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martes, 29 de enero de 2013

García vs Salido



20-I-2013 
Miguel Angel ‘Mikey’ García, con una estrategia y una precisión técnica excelentes, envió cuatro veces a la lona  a Orlando ‘Siri’ Salido, conquistando así la corona pluma de la Organización Mundial de Boxeo en el Madison Square Garden de Nueva York.
El combate fue detenido en el séptimo asalto tras un cabezazo involuntario de Orlando Salido que provocó la fractura de nariz del nuevo campeón, el cual estaba dispuesto a seguir a pesar de la cirugía estética repentina que le había dejado el apéndice nasal como un gancho de carnicero. Su aspecto era espeluznante.
(En la foto aparece García a la derecha.)

domingo, 27 de enero de 2013

Soledades, ermitas.



















Toda construcción románica transmite una sensación de austera dignidad; es testimonio de carácter cabal, manifestación de respeto tanto de lo divino como de lo humano. 

Pero acaso pocos edificios románicos nos transmiten una emoción tan pura como las sencillas ermitas, iglesias y monasterios que encontramos a lo largo y ancho de los campos de las Castillas, allá donde un cielo azul cargado de retablos de nubes se junta con una tierra alta y llana; una tierra aventada, seca y solitaria. Tierra de cereal y hueso.

Es difícil encontrar en el mundo una arquitectura más cercana y parca, y a la vez más utópica. El paisaje contribuye y conspira a ello. 
No hay armonía posible más elemental del hombre con la tierra. No hay sentido más próximo del cielo. Porque estos edificios están hechos para esa luz afilada y purísima, y para ese cielo inmenso, pero a la vez se acogen al suelo como un humilde y contundente accidente geológico.

El viajero que se acerca a ellos a veces los confunde con ruinas, y la mayoría son lugares vacíos donde nunca va nadie. Sin embargo, rara vez se siente ante ellos sensación de abandono. Sí de soledad y silencio. Soledades y silencios inmensos que atraviesan el tiempo y que potencian un permanente pálpito de serena súplica. 

Estos edificios mantienen una sobrecogedora soledad como vínculo inviolable con su pasado. Agradecimiento y recuerdo suplen la falta de agitación vital... afortunadamente para el viajero que se acerca cansado, que respeta y admira.


jueves, 24 de enero de 2013

La sangre devota


Si ha existido un poeta contemporáneo entregado al juego del amor y la religión al mismo tiempo es el mejicano Ramón López Velarde.
       Se dirá que hay muchos poetas de ese tipo, los que hacen del amor una religión y de la religión un amor, y es verdad; pero es difícil encontrar en la época reciente a uno que haya escarbado tan retorcidamente en el equívoco entre el lenguaje religioso y el amoroso, entre la devoción mística y la perdición carnal, entre la pureza sublime y la vulgaridad putañesca y sacrílega… a la búsqueda permanente y ansiosa de ‘algo’ nuevo, de algo que no se hubiera dicho ya. No es búsqueda de originalidad, es la búsqueda de una revelación… que no llega, y que no llega.

       No, no encontró exactamente nada ‘nuevo’ López Velarde, claro, pero esa práctica acabó por crear en su poesía una particular ética de la rareza, un sistema de hipersensibilidades exasperadas; virtuales sinestesias del descontento que avanzan a la búsqueda de lujurias inasibles en exquisitas pantomimas de escenarios íntimos. (Si leen su poesía, se darán cuenta de que este tremendo último párrafo no es exhibición, sino que es de una exactitud casi matemática.)
       Y está, claro, la muerte, promesa recreada, la amante que no falla, la lujuria última.
       Y también hay un marco espacial ruraloide y cerrado, exagerado sin duda y por ello perfecto para conseguir transmitir el sofoco de un alma y un cuerpo que apenas se pueden contener ante el acoso del poderoso almizcle de la tierra mojada, los inciensos, las alcobas, las camas, los cirios, los sexos femeninos, los altares y los cementerios aldeanos.
     
       Aquí no hay un don de la ebriedad, como diría el otro, sino más bien la condena a una ebriedad sin bridas, maldita, enfermiza, dependiente, también sarcástica, en la que no cabría más descanso que el Fin. 
       Bueno, bien se ve que esta descripción es ya un contagio de su poesía. Una intoxicación. Ningún lector fiel de su obra puede quedar inmune. Que te intoxique una poesía (¡que, como ésta, en principio no te gusta por aparentemente prosaica, provinciana, fracasada y arrítmica!) es señal, cuando menos, de vigor creativo, de carácter, de empeño y, generalmente, de talento.

       Cómo no, algunos versos:

*A su prima:
“(…) A la hora de comer, en la penumbra
quieta del refectorio,
       me iba embelesando un quebradizo
       sonar intermitente de vajilla
       y el timbre caricioso
       de la voz de mi prima.
                          Águeda era
       (Luto, pupilas verdes y mejillas
       rubicundas) un cesto policromo
       de manzanas y uvas
en el ébano de un armario añoso. (…)”

*A la gracia primitiva de las aldeanas:
“(…) Buenas mozas: no abrigo más empeños
que oír vuestras canciones vespertinas
llegando a confundirme en las esquinas
entre el grupo de novios lugareños.
Mi hambre de amores y mi sed de ensueño
que se satisfagan en el ignorado
grupo de doncellas de un lugar pequeño. (…)”

*A su amada en Cuaresma:
“(…) Yo te convido, dulce amada,
a que te cases con mi pena
entre los vasos de cebada
de la última noche de novena.”

*A su amada:
“(…) Toda tú te deshaces sobre mí como una
escarcha, y el traslúcido meteoro prolóngase
fuera de tiempo; y suenan tus palabras remotas
dentro de mí, con esa intensidad quimérica
de un reloj descompuesto que da horas y horas
en una cámara destartalada. (…)”

*A su amada:
“(…) Y así te imploro, Fuensanta, que en mi corazón camines
para que tus pies aromen la pecaminosa entraña,
cuyos senderos polvosos y desolados jardines
te han de devolver en rosas la más estéril cizaña.”

*A una amada:
“(…) Tanto se contagió mi vida toda
del grave encanto de tus ojos místicos,
que en vano espero para nuestra boda
alguna de las horas de pureza
en que se confortó mi gran tristeza
con los primeros panes eucarísticos.”

*A una mujer:
“Cumplo a mediodía
con el buen precepto de oír misa entera
los domingos; y a estas misas cenitales
concurres tú, agudo perfil; cabellera
tormentosa, nuca morena, ojos fijos;
boca flexible, ávida de lo concienzudo,
hecha para dar los besos prolijos
y articular la sílaba lenta
de un minucioso idilio, y también
para persuadir a un agonizante
a que diga amén.
(…) y tampoco sabes que eres un peligro
armonioso para mi filosofía
petulante… Como los dedos rosados
de un párvulo para la torre baldía
de naipes o dados.”

*A la mujer hermosa:
“(…) Mas contemplo en tu rostro
la redecilla de medrosas venas,
como una azul sospecha
de pasión, y camino en tu presencia
como en campo de trigo en que latiese
una misantropía de violetas. (…)
Yo desdoblé mi facultad de amor
en liviana aspereza
y suave suspirar de monaguillo;
pero tú me revelas
el apetito indivisible, y cruzas
con tu antorcha inefable
incendiando mi pingüe sementera.”

*El amor y la muerte:
“(…) Mis besos te recorren en devotas hileras
encima de un sacrílego manto de calaveras,
como sobre una erótica ficha de dominó (…)”

*El son del corazón:
“(…) Y soy el suspirante Cristianismo
al hojear las Bienaventuranzas
de la virgen que fue mi catecismo.
(…) La redondez de la Creación atrueno
cortejando a las hembras y a las cosas
con el clamor pagano y nazareno. (…)”


miércoles, 23 de enero de 2013

Gómezdaviliana (II)




Como ya se dijo, volvemos a Nicolás Gómez Dávila.

Recojo a capricho y por temas aforismos de sus Escolios a un texto implícito. En este caso dos que podrían ir en sucesión. Sus miles de reflexiones están unidas por vías comunicantes.

Religión:

"La religión no se originó en la urgencia de asegurar la solidaridad social, ni las catedrales fueron construidas para fomentar el turismo" (...) "La verdadera religión es monástica, ascética, autoritaria y jerárquica"

lunes, 21 de enero de 2013

Ripios


Si es tantas veces dudoso aquello de que una imagen vale más que mil palabras, no lo es tanto, curiosamente, referido al concepto literario de ‘ripio’ cuando echamos mano al mundo de la construcción y nos acercamos a observar con algo de detenimiento un muro de mampostería. De mampostería ordinaria, preferentemente.

Aquí tenemos un muro de mampostería ordinaria, la clásica, la que más se encuentra a lo largo y ancho de nuestro país.
Y… ¿qué es el ripio en esta foto? Pues el ripio son los trocitos o escombros de obra que se emplean para tapar los huecos que quedan entre las piedras. El término procede del verbo latino repleo, etc. (pleo, ‘llenar’), o sea, ‘rellenar’.
De ahí viene su desprestigio literario. Es un relleno.

Sin embargo, el relleno, en el muro real de piedra, es absolutamente necesario, incluso bonito.
Es lo que tiene la materia, que cuando es necesaria siempre acaba gustando.
Y siempre sabemos cuando es necesaria.

Imaginemos un taller de mampostería ordinaria… Qué cosa más seria, más severa, más sólida y más simple a la vez; algo de lo que uno, en principio, se puede fiar. En cambio, ¿quién se fiaría de un “taller de palabras”?...


jueves, 17 de enero de 2013

"Choque de civilizaciones"



La tan traída y llevada “alianza de civilizaciones” fue una raquítica entelequia sin contenido puesta de moda durante aquel gobierno de adolescentes hijos de la Logse. 
La realidad de la historia siempre ha sido (y sigue siendo, quizás ahora más que nunca), más bien, el “Choque de Civilizaciones”, una idea antigua, pero recientemente precisada y puesta en el candelero por el célebre trabajo del profesor Samuel Huntington (y anterior, naturalmente, a su antónimo "alianza de civilizaciones").

En este vídeo tenemos cifrada en una fantasía visual lo que pasa cuando un pueblo conquistador no tiene nada que aportar a una tierra conquistada. (Se trata de unos vikingos que llegan a la costa norteamericana [como realmente ocurrió]. Es una escena de la hermosa y violentísima película Valhalla rising del director danés N. Winding Refn.)

El conquistador enmudece y el conquistado se crece.

Es un choque de ‘civilizaciones’ (abusando aquí, sin duda, de este concepto) de primera hora. Desencuentro inicial y precipitación fatal.

El problema no es tanto la reacción del conquistado, sino la capacidad civilizadora (y militar; van unidas) del que conquista.

Desde luego, los vikingos, no tuvieron ninguna.

*(Comprenderán que el primer párrafo de este texto era evitable, pero... ¡es que tenía que ponerlo!)





lunes, 7 de enero de 2013

Vindicación (poética) del reaccionario (auténtico).



En principio, sorprende que fuera Nicolás Gómez Dávila, un pensador colombiano al margen de modas literarias, políticas e intelectuales, quien con más convencimiento argumental, estilo y singularidad poética reivindicara en pleno siglo XX la figura (maldita) del reaccionario.

De entrada reconoce en el reaccionario (auténtico, hay que aclarar) la lealtad a la derrota y la “inmoralidad” de resignarse a ella; hecho que, según él, descoloca tanto al progresista radical como al progresista liberal, las dos caras de la misma nefanda moneda de dominación actual.
Si el reaccionario asume como capricho el condenar la historia (gesto tan propio suyo) no es por deporte o puro sentido del espectáculo, sino porque ve que las fuerzas sociales coinciden en una dirección inamovible hacia una meta (adivinada) que no le interesa, que desprecia y que no puede desembocar, según él,  más que en una arrasada e incierta “llanura estéril”.

Ello no implica que mire al pasado aferrándose a las últimas sombras de algo que desaparece (idea que tienen muchos del reaccionario) ni que anhele un mañana mejor según las típicas tradiciones humanitaristas, sino que reconoce o intenta reconocer las “esencias” que lo ponen a prueba como hombre con sus “presencias inmortales”. Ahí es nada.

La relación con las presencias inmortales implica “perseguir en la selva humana la huella de pasos divinos”. Esto no es grandeza pomposa o religiosidad demente, como pensarían enseguida el progre y el conservador (y cualquiera), sino fenómeno que se puede hallar, por ejemplo, a partir del cruce de miradas entre nosotros y el miserable que pide ayuda tirado en la calle.
Tampoco es esto para él zafarse irresponsablemente y sin más de “la servidumbre de la historia”, que hunde y quiebra constantemente la pretendida libertad del hombre de la que tanto hablan progresistas y conservadores y toda clase de demócratas de última hora.
No, el reaccionario se aficiona a causas intempestivas, anacrónicas; a causas, por ello, que “no importa perder”.  Lo importante es “la ruptura del futuro” (improbable, claro) con lo que considera él “sórdido presente” y no tanto la reconstrucción de un pasado idealizado.
“Izquierdas” y “derechas”, si es posible hoy hablar así sin confundir (o hablar sin interés ideológico personal y sin pereza), son para el reaccionario instancias de poder que juegan a la disputa de la posesión de una sociedad industrializada y pletórica de la cual nuestro hombre ‘reactivo’ sólo “desea su muerte” porque ve en ella un péndulo oscilatorio de fatalidad entre el “despotismo de la plebe y el despotismo del experto”.
Así, el reaccionario admite someter su voluntad a necesidades que no imponen sino que se acaban reconociendo dentro de una vivencia de la libertad que se rinde gustosa a evidencias que guían suavemente “a la orilla de estanques milenarios”. Y esta lírica no debe ser pariente de vaporosos sueños nostálgicos, más bien exige el coraje de un incansable buscador “de sombras sagradas sobre colinas eternas”.

(P.D. Vale, hombre, ya se había avisado de que la “vindicación” era poética. Volveremos sobre Gómez Dávila.)



viernes, 4 de enero de 2013

Confesiones




No sería exagerado decir que el género literario de las "confesiones" ha gozado de una excelente salud desde su brillantísima inauguración en el s. IV con San Agustín (por no mencionar el género "meditaciones" o "reflexiones" de los clásicos, donde con más o menos aparente disimulo se 'confesaba' el autor de turno) hasta nuestros días. Días éstos hipertrofiados de confesiones de todo tipo: literarias, testamentarias, políticas, profesionales, intelectuales, familiares, íntimas, médicas, psicológicas, psiquiátricas, radiofónicas, televisivas, teatrales, cinematográficas, etc, etc. 
Qué peste de manía confesional se nos impone a todos sin haber pedido nada. Qué gran deseo el de la gente de confesar lo que nadie quiere oír. Qué presunción, qué falta de cálculo, qué indelicadeza, qué indiscreción, qué aburrimiento, qué cinismo...

Pero lo verdaderamente cínico es la incomprensión y más aún el rechazo del sacramento de la confesión católica en un confesionario de la mayoría de esta población que va detrás de la confesión más imperativa, burda y soez (sea suya o ajena). 

Quien con más elegancia y precisión ha expresado esta contradicción ha sido el matemático más brillante del s. XVII, Blaise Pascal (en sus Pensamientos; un fragmento sobre El amor propio):

"... He aquí una prueba que me horroriza. La religión católica no obliga a descubrir los pecados ante todo el mundo indiferentemente" -(como se hace hoy día en cualquier espectáculo televisivo-periodístico que se precie, apunto yo)- "... permite que permanezcan ocultos a todos los demás hombres, excepto a uno solo, a quien manda que descubramos el fondo de nuestro corazón tal cual es. No hay más que este solo hombre en el mundo a quien nos ordena desengañar, y a él le obliga a un secreto inviolable que hace que este conocimiento sea para él como si no existiera. ¿Se puede imaginar nada más caritativo ni más suave?" -(perfectos adjetivos, "caritativo, suave", si lo comparamos con las repugnantes confesiones contemporáneas, a menudo torturantes o denigratorias, públicas [voluntarias o casi siempre compradas] y clínicas, añado yo)- "...y, sin embargo, la corrupción del hombre es tal, que encuentra todavía dura esta ley; y ha sido una de las razones que ha hecho rebelarse contra la Iglesia a una gran parte de Europa. ¡Qué injusto e irrazonable es el corazón del hombre que encuentra mal que se le obligue a hacer ante un hombre lo que sería justo, en cierto modo, que se hiciera ante todos los hombres!"

No hay duda de que en esta pérdida de lo que podríamos llamar modales (sólo por observar el carácter estético del sacramento de la confesión) hay un rebajamiento de la sensibilidad y capacidad civilizadora de la sociedad.



martes, 1 de enero de 2013

"Pastorela"



Un tipo nunca puede representar un país y menos a un gran país como es Méjico, pero casi cualquier país, incluso Méjico, puede estar representado por cuatro o cinco tipos estándar que darán una idea, cuando menos, de la gente que se va a encontrar uno por la calle.

En la enloquecida película Pastorela, de Emilio Portes, encontramos a ciertos tipos maravillosamente caricaturizados propios del Méjico popular como son el encabronado, el culero y el paternal mandón, representados magistralmente por los actores Joaquín Cosío, Eduardo España y Carlos Cobos, respectivamente.

En esta primera escena de Pastorela vemos cómo se calientan el arcángel y el diablo antes de salir a ensayar (ojo a partir del minuto 1:45; patético momento de dos adultos ridículos y fabulosa la naturalidad de los actores Joaquín Cosío y Eduardo España; se diría que aún no estaban rodando y que los han pillado; qué extraordinaria retahíla de epítetos le dedica el ángel al diablo):


...Y en esta otra escena asistimos, con Carlos Cobos (y Cosío), a una bendición apremiante y definitiva:



¡Qué grandes comediantes tiene Méjico!


domingo, 30 de diciembre de 2012

"Suscepti muneris", hoy.



En la entrada sobre "Iglesia y toros" (ver) hablábamos del Breve papal "Suscepti muneris". En ese documento se pedía, entre otras cosas, que las corridas de toros no se celebraran -ojo- en días festivos.
Imagínense una buena corrida un lunes, un viernes o un sábado laborables, es igual. Imposible. Fiestas de guardar y toros van unidos. La sacralidad es la sacralidad, venga de donde venga, y si va junta, mejor.

Pues bien, ahora se descuelga el arzobispo de Barcelona diciendo que los comercios no deberían abrir los domingos para que las familias celebren unidas el día, etc, etc. Parece que todavía no se ha enterado de que la familia que va de compras unida permanece unida. Pocas cosas ciñen más el círculo familiar que la furia comercial que se desencadena en estas fechas navideñas. ¡Aaay!, a cuántas familias salvaría de esa murria dominical que aísla a los individuos con su bilis melancólica provocadora de irracionales resentimientos un comercio abierto.
Pues eso, que la sacralidad es la sacralidad, y si el domingo hay misa por la mañana y por la tarde compras, mejor que mejor.



lunes, 24 de diciembre de 2012

Natividad. (Gentile da Fabriano.)



Hoy es Nochebuena:





En la parte izquierda de la predela del fastuoso retablo pictórico de La Adoración de los Reyes Magos de Gentile da Fabriano se encuentra una Natividad tan aparentemente pequeña como artísticamente preciosa.

Sí, en principio es una una humilde miniatura de carácter casi primitivo si la comparamos con la pintura principal del retablo, pero la vital imaginación de Gentile hace de la escena uno de los nacimientos más encantadores de la pintura de su época (que ya es decir).

Aparte de la iluminación del fondo superior derecho donde un ángel anuncia a los pastores el acontecimiento, toda la luz surge del niño Jesús en un efecto teatral absolutamente... 'moderno' (y estamos a principios del s. XV). Las vivaces figuras de los animales, la gruta y la casa están dulcemente modeladas por el foco que asciende del suelo, mientras que la Virgen y San José se representan con drapeados contrastados pero con más uniformidad lumínica. El santo, de una concisión estilística maestra, se apoya agachado en un leve y elegante arbolito de estilización románica que ‘tuerce’ su tronco para respetar la curva del nimbo dorado de su cabeza. Vaya delicada convicción la del artista. José es viejo, está cansado y duerme, mientras que su joven esposa se inclina hacia su hijo en un gesto de sagrada adoración y las dos mujeres de rojo se reparten indiferencia y curiosidad por el hecho. Hay un telón de fondo oscuro de montañas (¡en el que se abre la cueva!) y un cielo alto, plano y estrellado.

Refinamiento contenido (detalles de las figuras, vestimentas) y áspera, casi ruda sencillez (escenario general) se combinan de manera deliberada y casi diríamos 'natural' buscando no tanto el aplauso del espectador, sino sólo la sinceridad humilde de tosca gracia y la originalidad con que el pintor ‘ha visto’ el tema y se ha recreado sin complejos en él.
Quizás es una composición rara, pero es coherente y extraordinariamente sensible en la íntima atracción que consigue de un tema tratado habitualmente de manera demasiado lujosa a lo largo de la historia.
Qué precioso e inteligente uso de la libertad formal.



sábado, 22 de diciembre de 2012

BWV 61


Inmenso es el caudal de música que nos ofrecen las cantatas de Bach para el tiempo de Adviento y Navidad entre arias, duetos, coros, corales, ariosos y recitativos.
Es en estos últimos, como es natural, donde menos expectación emotiva se crea, y se pasa por ellos como por una convención narrativa preparatoria del movimiento siguiente.
No obstante, en la cantata BWV 61, escrita para el primer domingo de Adviento, hay un recitativo para bajo absolutamente memorable desde la primera audición, cosa bastante inusual en la producción bachiana.
Se trata del “Siehe, ich stehe vor der Tür und klopfe an (…)” (“Mira, que estoy a la puerta y llamo…”).
Son dos frases muy sencillas tomadas del Apocalipsis de San Juan que dicen:

“Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré donde él y cenaré con él y él conmigo”

Es la última de las siete cartas enviadas a las comunidades cristianas, las siete iglesias principales que representaban en aquel momento la Iglesia universal.

Lo que asegura aquí Cristo no es su llegada, sino su presencia y “la cena” o última reunión del día entendida como comunión.
Es una clara anticipación, dentro de una primera cantata de Adviento como es ésta, de lo que va a 'pedir' el Mesías que está a punto de nacer. Es la irrupción inesperada de su propia voz, cabría pensar que intempestiva y casi admonitoria, que sorprende al creyente. Sin embargo, la música de Bach convierte el texto en un momento lleno de dulce serenidad. La voz declama una melodía que está pensada para realzar todas y cada una de las palabras con un sentido dramático milagrosamente sutil porque aúna suavidad y majestad. Bajo la voz se oye, leve, un lento pizzicato de la cuerda que apuntala las palabras en cada tiempo de los diez compases de cuatro por cuatro.
No hay duda de que Bach buscaba algo especial; un efecto de epifanía, tanto más sorprendente por su misteriosa expresividad. Para el que celebra en estas fechas la llegada del Mesías, estos milagrosos escasos diez compases de música (un minuto y poco de reloj) han de ser un símbolo de adoración, han de  revelarse como un sacramento.
Si, además, la interpretación es la de Kart Richter con la voz absolutamente incomparable de Fischer-Dieskau, ya se ha conseguido (la imagen del vídeo no es la apropiada para el tiempo que representa la cantata, evidentemente, pero esta versión es obligada):





jueves, 20 de diciembre de 2012

"Tu Jesús personal"


Ahora que los grandes almacenes y los políticos han adelantado (como siempre) la Navidad, recordemos al que nadie quiere recordar de una manera alternativa y, como diría el tanguista, un poco fané.

Personal Jesus es una canción del grupo pop Depeche Mode editada en 1989 que alcanzó un enorme éxito. 
En principio, la canción se refiere a la capacidad de amor que tenemos para con los demás; de cómo nuestro corazón, cuando es generoso y se entrega, es como un Dios encarnado, como Jesús; así que todos podemos buscar a nuestro "Jesús personal".
No obstante, la canción, con razón, también se recibió como una crítica a las rebajas religiosas de cierto evangelismo contemporáneo y su venta de fe 'vía telefónica'.

La letra:

"TU PROPIO JESÚS PERSONAL.
ALGUIEN QUE OIGA TUS PLEGARIAS,
ALGUIEN QUE SE PREOCUPE.
TU PROPIO JESÚS PERSONAL.
ALGUIEN QUE OIGA TUS PLEGARIAS,
ALGUIEN QUE ESTÉ AHÍ.
TE SIENTES EXTRAÑO
Y ESTÁS SOLO,
CARNE Y HUESO
HACIA EL TELÉFONO,
LEVANTA EL AURICULAR,
YO HARÉ DE TI UN CREYENTE.
QUÉDATE CON EL INSTANTE.
PONME A PRUEBA.
LAS COSAS MÁS OCULTAS
QUE NECESITAS CONFESAR
YO LAS LIBERARÉ.
SABES QUE YO PERDONO.
EXTIENDE Y TOCA LA FE
EXTIENDE Y TOCA LA FE
TU PROPIO JESÚS PERSONAL…"

Aquí la versión sobria y doliente que hizo Johnny Cash de la canción:


Y aquí la canción original de Depeche Mode 'remixada' en un vídeo en el que, mmmm... una encantadora doncella católica es salvada de la muerte milagrosamente por su genuina fe frente a la barbarie fanática de un grupo de puritanos protestantes (je, je...).
(Realmente lo que se ve en este vídeo es lo que pasaría si de verdad tuvieramos una fe pura e inquebrantable, como dijo Kierkegaard, caminaríamos sobre las aguas y flotaríamos en el aire.)
Feliz Navidad








miércoles, 19 de diciembre de 2012

Aficionados a los toros


Vintage. Diversas figuras nacionales y extranjeras en los toros:




El presidente de la Generalitat catalana Lluis Companys, gran aficionado a los toros, recibido en el palco de la Maestranza de Sevilla.

                                    Bergamín y Alberti en la plaza de Las Ventas de Madrid


                                                El Che Guevara en la plaza de Las Ventas

                                   Cocteau, Picasso y Luis Miguel Dominguín en la plaza de Arlés

                                               Hemingway en Las Ventas

                                                Orson Welles en la Maestranza

                                                       Rita Hayworth en la Maestranza


  Charlton Heston en Las Ventas

                                                       Grace de Mónaco en Las Ventas

                                          Yul Brynner (con sombrero) en la plaza de Alicante


                                                       Ava Gardner en la plaza de Bilbao

(...)






Iglesia y toros





Las relaciones de la Iglesia con los toros siempre fueron de tira y afloja.
Cabe pensar que, desde el principio, la Iglesia veía en esas antiguas prácticas un residuo claramente religioso-pagano propio de religiones secundarias y primarias (zoomórficas y numinosas; de la antigüedad histórica y de la prehistoria). Al respecto escribió negativamente San Isidoro de Sevilla. Trató sobre los dioses gentiles y su culto demoníaco (se refería especialmente a los sacrificios cruentos de animales y sobre todo a la muerte de personas en fiestas con toros).
Por el contrario, curiosamente, parece ser que también a principios del s. VII el rey Sisebuto censuró a Eusebio, obispo de Tarragona, su gran afición a los espectáculos taurinos.
Por ello, muy tempranamente encontramos contradicciones referidas a los toros en el seno de la Iglesia.
Luego, al menos desde el s. XI, se sabe de la existencia de juegos con toros en fiestas de bodas (con la doble variante “caballeresca” y “rural”). Entre ellas se documentan, por ejemplo, la de Alfonso VII o la de doña Urraca. Por tanto, la Iglesia española no estaba lejos de esas fiestas que rechazaba o aprobaba (quizás sería más correcto decir que ‘toleraba’) según el gusto particular.

Alfonso X no gustó demasiado de las fiestas de toros aunque tuvo que ver cómo abundaban en su tiempo (s. XIII), y en ocasiones con la evidente participación de religiosos.
La oposición eclesiástica a los toros se hizo notar más a partir de los ss. XV y XVI, tiempo en que se instituyeron prohibiciones sobre la presencia de clérigos en corridas.
El confesor de Isabel la Católica pretendió que saliera una firme prohibición de la real figura, pero ésta, 
sin ser en absoluto aficionada, se negó a tal petición (demostrando, por cierto, más tolerancia que 
ciertos políticos actuales). Lo mismo ocurrió con Felipe II, a quien el embajador cura Sosa propuso 
eliminar toda suerte de práctica taurina, oponiéndose el monarca sin negarse, empero, a discutir el tema 
(cómo olvidar a su padre, Carlos I y V, gran disfrutador de lances de toros).
En fin, que en esas épocas la polémica se extendió hasta que diversos papas echaron ojo al asunto.
Fue Pío V el más beligerante contra los espectáculos taurinos; sencillamente, se le ocurrió prohibirlos (Bula “De Salutis”). Gregorio XIII (inmediato posterior a Pío) aflojó y anuló los castigos apuntados por su predecesor contra seglares (no así contra religiosos). Luego, Sixto V, tuvo una enconada disputa con el Claustro Universitario de Salamanca por su intento de actualizar los castigos de Pío V. En el caso participó, entre otros reconocidos doctos profesores, fray Luis de León (defensor de los toros), el cual redactó un escrito de protesta dirigido a la autoridad vaticana.
Fue Clemente VIII con la Breve “Suscepti muneris” quien logró imponer más prolongado sosiego en la ‘batalla’ al reconocer que las corridas eran práctica festiva fundamental en España y que no había que exagerar en cuanto a su irreligiosidad. Claro, hay que tener en cuenta que incluso se celebraban toros en canonizaciones; sin ir más lejos, en la de Santa Teresa de Jesús se realizó una doble hecatombe (200 toros). Así, desde el mencionado Clemente, las condenas quedaron sólo (y en teoría) para monjes y frailes de órdenes e institutos regulares.

Sea como fuere, religiosos de toda laya continuaron asistiendo a todo tipo de fiestas taurinas. La cosa estaba poco menos que imposible de desarraigar; con decir que en el s. XVIII se alegraban las primeras misas de los sacerdotes con festejos taurinos…

Mucho más tarde no han faltado autoridades religiosas vaticanas contemporáneas que han querido revitalizar la Bula de Pío V, últimamente, además, facilitadas por los escritos de Juan Pablo II sobre los animales (sobre el "alma" de los animales -vaya, por eso se les llama "animales", de anima-), pero lo cierto es que, más o menos, seguimos (seguramente con bastante más indulgencia) parecido que siglos atrás. Y que dure.



martes, 18 de diciembre de 2012

Sensatez creativa



Ya que Google nos recuerda el aniversario del celebérrimo ballet El Cascanueces de Tchaikovsky, dejo aquí una anécdota apócrifa e incorrecta sobre este inequívoco genio ruso.

Se cuenta que cuando Iván N.,  joven admirador del compositor, con el que mantenía largas conversaciones musicales, torpe pero tan aficionado él a la composición como orgulloso de su condición de homosexual, se enteró de que su idolatrado creador también era sospechoso de homosexualidad no paró de darle la brasa sobre las ventajas de unas sensibilidades "como las suyas" a la hora de crear obras "preñadas de fina emoción". Después de mucho tiempo, harto ya el pobre Tchaikovsky del decantado discurso del muchacho, le respondió: "Desengáñate ya Ivanito, que si no sabes modular, por muy maricón que seas no tienes nada que hacer en la composición."

Bueno, recordemos a Tchaikovsky como se merece y escuchemos uno de los "paso a dos" más bellos de la historia del ballet (de El Cascanueces, claro):




Alegría. (Un homenaje a la Ópera en España.)



Vino, música para todos y un bar como Dios manda.
No estamos tan mal.




lunes, 17 de diciembre de 2012

Saber contar. "Centauros del desierto."




Esta breve escena muestra toda la maestría de un director de cine (John Ford). No creo que sea la mejor escena de la película (Centauros del desierto, The searchers), como algunos afirman, pero es suficiente para ilustrar qué es saber contar sólo con imágenes.

El reverendo y ranger de Texas Sam Jonson (Ward Bond) se queda solo en el comedor de la casa de los Edwards mientras acaba su desayuno antes de salir a rastrear el territorio en busca de indios hostiles. De pronto, sin quererlo, contempla cómo en una habitación contigua la señora Martha Edwars acaricia con mimo la capa militar de su cuñado Ethan Edwards (John Wayne), hospedado en la casa familiar después de muchos años desaparecido. El reverendo en seguida deja de mirar y permanece inmóvil con la vista fija y perdida fuera de la pantalla. Aparecen Ethan y Martha, que se despiden con la contenida dulzura de un amor que no pudo (ni puede) ser. Sam, sin mirar, es testigo único del momento.

Lo perfecto de la escena es que hay un testigo imposible de esa intimidad entre los cuñados. Si no estuviera presente el personaje que interpreta Ward Bond, la despedida de Ethan y Martha perdería casi toda la secreta delicadeza íntima y dramática que transmite. Ese personaje interpuesto, quieto, con su mirada lejana, pone en evidencia precisamente todo lo que no sabemos entre los cuñados; todo lo que no se puede ver y ni siquiera se debe contar (en la escena no se articula ni una palabra), pero que en ese mismo instante se condensa en la pantalla gracias a esa figura congelada que nada mira, pero todo ve y… nos hace ver. 
Y no hace falta más. Magistral.





viernes, 14 de diciembre de 2012

Gould sobre Richter


Tras una introducción en la que describe dos tipologías fundamentales de intérpretes, Gould resume en pocas palabras el poder interpretativo de Sviatoslav Richter y la manera de hacer suyas y transfigurar ciertas obras trascendiendo la relación técnico-mecánica con el piano.
Uno de los casos más notables, según el canadiense, era el de la sonata en G mayor D. 894 de Schubert, la que parcialmente ilustra este vídeo.

Las sonatas para piano de Schubert dejaron de interpretarse durante mucho tiempo tras la muerte del compositor. Hasta casi mediados del s. XX no volvieron a interpretarse regularmente. Entre otras consideraciones había un problema de sentido. Conseguir la cohesión precisa para otorgar sentido unitario a las sonatas maduras de Schubert es un problema que sólo los más grandes resuelven. Sviatoslav Richter fue el que dio la lección, hasta ahora, definitiva.
En el vídeo, aun momentáneamente, se observa la lentitud parsimoniosa, premeditada, del ruso y se aprecia ese sonido delicado pero pleno y cargado de reflexiva intención en el que cada acorde se deja resonar y absorbe al siguiente de manera que se despliega, paso a paso, una fascinante perspectiva de significado musical.