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sábado, 27 de julio de 2013

Contra el Verano (entre la apretura y el cosmos)



Contra el verano, contra las vacaciones, contra el calendario, contra el calor, contra el turismo, contra la masificación, contra la diversión organizada, contra la playa, contra el parque temático, contra el Mediterráneo, contra el ruido, contra la tele, contra la prisa, contra las colonias infantiles, contra el autocar, contra el coche, contra la carretera, contra el avión, contra la alpargata, contra la camiseta, contra el sobaco, contra el moreno, contra la crema, contra el sudor, contra el pringue, contra los maletones, contra las mochilazas, contra las gorras, contra las terrazas, contra el apartamento, contra la paella, contra la sangría, contra las noticias, contra las visitas concertadas, contra el consumo de Cultura, contra la Cultura… ¡Sí, contra El Verano!:



Pero por el espacio, por la lentitud, por los nublados, por el silencio, por el decoro, por la soledad, por el olvido… Aunque a este paso, no tendremos más remedio que irnos muy, muy, pero que muy lejos; a la infinita desnudez del cosmos y con la melancolía de los adagios desolados (suena el Adagio del ballet Gayané de Khachaturian):



jueves, 18 de julio de 2013

INC, Regiones Devastadas. Vegaviana.

Durante un periodo de poco más de veinticinco años el Instituto Nacional de Colonización (INC, organismo del Ministerio de Agricultura) se dedicó a la extensión y promoción de la agricultura y ganadería mediante la creación de pueblos de nueva planta en zonas que se iban a ver beneficiadas por grandes proyectos de regadío.

Se construyeron más de trescientos pueblos. Se realizaron diseños de otros que se quedaron en el plano.
La mayoría de aquellos pueblos sigue en pie. Algunos aguantando un declive forzado por las delirantes políticas agrícolas de aquí y de allá, otros combinando sus antiguas labores con otras diversas y viendo crecer su población.
Muchos de ellos fueron y siguen siendo prósperos, e imagino que intentarán continuar con el espíritu comunitario que se estableció en un principio entre los que emprendieron aquella ‘aventura’ (colonos, peones, ingenieros -entre ellos, mi padre-, madres y amas de casa -entre ellas, mi madre-, administradores, maestros, mecánicos, comerciantes, médicos, curas, etc… Excepto por los curas, la experiencia interesó mucho a ciertos observadores del bloque socialista que no fueron apoyados por el establishment soviético.)

Podríamos presentar algunos de esos pueblos como símbolos de una ejemplaridad estética y ética perdida. Uno de ellos es Vegaviana, situado al noroeste de la provincia de Cáceres. Fue, principalmente, obra del arquitecto J.L. Fernández del Amo, que trabajó para la Dirección General de Regiones Devastadas y para el INC.

Vegaviana es un ejemplo de cómo un conjunto arquitectónico bello en sí mismo puede ser, a la vez, un binomio de atención hacia el entorno natural y hacia el hombre.
El conocimiento de la tradición constructiva popular, el buen gusto sin alardes del diseño moderno de buena ley y la especial sensibilidad hacia la particular austeridad vital de las familias trabajadoras de la tierra que tuvo Fernández del Amo consiguieron la maravilla de un pueblo nuevo de carácter preciso y ejemplar autenticidad rural.

Franqueza rítmica, orden y sentido espacial; noble practicidad; discreción, honradez y respeto… es lo que transmiten estas fotos:












Sin embargo, ¡ay!, qué decir de estas otras fotos de chaletones llamados de ‘lujo’ para nuevos ricos que han destrozado tantos y tantos pueblos (a veces, la libertad individual sólo sirve para perpetrar horrores): 








martes, 16 de julio de 2013

Gómezdaviliana (VI)


"La belleza de la cosas nobles propaga en el alma un tumulto que la arrastra hacia regiones cuyo pórtico es la muerte"

(Qué decir de la música...)

"Todo inconforme sabe, en el fondo del alma, que el sitio que su vanidad rechaza es el sitio mismo que su naturaleza le fijó"

(Qué malévola crueldad... lúcida.)


sábado, 13 de julio de 2013

Alonso de Contreras. La desmesura precisa.



El niño de familia humilde que empezó sus aventuras como un rapaz fuera de la ley, posteriormente trabajó como corsario para los caballeros de Malta y luego entró en la milicia española, donde fue alférez, capitán y protegido del conde de Monterrey, no era experto en letras y tenía muy claro cómo debía contar su vida:


“Esto ha sucedido hasta hoy, que son once de octubre de 1630 años, y si hubiera de escribir menudencias sería cansar a quien lo leyere; además que cierto se me olvidan muchas cosas, porque en once días no se puede recuperar la memoria y hechos y sucesos de treinta y tres años. Ello va seco y sin llover, como Dios lo crió y como a mí se me alcanza, sin retóricas ni discreterías, no más que el hecho de la verdad. Alabado sea Cristo.”


Esto lo escribió Contreras al final de su relato autobiográfico, antes de los añadidos. Toda una declaración de estilo.
Si se inventó algo o no, no lo sabemos. Lo cierto es que ese su ‘no estilo’ “seco y sin llover” se mantiene de principio a fin sin decaimientos ni vacilaciones.
La vertiginosa sucesión de idas y venidas, viajes, aventuras y peligros sin aparente elaboración literaria que presenta el espontáneo discurso no impide, empero, una precisa virtud expresiva y un sorprendente registro de detallados recuerdos que, al pulso y capricho de su memoria, van salpimentando el texto aquí y allá.

Entre continuos episodios que son un alarde de economía explicando terrible crueldad como éste:

“(…) Peor le sucedió a mi piloto, que le cogieron dentro de cuatro meses yendo en corso en una tartana, y le desollaron vivo e hincharon su pellejo de paja, que oí está sobre la puerta de Rodas.”

…hay otros casi candorosos como éste:

“(…) Despedí el bergantinillo con los griegos. Pero olvidávaseme que trajeron con el turco cinco baúles de estos redondos turquescos, llenos de damasco de diferentes colores y mucha seda sin torcer encarnada y algunos pares de zapaticos de niños”

Bendita delicada memoria de la fiera militar.

Y es que todo es posible con este hombre; el estoicismo guerrero:


“(…) Y el capitán mandó que todos los heridos subiesen arriba a morir, porque dijo: Señores, o a cenar con Cristo o a Constantinopla. Subieron todos y yo entre ellos que tenía un muslo pasado de un mosquetazo y en la cabeza una grande herida que me dieron al subir en el navío del enemigo con una partesana, el día antes cuando ganamos el castillo de proa. Llevábamos un fraile carmelita calzado por capellán y díjole el capitán: Padre, échenos una bendición porque es el día postrero (…)”.

… y la displicencia casi bienhumorada ante las amenazas:

“(…) Supe que Solimán de Catania había jurado que me había de buscar y, en cogiéndome, había de hacer a seis negros que se olgasen con mis asentaderas, pareciéndole que yo me había amancebado con su amiga, y luego me había de empalar. No tuvo tanta dicha en cogerme, aunque me hizo retratar y ponerme en diferentes partes de Levante y Berbería”. 

No, desde luego no hay menudencias en todo su escrito. Todo va, señor Contreras, como usted dejó dicho, sin retóricas ni discreterías.
La aventura en estado puro, directo… salvaje. Sin complacencias reflexivas, porque no le hacen falta.
¡Ya tuvieran un dominio de la lengua similar muchos ‘inventores’ de aventuras que llegaron después!

miércoles, 10 de julio de 2013

El Canelo Álvarez

Una de las promesas más fulgurantes del boxeo mundial es el superwélter mejicano Saúl Álvarez Barragán, “El Canelo”.
No ha dado tiempo; de la noche a la mañana se ha convertido en un número uno indiscutible. Es el titular de la WBC y la WBA, entre otros galardones.
El Canelo es una demostración de que no hace falta ser una fiera corrupia para ser un gran boxeador.
Tiene cara de niño bueno, es pelirrojo (de ahí su apodo) y blanquito, y no exhibe un físico excesivamente musculado. Parece que aún está por hacer.
Pero El Canelo aún no ha perdido un combate en toda su carrera, que presenta 42 victorias (30 por nocaut) y un empate.
Es un gladiador nato. Practica un boxeo sobrio, eficaz, bien combinado. Ostenta una pegada demoledora y, sobre todo, siempre se asienta en el lugar de la verdad, firme a dos palmos de su contrincante, dispuesto a recibir y atacar.
Es una figura de cuento. Es el niño tumbador de ogros.

                                    

lunes, 8 de julio de 2013

"¿Por qué entre los creyentes no hay uno sólo que crea?"


En la feria de hoy se presenta la lectura del Evangelio de Mateo (9: 18-26). En ese fragmento hay una resurrección:

“Así les hablaba cuando se acercó un magistrado y se postró ante él diciendo: Mi hija acaba de morir, pero ven, pon tu mano sobre ella y vivirá.
Jesús se levantó y le siguió con sus discípulos.
(…) Al llegar Jesús a casa del magistrado y viendo los flautistas y la turba alborotada, decía: Retiraos, que no ha muerto la niña, está dormida. Y se burlaban de él.
Y una vez despejada la gente, entro él, la tomó de la mano, y la niña se levantó.”

[Puede sorprender lo de los “flautistas”: efectivamente, el texto original griego dice ‘auletás’, o sea, tocadores de ‘aulos’, la típica flauta griega que se utilizaba tocada por parejas o en grupos más numerosos en los momentos de duelo y cortejos fúnebres.]

En Ordet (La Palabra), de Theodor Dreyer, vemos la resurrección de una mujer gracias a la inocencia de una niña y a la fe de un loco:


En esta escena, tras la vuelta a la vida, hay un detalle fundamental. Un joven de la familia pone en hora un reloj que estaba parado. O sea, el tiempo vuelve a contar (se oye la maquinaria del reloj). Es un tiempo, sin embargo, en el que se ha dado la superación de la muerte. No es que no vayan a morir, van a morir, lo saben. Pero a partir de ahora es un tiempo nuevo porque, al fin, les ha sido otorgada la fe. Se han resignado a la muerte, o sea, a la vida, y ya no tienen miedo. Es una vida que van a vivir de verdad por primera vez. No hay resurrección sin muerte. El milagro es como un destello fenomenal del Reino, no la revocación de la realidad y del destino.



jueves, 4 de julio de 2013

Contra Wert se vive mejor


No voy a entrar a valorar seriamente (¡ni en broma, vamos!) la nueva reforma educativa (LOMCE), entre otras cosas porque no he leído los 600, o más, folios que la exponen.
Sin duda, habrá cosas negativas, decisiones equívocas, errores, arbitrariedades, falsas correcciones, omisiones… ¿perversidades? (Todo eso se intuye, se adivina, se ha leído un poco, se va viendo.) También habrá algún acierto, tal vez no pequeño. Algo más de exigencia, de que los alumnos demuestren su instrucción de vez en cuando, de que ésta sea efectiva, ¿no? Algo de freno a la atomización pueblerina (no es broma, cada pedanía cree que puede exhibir una historia de corte universal aislándose del vecino).
Por otra parte, no parece prometedor el futuro que le espera a la filosofía como asignatura tradicional en la secundaria; tampoco el de las clásicas. Esto ya valdría para descalificar (bajo mi estrecho punto de vista) la ley en bloque (en fin, hay que verlo). Es muy discutible, asimismo, la nota superior exigida para los becados universitarios (surge un inevitable agravio comparativo)… La subida exagerada de tasas en la enseñanza superior parece severa (eso es lo que dicen). ¿Injusticia, segregación?... (‘Hablo’ muy de oídas.)

Pero no, ahora, simplemente, frívolamente, quisiera esbozar la imagen que transmite y la imagen que 'transmiten' del hombre que aparece como principal responsable de la dichosa ley. Y digo “hombre”, quizá en su honor, porque no digo ‘político profesional de partido’, a tenor de sus últimas declaraciones contra la posibilidad de perpetuarse en el poder del cargo que ocupa. Ha dicho que cuando acabe su tarea se irá. Que lo haga. Y que aprendan otros.

Las formas, sí, las formas.
He oído a pocos políticos que hablaran tan correctamente (sintaxis y dicción) como él (no es Demóstenes, vale). He visto a pocos responsables de gobierno u opositores que mantuvieran unos ademanes tan suaves como él. He contemplado a pocos profesionales de la cosa pública tan dispuestos a la dialéctica como él. Conozco a pocos cargos (¿a ninguno?) mantener el tipo tan bien ante los desplantes: le han insultado, le han difamado, le han liado (lo de “españolizar” salió de un diputado socialista, no de él; él recogió la expresión), se han querido burlar de su persona hasta niñatos  ensoberbecidos que han recibido becas y premios del Estado (de todos nosotros), le han criticado demagógicamente consejeros/as de las ya indisimuladas satrapías regionales que ni siquiera saben distinguir los verbos “recurrir” y “recorrer” (una señora muy orgullosa, en concreto). Yo lo he oído. Esos no se avergüenzan de nada, es curioso, pero creen que pueden avergonzar a otros desde la ignorancia. Individuos/as semejantes  (¡ocupando puestos directivos en el ámbito de la educación!; ¡cobrando -y no poco- a costa del enorme esfuerzo de los ciudadanos!) se han atrevido desde el primer minuto a denigrar a una figura pública que puede equivocarse en algunas medidas demasiado importantes (¡a por él en ese caso, bien y sin piedad!), pero que, por lo que hemos observado, les da mil vueltas en conocimientos y formación.

Bueno, los conocimientos y la formación no garantizan la sensatez, es cierto, y ante las vacilaciones, correcciones, enmiendas y marchas atrás del ministro se podría decir que esto es otra desdicha que le va a caer encima a la educación pública española. Es posible. Pero recordemos que las reformas de las últimas décadas fueron todas socialistas. Ojalá pudiéramos decir que buenas, regulares o neutras, pero no, no nos queda más remedio que constatar que han sido puta miseria y que han sumido a la educación en una sima de desconcertante vulgaridad… vulgaridad ‘moderna’, eso sí, ¡juventona, simpática, social, sensible y psicopedagógica!

Si el ya prematuramente, anticipadamente, caído Wert tuviera un punto más de independencia política y un punto menos de poder casi se le podría cubrir con aquel verso de Rimbaud que dice:
“Por delicadeza, yo perdí mi vida”  (entiéndase, ‘mi cargo’).

sábado, 29 de junio de 2013

“El fuego fatuo”. La Rochelle-Maurice Ronet.


En 1931 Pierre Drieu la Rochelle publicó El fuego fatuo (Le feu follet), un libro sobre drogas y suicidio. Una novela sobre la tragedia de cuando la vida se nos pone del revés sin aparentes motivos.
Es una obra aristocrática, breve, seca. E hiriente como un escalpelo envenenado.

La brillantez del autor nos asalta en cada página con frases cuya austera elegancia formal sólo es superada por una lúcida y destructiva visión de la existencia que nos muerde el alma sin piedad y nos deja a la intemperie como únicamente las grandes obras saben hacerlo.

El protagonista, al fin (esta obra es toda ella una radiografía del fin), es una máquina de despojamiento de lo que creyó que podría tener algún día y nunca tuvo. Todo aquello que postergó para el futuro se le muere repentinamente entre las manos cuando ya es tarde para vivirlo… Entonces su capacidad de acción se convierte sólo en capacidad de destrucción. Definitiva, total.

La droga ha sido para él, como para todos los que acuden a ella, el más eficaz medio de aislarse de la realidad, el medio de mantener inmóvil e inmune la ilusión de la juventud y el estado flotante de una vida sin caminos definitivos. Pero también ha sido la vía que le ha revelado, sincera y despiadada, la falta de amor sin remisión posible. Hay un momento en que Alain, el protagonista, reflexiona hacia sí mismo mientras se pincha el brazo… “(…) me mato porque no me habéis querido, porque yo no os he querido. Me mato para apretar nuestros lazos. Dejaré en vosotros una marca indeleble. Sé muy bien que se vive mejor muerto que vivo en la memoria de los amigos (…)”

Sin embargo, Alain, no actúa como una figura patética. A nadie molesta en la irrenunciable deriva de su larga despedida. La Rochelle escribe con aceleración pero magistralmente sobre el paso de la energía vital al morbo letal del personaje y la conciencia terrible que él tiene de eso, por ello: “(…) permanecía inmóvil, frágil, temiendo esbozar el menor ademán porque sabía que tal ademán sería su sentencia de muerte”.

El estado que transmite esta última frase es el que recoge, creo yo, el espléndido Maurice Ronet  en la película homónima del director Louis Malle. Toda la película, muy fiel a la novela, se sustenta en el rostro de Ronet. Un rostro que debe transmitir todo el esplendor del pasado, todo el derrumbamiento del presente y toda la perplejidad emocional que supone no poder evitar entregarse a la muerte. Maurice Ronet lo consigue con una economía expresiva increíble, apenas con una imperceptible inquietud, con una mirada frágil y anhelante...
Esta escena muda muestra cómo el protagonista percibe cada detalle de su entorno como una herida puesto que ya nada puede vivir en él con normalidad, ya todo está infectado de muerte bajo su mirada a pesar de que la realidad aún le presenta sus dádivas:



lunes, 24 de junio de 2013

Las catarsis de Fellini. "I Vitelloni".



La vida de los protagonistas de I Vitelloni (Los Inútiles) es la de unos talluditos y provincianos ‘nini’ de principios de los años cincuenta.
Su empedernida vocación por la vagancia y el dolce far niente está siempre aderezada por la broma burlona y el drama impostado en veloz alternancia. Pero sus ansias de diversión se ven también a cada paso acosadas por el tedio vital pueblerino y la propia conciencia de vacío (la excelente escena de cuando están en la playa mirando el mar en silencio un frío día de invierno evoca un conmovedor sinsentido intemporal).

Desde el principio del largometraje Fellini y sus actores saben transmitir lo agridulce y patético de esas vidas con fácil precisión aunque no pocas veces, a pesar de la denuncia de unas existencias perdidas, se observan gestos y situaciones en los que se adivina la celebración más loca de la libertad mediante la astracanada, el absurdo y la gamberrada. Son las catarsis de Fellini.

Una de las catarsis más hilarantes de esta película está protagonizada por Alberto Sordi. En ella vemos cómo su personaje, de paseo en coche con dos de sus amigotes, dedica un espectacular corte de mangas con pedorreta a unos fatigados trabajadores que están arreglando la carretera: “Laboratoriiii…” les reclama primero con una dulce vocecita. Luego llega el teatral y chulesco corte de mangas, a lo Duce, e inmediatamente después… ¡se les para el motor del coche!
Fellini, aparentemente, enseña aquí el punto de máxima degeneración de sus personajes en cuanto a falta de compromiso político y sensibilidad moral. Pero lo que en el fondo nos está pidiendo es que, aun por un segundo, nos liberemos de ese vínculo sacro, moralista, grave, al cometer un pecado inesperado, inopinado e imperdonable contra la devoción a la clase obrera (concepto axial dominante en la Italia de los años cincuenta).
Cuando los obreros les pillan para zurrarles, uno de los vitelloni les implora “¡pero si yo soy socialista!”. Esa podría ser la voz de Fellini perfectamente. Sí, yo soy socialista y soy un trabajador como vosotros, dice, pero… ‘de vez en cuando me gustaría liberarme de esa necesidad y darle la vuelta también a esta nueva religión que hemos creado’ (resuena una voz por lo bajo). Y si Fellini se ha reído (y largamente) con la religión ‘verdadera’ cómo no se va a reír con las advenedizas.
Aquí el momento:


miércoles, 12 de junio de 2013

Religión en la enseñanza. Razones.




…Porque no saben lo que hacen.

No, no saben lo que hacen (lo que dicen) los que se empeñan en hablar en contra de la asignatura de religión en la enseñanza.

De entrada, no saben lo que dicen porque casi todas son personas de escasa o nula “cultura” religiosa (voy a utilizar este término, “cultura”, ya que ellos no dejan de manosearlo e invocarlo muy a su gusto); en realidad, son personas que no tienen ni idea (en parte porque no se han parado a reflexionar más de diez minutos sobre ello) de lo que significa el inmenso acervo religioso para su propia cultura (grecolatina-judeocristiana). 
Son personas, en general, con poco fundamento pues si bien se sienten impelidas a denunciar (y hacen muy bien) los excesos de una Iglesia que ha abusado de su influyente maquinaria ideológica a lo largo de su existencia, por otra parte son absolutamente incapaces de reconocer los infinitos logros creativos, en todos los planos de la vida, de esa misma Iglesia.

Si se elimina la Religión en las escuelas, ¿cómo quieren que los estudiantes entiendan el mismo origen de la cultura y el de las diferentes civilizaciones? ¿Cómo el nacimiento del pensamiento en la lucha con el entorno y el desarrollo del logos en el hombre? (Desengáñense, en el origen no hay logos sin mito, y viceversa.) ¿Cómo obviar las complejas afinidades entre filosofía y religión? ¿Cómo iban a entender los conceptos de Razón o de Ley sin la idea fundante de divinidad? ¿Cómo comprender el surgimiento y la transformación de las artes y todo su porqué; cómo el sentido de la Belleza y su inextricable vínculo con lo divino? ¿Cómo abordar la música…? ¡Ah, la música! ¿Cómo explicar la proyección de la filosofía clásica, su recuperación, conservación y difusión; cómo la investigación sobre la Realidad y el Mundo? ¿Cómo comprender el desarrollo de la Ciencia sin los patrones regulares y fijos de la Naturaleza que nos transmitió la tradición religiosa de Occidente? ¿Cómo asimilar la salvaguarda de la Razón en nuestro mundo frente a los continuos asedios de los desvaríos ideológicos, las fantasías, los caprichos y la barbarie…? ¿Cómo argumentar sobre el sentido de la Verdad y sobre que la Verdad tiene sentido? ¿Qué explicar del origen de nuestros explícitos códigos legales (no matar, no robar…) y de nuestros implícitos códigos sociales (apoyar, socorrer, ayudar…)? ¿Cómo entender el significado de fenómenos como la redención, el perdón, la confesión, el sacrificio… cómo el dolor, el sufrimiento y la esperanza? ¿Cómo, sin añagazas relativistas, reconocer el Bien y el Mal, o al menos discutirlos…, y cómo la libertad y la responsabilidad frente a ella? ¿Cómo (atención, muy importante) diferenciar religiones (¡o sea, civilizaciones!) y reconocer su choque? ¿Cómo atacar la envidia, la ira, el orgullo, etc, en uno mismo; cómo reconocer el pecado, esto es, cómo conocernos a nosotros mismos? ¿Cómo saber temer? ¿Cómo orar? ¿Cómo siquiera pronunciar las palabras misterio, creación, alma, eternidad…? ¿Cómo admirar un milagro? ¿Cómo tratar con el Cielo y el Infierno? ¿Cómo resistir y no caer en la dejadez y la desesperación? ¿Cómo verse en el otro?... ¿Cómo salvarse o condenarse?... ¿Cómo pedir perdón en la soledad? ¿Cómo atravesar las noches oscuras del alma? ¿Cómo gozar de la Creación; cómo del Paraíso? ¿Cómo mirar a los ojos de un ser querido viéndote en ellos y sentir el (o 'un') misterio divino? ¿Cómo, en fin, hacerse digno de la Inmortalidad?... ¿Sí, cómo... cómo hacerse digno de la Inmortalidad; cómo saberlo... o mejor, cómo 'no' saberlo?

Muchos pensarán que todas (o casi todas) estas cosas también las dan otras materias y disciplinas sin necesidad de entrar en la doctrina de la fe ni en cuestiones de Iglesia. Y yo contestaré que afortunados aquellos pocos que consigan remontar el río de aguas turbulentas sin el conocimiento de la religión porque de lo que estoy seguro es de que no será gracias a otras disciplinas y asignaturas por muy necesarias (que lo son) y elevadas (que lo son) y bien enseñadas que estén (supongo que, bien que mal y en mayor o menor medida, lo seguirán estando).
¿Acaso en otras asignaturas se lee y se reflexiona el Antiguo y Nuevo Testamento, fuente inagotable de la que beben ‘todos’ los que vienen después? ¿Acaso se estudia Patrología? ¿Acaso se explican las exquisitas sutilezas de los dogmas? ¿Acaso se muestran las maravillosas formalidades de los ritos y su sentido, que es el mismo sentido del estar el hombre en el mundo?...

También se dirá que esas cosas no deben enseñarse en las escuelas e institutos. Pero podemos preguntar inmediatamente: ¿por qué no? ¿Acaso no son dignas de enseñarse en una educación reglada? ¿Alguien se atrevería a afirmar que no lo son? 
Se replicará que serán todo lo dignas que se quiera y más, pero que se trata de saberes y sentires que deben permanecer en lo familiar, en lo privado, en lo íntimo de la conciencia. Esto, con esas mismas palabras, lo hemos leído y oído hasta la saciedad. Pero, ¿por qué dejar en el círculo de lo íntimo lo que nos concierne a todos como hombres; por qué dejar en el estéril autismo del subjetivismo mudo lo que nos une en lo más elevado de nuestra condición y lo que nos puede separar de la manera más violenta?, (ejemplos dramáticos de ello los vemos constantemente).

¿Ocultar todo esto a los jóvenes, insistir en su acallamiento? ¿Con qué fin? ¿No resulta sospechoso, como mínimo extraño?

Por otra parte, seguro, se sacará en procesión lo del enfrentamiento de la Ciencia a la Religión y la ventaja de aquélla en el correr de sus investigaciones. Sin embargo, ¿están seguros de lo que dicen? ¿No se preguntan -retomando uno de mis interrogantes anteriores- por qué precisamente ha sido sólo en los países cristianos donde se ha desarrollado al máximo la investigación experimental y la Ciencia? ¿Y por qué a pesar de sus periodos de ocultación y de sesgado proselitismo la Iglesia Católica ha fomentado, impulsado y desarrollado el estudio científico de manera definitiva y , en cualquier caso, de su seno han salido siempre, y según los momentos aun a contrapelo, científicos de primer orden?
¿Cuántos de los críticos a la Iglesia y defensores de la Ciencia de última hora saben (permítaseme el pequeño pero ilustrativo ejemplo) que el principal teórico de la celebérrima y “antirreligiosa” teoría cósmica del Big Bang fue un sacerdote católico?

¿No son esas críticas, esos rechazos demasiadas veces fruto de una perezosa ideología política acomodada en el sectarismo? ¿No son quizás, en el mejor de los casos, una resonancia de campanas de lo que fueron los programas de crítica materialista a la religión en la enseñanza institucional soviética (algo serio, sin duda, no como esto que padecemos ahora)?

Bueno. Por acabar con dos interesantes declaraciones que atañen a la educación (la segunda muy directamente) de dos personajes -mujer y hombre- nada sospechosos de pereza mental, cobardía o complacencia intelectual:

“No soy católica, pero creo que no es posible renunciar a las ideas cristianas sin degradarse; unas ideas cuyas raíces se hallan en el pensamiento griego y en el proceso secular que ha alimentado nuestra civilización europea durante siglos” (Simone Weil)

“Hasta hoy no se ha visto buena educación sino en los cuerpos eclesiásticos. Yo prefiero ver a los niños de una aldea entre las manos de un hombre que no sabe más que el catecismo y del cual conozco los principios, que no en poder de un semi-sabio el cual no tiene base para su moral y no tiene ideas coherentes. La religión es la vacuna de la imaginación; ella la preserva de todas las creencias peligrosas y absurdas. Un fraile humilde basta para decirle al pueblo: esta vida es pasajera. Si vosotros quitáis la fe al pueblo no encontraréis después más que ladrones.” (Napoleón Bonaparte)

sábado, 8 de junio de 2013

Janacek. La Verdad.



Considero el cuarteto de cuerda Cartas íntimas, de Leos Janacek, el segundo y último que escribió, la más bella y lírica despedida del género cuartetístico en su aspecto tradicional y la más original e impactante entrada del género en el ámbito contemporáneo.
La obra es tan rica a la vez en aspectos expresivos clásicos y contemporáneos que, a pesar de quedar uno atrapado de manera casi insana en ella desde la primera audición (el estado de ansiedad que crea es peligroso), se necesitan unas cuantas escuchas para comprender su extraordinaria dimensión creativa.

Su nombre viene de la relación amorosa epistolar (más de 700 cartas) que mantuvo el compositor durante sus doce últimos años de vida con la joven Kamila Stosslová. Un amor imposible (los dos estaban casados y ella era casi 40 años más joven que él).

El cuarteto es el vaciamiento musical del amor del viejo Janacek hacia la muchacha. El descaro emocional hasta casi la impudicia está presente en la partitura, y también la más delicada de las ternuras.
De pocos compositores más que de Janacek podrá ser adecuada esta manera de describir la música puesto que fue él el músico más obsesionado por atrapar en sonidos todas las particularidades del habla. En su etapa madura de creador y tras largos años de estudio, Janacek estaba persuadido de que toda la melodía y rítmica musical tenían una correspondencia en los “motivos musicales” del lenguaje hablado. Por eso toda su música de madurez es el testimonio de un drama excepcionalmente humano. Eso explica que el crítico musical Harold C. Schonberg escribiera: “Janacek es el músico que busca la verdad”.

El tercer movimiento del cuarteto que nos ocupa presenta, bajo mi punto de vista, los momentos más emocionantes en esa ‘expresión de la verdad’.
Está cargado, como todo el cuarteto, de fascinantes inflexiones rítmicas y armónicas milagrosamente encajadas en un todo unitario aparentemente imposible... El instante en que estalla, atención, la más verdadera emoción es en el minuto 3:16; un breve pero incontenible ‘parlamento’ compás 3/4 en fortíssimo que se venía preparando en los compases anteriores, interpretado en un legato que exprime cada nota hasta lo desesperado y en el que de repente se da una vuelta de tuerca expresiva con una ampliación rítmica de cinco notas que se repite cinco compases más allá y se funde en síncopa en un compas de 5/4 con notas en violento stacatto. El efecto no puede ser más excitante a la vez que conmovedor. Tras una repetición se sigue con la movilidad rítmica y el detallismo cromático. Hasta el final del movimiento se suceden compases 3/4 – 4/4 – 9/4 – 3/2 – 1/2 – 9/8 y 3/2, quebrados por síncopas, grupetos aumentativos, silencios y dinámicas varias. Por otra parte, no hay armadura; cada alteración cromática es un valor en sí misma... precisa, penetrante, necesaria. Y cuando uno acaba la audición, exhausto, se dice... 'era esto', no puede haber más. 
Desde el Beethoven camerístico tardío no ha habido una excelencia musical tan radical. 
Desde entonces la forma cuarteto no ha volado tan alta. Y seguimos esperando.
Aquí está el milagro del tercer movimiento:




lunes, 3 de junio de 2013

Mantener la "Cultura"



Algunos de los más celebrados (por populares y promocionados) creadores de este país (y ya no me refiero a los jetas y horteras de la farándula) siguen pensando que la administración del Estado debe apoyar eso que llaman Cultura en todas sus manifestaciones; entiéndase: el teatro, el cine, la música, las artes plásticas…  incluso la escritura (novela, poesía, ensayo). Pero en realidad no se refieren tanto a la promoción y cuidado de buenas escuelas de bellas artes, de teatro, de música, de cine, etc, sino más bien a dar dinero -¡prácticamente a mantener!- a grupos e individuos que se dedican a esos menesteres sin que nadie les haya obligado, como si todo el mundo (pues la administración no hace más que emplear el dinero que demanda a todos los ciudadanos) les debiera algo a esos individuos.
Puede deplorarse, por supuesto, que el Estado no dedique más pasta (de la nuestra, de la de todos) a investigación, educación, desarrollo de ámbitos de estudio específicos, bibliotecas… Molesta, naturalmente, que se impongan impuestos altos a cines, teatros y demás espectáculos similares; jode, por ejemplo, que el esfuerzo económico para poder entrar en una sala de cine se vaya equiparando poco a poco al que se hace para ir a la ópera (a lo caro de la ópera, que también jode, ya estábamos acostumbrados aun los usuarios de gallinero). Todo esto es evidente, claro, pero lo que parece que delata esa afición al intervencionismo de algunos que viven entre musas es el temor a una ciudadanía adulta y libre que atienda sus propios intereses culturales, artísticos e intelectuales, que decida qué quiere ver, oír, leer… y qué dinero gastar por ello. No creen que puedan vivir de eso. No se fían de una Cultura que no esté mantenida… porque no se fían ni de ellos mismos. Y saben perfectamente que el Estado que subvenciona no lo hace desinteresadamente, sino esperando una respuesta amable, fiel o cuando menos inocua y no lesiva para su imagen por parte del subvencionado. Nadie debe morder la mano que lo alimenta.
Hacer de una actividad privada y libérrima, como se supone que es hoy en día la expresión artística (¿qué artista actual, por muy descaradamente subvencionado que esté, no hace gala de esto continuamente?), un obligado asunto de servicio público no muestra más que la falta de independencia de la capacidad creadora del que lo reclama y el miedo a soltar amarras con respecto al cómodo y seguro proteccionismo maternal que brinda la administración pública.
Una cultura del subsidio no puede ser nunca una cultura crítica, o sea, una cultura viva; como mucho alcanzará el estatus de espectáculo aceptable. Porque la Cultura, mito entre los mitos de nuestra época, no puede ser  un deber social sin ser sospechosa.

sábado, 1 de junio de 2013

Un himno georgiano

Shen Khar Venakhi (Tú eres la viña)

Es un hermoso poema dedicado a la Virgen atribuido al rey, poeta y monje georgiano del s. XII Demetrio I. Su compositor es desconocido. Se trata de uno de los himnos marianos más populares de la Iglesia ortodoxa georgiana:

"Tú eres la viña recién florecida,
joven y bella
creciendo en el Edén.
Fragante nuevo álamo del Paraíso,
el mismo Dios te adorna.
Nadie merece más mi oración.
Tú eres la luz del Sol
brillando esplendorosa."

Lo canta el coro Rustavi (una institución en su país) ataviado con antiguo atuendo militar caucásico frente a una vieja iglesia de montaña de aire bizantino.
La rica polifonía de Georgia, contenida aquí en estática y sutil armonía, al servicio de la lírica cristiana más delicada... y transmitida por unos inspiradísimos guerreros. Maravilloso espectáculo llegado de otras épocas:




miércoles, 22 de mayo de 2013

Blade Runner. Gaff.


Después del poético adiós a la vida del jefe de los replicantes, Roy Batty, tan ponderado por melancólicos cinéfilos y neoexistencialistas varios (que no cayeron en la cuenta de la ridícula y kitsch “puerta de Tanhauser”, ‘puerta’ que podía haber sido de Gilgamesh, Salomón, Orfeo, o, incluso, Alejandro o…, no sé, Prisciliano; en fin, nombres que por su severidad -y belleza-, ya ficticia ya real, hubieran salvado del cartoné modernista el emocionado discurso final de la bestia rendida) es cuando de verdad viene el momento de crisis de Blade Runner.
Se trata del instante en que, inesperadamente, aparece el detective Gaff (figura interpretada por el actor Edward James Olmos) para dar cuenta del fin de la cacería y devolverle la pistola al heroico y maltrecho Rick Deckard (Harrison Ford).
Gaff es un humano del futuro, un superviviente adaptado a una urbe imposible -todas son sus lenguas y ninguna-, aparentemente indiferente al triste caos que lo envuelve, sobrio profesional que cumple eficazmente y sin protestas con su trabajo. Pero a la vez Gaff es una vieja figura del pasado; una sombra lírica de Bécquer con perfiles de solitario byroniano pintado por Friedrich: su aspecto de tísico, su elegante vestimenta decimonónica, su renqueante cadencia de anciano con bastón, su mirada bicroma, su solipsista virtuosismo con la papiroflexia microscópica, su desgarrada voz de fantasma desvinculado de ese mundo terminal… hacen de él el verdadero ser humano de la película. Un hombre entre máquinas.  
El breve instante al que nos referíamos contiene la ‘frase’ del largometraje. Dos frases, para ser más exactos. Dos frases, una afirmación seguida de una interrogación, que estallan en la banda sonora con la contundente y trágica guturalidad que a veces tiene la lengua inglesa:
“It’s too bad she won’t live”… y seguidamente: “But then again who does?” (“Es una pena que ella no pueda vivir”… “Pero,  quién lo hace?”)  
Se refiere a la bella replicante (androide) Rachel (Sean Young) de la que está enamorado el protagonista, Deckard.
La sorpresa es que cuando Deckard vuelve a buscarla a su casa se encuentra con una de las figuritas de papel hechas por Gaff. O sea, nuestro policía raro había estado en su apartamento, pero no había eliminado a Rachel (como debía). Ella estaba viva y durmiendo plácidamente. Pero ese breve, preciso y excelente final no acaba ahí. La figura de papiroflexia que se encuentra Deckard es un unicornio. El unicornio es un animal que sólo aparece en los sueños de Deckard. Entonces, ¿qué mensaje es el que le deja Gaff…? Sencillamente: Tú también eres un androide, tus sueños sólo son implantes, Deckard; eres una máquina como ella, pero yo os dejo marchar porque acaso también merecéis vivir, como cualquier hombre y mujer, como yo mismo… ¿Quién vive realmente?...
Ese “It’s too bad she won’t live… But then again who does?” perdura como un eco invasivo en nuestra memoria y nos desconcierta precisamente porque nos recuerda la muerte y la imposibilidad de vivir... para invitarnos a vivir.