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lunes, 9 de noviembre de 2015

¡Vinga!


Diputadets independentistas proponen ir a Madrit para exigir al Estado un máster (subvencionado) de cómo se monta un país; aunque sea un paiset: ¿la república dels caganers? El Estat (Madrit podrit), desagradecido, reacciona, ¡ostras, no me lo creo, neng!, y después de una zurra en el culo los devuelve convenientemente a casa (a sus respectivos pueblos, aldeas, cañadas, pedanías, covachas, gallineros y huras) e incluso pone algunos ante la justicia (podrida de Madrit). Se hace cumplir la ley y torna el estado de derecho, la separación de poderes y la democracia a Catalunya (aunque sea un poquito y más o menos). De paso, sopla la nórdica tramontana y empieza a limpiarse el aire mefítico creado por brujas, gnomos y trasgos. Venga. Ya. Que sí, que ya está bien de fascistas estelados. Y daos (estelaos) por contentos de que vivís en la dubitante democracia española porque en cualquier otro país democrático sólido llevaríais un buen rato en el Hotel las Rejas.

Paralelamente, este maleït Estat espanyol (Madrit podrit) se permite premiar con el Nacional de las Letras a Carme Riera, otra escritora (mallorquina) en catalán. Canallas.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Gómezdaviliana (XXVI)



A la vez, contra morales estrechas y contra la falta de decoro:

“Una pudibundez ridícula no le permite hoy al escritor inteligente tratar sino temas obscenos.
  Pero ya que aprendió a no avergonzarse de nada, no debiera avergonzarse de los sentimientos decentes.”

Y… ¡ay!; esta tarde he ido a dar un paseo por el barrio; sí (un “buen barrio”, dicen):


“El infierno no parece castigo tan desmesurado después de escudriñar un poco el vecindario.”

lunes, 2 de noviembre de 2015

Domenico Scarlatti oculto en Fargo

Me jugaría una caja de vino Teso La Monja a que el tema principal de la película Fargo compuesto por Carter Burwell está más que inspirado en el inicio de la sonata para viola d'amore y clave K-77 de Domenico Scarlatti (o al menos atribuida de momento a D.S.; yo no las tengo todas conmigo).
Escuchen el violín desde el segundo 37 al 1’30 minutos de la composición de Burwell:



… y ahora atiendan a los primeros 33 segundos y, aún más, el fragmento del minuto 5 al 5’30 de Scarlatti:



Es bastante obvio. No es sólo la coincidencia en carácter y ánimo; es la mismísima melodía de la música de Scarlatti que toma Burwell, quien apenas la disimula con una doble cuerda armonizada y ejecutada un poco a lo country (¡aunque sigue teniendo el aire napolitano!).

La sonata de Scarlatti es bellísima. La música de Burwell está muy bien.

viernes, 30 de octubre de 2015

La caída de Constantinopla


El día 29 de mayo de 1453, el sultán otomano Mehmet II, conocido como el Conquistador, decidió desencadenar el ataque definitivo sobre las murallas de la esplendorosa y acosada Constantinopla.
Tambores, trompetas y címbalos atronaron aquella mañana mientras casi cien mil bashi-bozuks, extravagantes mercenarios ataviados con ropas inverosímiles (recuerdo que ¡bashi-bozuk! era uno de los insultos favoritos del capitán Haddock), arremetieron contra las murallas con barcos, torres y escaleras. Cundió el pánico entre la población, pero los valientes defensores constantinopolitanos consiguieron rechazarlos. Inmediatamente atacaron las tropas regulares en una segunda oleada que debilitó las resistencias de lo que quedaba del imperio Bizantino. Pero no fue suficiente para tomar la ciudad. Fue entonces cuando Mehmet II lanzó a los temidos jenízaros, el ejército de élite otomano. Y llegó el final. Los últimos resistentes, un puñado de entregados marineros cretenses, depusieron las armas. La joya de la cristiandad oriental cayó luego de casi dos meses de asedio.
Cuentan ciertas crónicas que cuando el despiadado sultán entró en el palacio de Constantino XI Paleólogo junto a su guardia personal y se detuvo en una de sus espléndidas salas recitó unos versos del Libro de los reyes (Shahnamah) del poeta persa Ferdousí que cerraron, susurrantes y melancólicos, siglos de orgullosa civilización:

“La araña ya ha tejido su tela en el palacio imperial,
y el búho ha entonado su canción de vigilia
en las torres de Afrasiab.”

Ese instante de estática delicadeza dentro de la descomunal tragedia.
¡Oh, mundo antiguo! ¡Oh, épica medieval! ¡Oh, Imperios! ¡Oh, misterios del Oriente! ¡Oh, suntuoso pasado!


sábado, 24 de octubre de 2015

A Maureen O'Hara

Mi memorioso amigo Pack (o Kiowa, o Wilbpack) resucita este post que publiqué hace tiempo sobre Ford y Gombrowicz para recordar a la bellísima pelirroja ahora fallecida:

Es sorprendente la sinestesia que se puede producir repentinamente entre obras que nada tienen que ver unas con otras.
Memoria sensible, retención de una forma, despertar de recuerdos ocultos, interpretación personal modelada por el gusto, el capricho y el error, asociaciones subconscientes… y como resultado la rima de dos piezas creativas -apenas de dos fragmentos- de universos diferentes que quizás nadie en el mundo habría hecho nunca (pues si bien en el mundo hay muchísimos idiotas como yo e incluso de mucho mayor calibre, cada uno es idiota a su manera).

En este caso se trata de unas frases de la novela La seducción de Witold Gombrowicz (Pornografía, en su título original) y de una escena de la película El hombre tranquilo, de Ford.
El texto me llevó automáticamente a la escena de la película. Es un encuentro semi casual entre varios personajes de la novela durante un paseo que, de pronto, se enrarece inopinadamente:

“(…) Sin embargo, la general perplejidad prolongó el silencio por unos segundos… y aquello bastó para que la desesperación sofocante, la pena y todas las nostalgias del destino y la predestinación, se agolparan sobre ellos como en una pesada y errabunda pesadilla.” 

Y el fragmento de la película es éste:


Ese amor incontenible de Maureen O’Hara y John Wayne que florece silvestre entre ruinas góticas bajo una tormenta estival se carga espontáneamente de esa… “pena y todas las nostalgias del destino y la predestinación”, como escribe Gombrowicz, con las miradas suspendidas y tristes de los hermosos protagonistas del largometraje, como si en ese mismo momento de felicidad sobreviniera bestial la intuición maldita de la futura rutina, el tiempo y la muerte. Así captó Ford, con altísima acuidad,  la diamantina preciosidad fugaz del instante. Y de esa manera, sin saberlo, lo describió Gombrowicz para que yo lo descubriera.

(Para Bea.)

miércoles, 21 de octubre de 2015

Los concejos y la ballena del rey

Se sabe de la fuerza y dinamismo que adquirieron los tempranos concejos de la Edad Media en León y Castilla y su capacidad para restringir el poderío de la Corte. Estas primigenias reuniones políticas del ‘tercer estado’, como han querido ver en el concejo algunos historiadores, consiguieron importantes libertades y derechos civiles -muchos más que en otros lugares- y por ello prosperidad y poder, pero pagaron muchos servicios, especialmente fiscales.
Los reyes se podían llevar de los concejos rendimientos de explotaciones como minas, pesquerías o salinas; rentas sacadas de propiedades reales como tierras de labranza, bosques, molinos, viñas o huertos; impuestos directos (la marzazga y la fumazga, por ejemplo) e indirectos (sobre todo portazgos y pontazgos); diversidad de gabelas por pequeños negocios y aprovechamientos; parte de los botines en las acciones de guerra como deber militar… En fin, aparte de otros servicios curiosos como los de mandadería (mensajería), castellaría (trabajos de albañilería) y el conducho ocasional para el buen yantar del rey en sus visitas al municipio de turno. Había localidades, además, con prestaciones extraordinarias.
Pero de todos los servicios, el más extraño, difícil e incluso heroico, el más novelesco y fantástico, era el que tenían que cumplir algunas villas costeras que como la de Motrico (ya registrada al respecto en 1200 por documento de Alfonso VIII) suministraban anualmente a la corona nada menos que… ¡una ballena!. Regalar ballenas era una cosa de mucho lustre. Me imagino la ballena atravesando trigales bajo los azulísimos cielos castellanos.

¡Qué no hubiera sacado Herman Melville de este asunto!