adiós al año con uno de los momentos cumbres del final del Barroco. Un Gran Estilo despidiendo una era.
El Larguetto affetuoso del Concerto Grosso op. 6 nº 4 de Haendel.
Música amplia, viril y distinguida donde las haya. Música para una fiesta de verdad, como las de aquel pasado vehemente y excesivo.
¡El amor de los contrarios; esas falsas apoyaturas de efecto descendente mientras el movimiento melódico asciende hacia las cúpulas doradas de los palacios… la menor, do mayor! ¡Oh, grandeza; oh, hermosura; oh, ambición! Porque no… no… Como dijo el poeta: ¡No tenemos sed de agua ni hambre de pan, sino hambre de oro y sed de champán!
Feliz año, amigos:

domingo, 29 de diciembre de 2013

Prestar oídos



Hoy domingo me estaba convenciendo de que no ir a ver a mis padres la noche de fin de año, que pasarán solos, no suponía nada para ellos porque están ya muy mayores y olvidadizos, y prefieren obviar estas celebraciones más fiesteras que familiares; que, además, ellos mismos han afirmado reiteradamente que no les importa y que si patatín y patatán… Y de repente, sí, de repente, se me han venido a los ojos unos versículos del Eclesiástico, primera lectura bíblica de la fiesta de la Sagrada Familia que es hoy:

“(…) Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza.
Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor.
Pues el servicio hecho al padre no quedará en el olvido (…)”  

Pasaré, paciente y feliz, la Nochevieja con mis padres.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Navidad, óxido y melancolía.


En otro post recordaba que a nuestro querido Schnittke se le “oxidaban” los acordes apenas escritos en el papel pautado.
Aquí, las disonancias semitonales empiezan a arruinar la célebre canción navideña a partir del segundo 46.
El alcohol, el tabaco, el cansancio y el sueño pasan factura en la Nochebuena. También los fantasmas de la melancolía y el recuerdo:


En el final de la muy navideña Dublineses, el recuerdo y la melancolía, la nieve y el silencio lo son todo; pero aquí, tras el inesperado y amargo descubrimiento del desamor y la soledad sobreviene una soberana comprensión del destino: 
                                  
                                     


martes, 24 de diciembre de 2013

Nochebuena

La belleza agreste del medievo.
Sólo en aquellas épocas (inseguras, las llaman) lograban del valor de la ingenuidad algo tan sólido y convincente:





lunes, 23 de diciembre de 2013

Tiempo de Navidad. ¡Comamos y bebamos!



Tenemos una idea muy asentada según la cual la Navidad (fiesta del nacimiento de Nuestro Señor) es un momento de excesos, especialmente durante esos eventos familiares tan señalados en los que comemos y bebemos sin tino.
Y la mala conciencia, sin duda extendida en el mundo occidental, no llega tanto por la parte de los 'castigos' que infligimos al cuerpo, con sus inevitables malestares físicos, sino más bien por la vieja imaginación cristiana que nos coloca de forma automática frente a la visión de un Cristo austero, de severidad básicamente pobrista, comiendo chuscos de pan y bebiendo agua de los caños.
Pero abstención y ayuno eran más bien prácticas habituales de numerosas sectas y grupos de la época de Cristo, entre ellos, claro, los fariseos, y no tanto del supuesto fundador y líder del Cristianismo ni de sus bullangueros seguidores.
Por eso, es muy pertinente recordar ahora cómo llaman a Jesús los muy formales fariseos y los admiradores de Juan el Bautista según nos cuentan los evangelistas Mateo y Lucas; nada menos que:
                        “φάγος καὶ οινοπότης” (‘fágos kaí oinopótes’)
Lo cual significa, literalmente, “comilón y bebedor de vino”. Sí, exactamente eso que les provoca mala conciencia cristiana en estas fechas… a los que no han leído con atención los Evangelios.
Si el Mesías y sus seguidores fueron acusados de los típicos excesos que nos fustigan desde un equivocado imaginario pobrista cristiano, ¿quiénes somos nosotros, infelices mortales del orbe neotestamentario, para envanecernos y creer que debemos tener mala conciencia por comer y beber en estas fechas?
Ayúdense a sí mismos, pues. Coman y beban sin remordimientos durante estas fiestas… a imitación de Cristo.
(En la imagen: Las bodas de Caná, de Veronés.)

domingo, 22 de diciembre de 2013

Elche, capital mundial del Boxeo.



El boxeador ilicitano Kiko La Sensación Martínez se hizo de nuevo con el cinturón mundial súper gallo en versión de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) tras derrotar por nocaut en el noveno asalto al sudafricano Jeffrey Mathebula.

La Sensación Martínez demostró estar en su mejor momento de forma con un boxeo de ataque que más que desgastar a sus oponentes los demuele en la distancia corta con un repertorio de puños completo y de una potencia verdaderamente intimidatoria. Mathebula reaccionó en el quinto, pero sólo sirvió para que Martínez se tomara un pequeño descanso durante los dos asaltos siguientes y volviera a imponer su castigo en el octavo hasta que, ya en el noveno, un gancho certero cargado de cloroformo acabó con el aspirante en la lona.

A pesar de que la extraordinaria velada se celebró en Elche (21-XII-2013), ciudad natal del campeón, ninguna televisión del país tuvo la decencia de retransmitirla. Ya se sabe que aquí han decidido borrar todo lo que no sea la cursi, reiterativa e impostada gazmoñería multimillonaria futbolera. 

martes, 17 de diciembre de 2013

Gómezdaviliana (X)


Con un estilo suavemente humorístico concentrado hasta el extremo, consigue caracterizar el dogma marxista prestigiando de paso el sentido del mito bíblico:

"A la inversa del arcángel bíblico, los arcángeles marxistas impiden que el hombre se evada de sus paraísos."

jueves, 12 de diciembre de 2013

La historia real de "Tiburón"


Hay una escena particularmente excepcional en la película Tiburón.
El jefe de policía, el joven oceanógrafo y el curtido cazatiburones se encuentran en el interior del viejo pesquero con el que persiguen a la temible bestia marina. Han cenado y han bebido, e inician, apenas sin pretenderlo, una típica relación de camaradería masculina inexistente hasta entonces.
El capitán y el científico empiezan a mostrar las huellas de heridas diversas y cicatrices causadas por tiburones. Bromean y por primera vez se ríen a gusto. De pronto, el 'jefe' y el investigador se percatan de un tatuaje que tiene el capitán en el brazo y la escena se ensombrece: es un tatuaje del USS Indianápolis, el barco que transportó el uranio-235 que sirvió para armar las bombas de Hiroshima y Nagasaky. Finalizada esa siniestra misión, el Indianápolis se dirigió hacia las Filipinas, pero fue interceptado y hundido por un submarino japonés cerca del golfo de Leyte.
Ahí comienza la escalofriante historia del capitán Quint (Robert Shaw). Un episodio que ocurrió de verdad. Otro pliegue de la intrahistoria eclipsado por la historia oficial.
Con qué maestría lo introduce Spielberg para dar calado dramático y dimensión universal a su fantasía.
De hecho, lo que hace es subvertir la relación habitual entre realidad y ficción de la narrativa: no parte de un hecho real para inventar sobre él, sino que a mitad de la película, que es pura invención, coloca el peso de una realidad histórica; prístina, diáfana, perfilada... Las palabras de Quint superan la espectacular ficción en la que estábamos metidos y nos cambian el paso.
El capitán cuenta lo ocurrido como un secreto ominoso grabado como una pesadilla en lo más profundo de su alma. En ese momento se acerca a los misterios insondables de otro capitán de novela, Ahab. 
El efecto es sensacional.  


martes, 3 de diciembre de 2013

Procesión universal



Que cambien las severidades de las viejas procesiones es algo que no deja de ser extraño, pero que casi cualquiera puede aceptar. Ahora bien, que esos cambios nos lleven a momentos de disparatada y calenturienta chocarrería como éste del vídeo es una cosa que nadie hubiera podido imaginar.

La comprensión universal de la Iglesia Católica supera hasta las más enfebrecidas visiones distópicas y permite que en una aldea gallega acompañen solemnemente al santo de palo, al mosén y a las beatas del lugar unos destemplados acordes del himno de la CNT (¡A las barricadas!) y, ¡atención, porque si creían que habíamos llegado al límite de lo paranormal es que no saben nada del mundo!, también la música de la serie… El coche fantástico!!
No, no nos engañemos, insisto, ni los aperturistas antiliturgia más cachondos y cañís del Concilio Vaticano II hubieran podido con una cosa como ésta.

El señor cura, tan impertérrito como la sagrada imagen se detiene antes de entrar otra vez en la ermita para despedir a la cochambrosa y simpática banda… Lo que no sabremos nunca es si su dulce mirada está diciendo algo así como… “Gracias, zagales, por la colaboración …” o más bien… “Ya os pillaré, ya, joputas!”.
Sea lo que sea, hay que reconocer que nuestra inefable y amorosa iglesia nunca dejará de sorprendernos.