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sábado, 30 de mayo de 2020

El mito de la Cultura. "El tren".

La magnífica película El Tren, de John Frankenheimer, puede ilustrar el concepto del mito de la Cultura proveniente del materialismo filosófico. Su cara más siniestra.
En esta escena final, el oficial nazi que, con la guerra casi perdida, ha querido a toda costa llevarse una selección de pinturas contemporáneas de algunos museos de París, expresa a su adversario (un ferroviario francés que desesperadamente ha saboteado el tren del arte desde el primer momento) lo que significa estar investido por la gracia de la Cultura, sustituta en el mundo moderno de la vieja gracia divina. El alemán, desde su discurso, es un hombre que se sitúa por encima del resto. Se considera un hombre culto, un hombre superior, frente al “bruto”, un hombre inferior, que tiene delante.  Al fondo hay una montaña de personas recién ejecutadas, sin más, por el oficial en retirada. Ellos no cuentan, cuenta la “Cultura”. 
Como es lógico, el ferroviario, hombre de bien, no puede hacer más que exterminarlo.
Quizás sin pretenderlo Frankenheimer simboliza en el nazi el espíritu idealista alemán. No sabemos si el cineasta era consciente de que fue básicamente la cultura del idealismo alemán y su nacionalismo la que secularizó el concepto de la Gracia divina y lo aplicó a su pueblo con el Volkgeist, el espíritu del pueblo, de ‘un’ pueblo. Un espíritu que sopló al final para arrasar un continente entero y causar 60 millones de muertes.
Recordemos una vez más la famosa frase de Epicuro:
“Toma tu barco, hombre feliz, y huye a vela desplegada de toda forma de cultura.”
(La película sigue joven y se sigue disfrutando como siempre.)


domingo, 24 de mayo de 2020

Homenaje a García-Trevijano. "Frente a la gran mentira."

Este documental, realizado por Atanasio Noriega y algunos de los seguidores de Antonio García-Trevijano del MCRC (Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional) es importante para entender qué fue la Transición, por qué no hubo ruptura, qué significa hoy el sistema “democrático” de partidos, por qué mandan las oligarquías económicas y políticas, por qué impera la corrupción, amén de para ver claramente cómo debería funcionar un sistema democrático realmente representativo (cuán diferente debería ser el sistema de candidatos y de votos) con separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial. No pretende ser la verdad, pero sí una alternativa muy factible al catastrófico marasmo que nos asola desde hace décadas. Como ya hemos apuntado aquí en otras entradas, Trevijano fue un intenso teórico y erudito de la teoría política y de la democracia, pero nunca renunció a transmitir sus ideas a la población en general. Este documental es de obligada visión para todo aquel ciudadano que no sea indiferente a los problemas que nos trae la política y a la situación actual del país: 



Aquí el audio del libro de García-Trevijano (Frente a la gran mentira), gentileza de Jorge Duarte Urdiales: 


sábado, 25 de abril de 2020

La Chacona (I). Vasa Prihoda.

Iniciamos una serie sobre la obra más grande nunca escrita para violín solo. La Chacona de la Partita n2 de J. S. Bach.

El checo Vasa Prihoda, hoy demasiado olvidado, fue uno de los más sobresalientes intérpretes de esta pieza. La hizo por completo suya y fue referencia inexcusable para otros virtuosos.
Su Chacona es amplia de acordes, con bases armónicas extraordinarias. Expansiva en resonancias y con unas dinámicas intensamente dramáticas, un poco al límite en su tensión sonora, pero nunca cargadas ni bruscas en exceso a pesar de la presión ejercida sobre su arco titánico. Comprende el largo movimiento en toda su integridad y acaso se excede por momentos en un virtuosismo progresivo un poco romántico en los pasajes monódicos rápidos y en los desmesurados y anonadantes arpegiados, momento originalísimo de esta grabación. Pero todo, oh milagro, es transparente. Su capacidad superior para el legato le lleva con demasiada facilidad a portamentos caprichosos que, sin embargo, espesan aún más el sonido y rubrican una interpretación con firma soberana. 
Nadie ha superado a Vasa Prihoda en la comprensión de esta Troya absoluta del violín que es la Chacona bachiana.  




viernes, 24 de abril de 2020

Ese "volver" (II)



Cuando hablan de retomar La Normalidad,
se refieren a qué...
'A volver'. Ya lo sabemos todos.
Ese 'volver' esconde tantas cosas suyas.
El ruido, la tensión y la prisa,
la polución y abusos... 
disimulos, tristezas.
Y masificación; el expolio y las órdenes...
Y el trabajo vacío del ordeno y mando y no obedezco a medias...
Y la falta de espacio, la angustia, y el olor;
y la naturaleza enferma, 
y todos con su misma cantinela a otra parte 
que es la idéntica parte.
Los precios en puja permanente;
el precio de la vida, decían.
¿Qué vida vendida en almoneda?
El buenrrollismo mierda
y el consenso apestoso. ¿Recuerdan "El Consenso"?
Vamos a vencer este virus...
Los muertos ya lo han hecho,
porque no volverán a lo que estaba dado,
la miseria de siempre.
-"Jamás ser más nacido
para el placer, fue al dolor
más derecho."- (Manuel Machado dixit)
Volver a la normalidad, que dicen.
Y, además, con cara de contento.
    Pues basta de palabras. 
Juicio y virtud, salid a los caminos;
a ebriedad nos convidas
y... ¡Música maestro!

viernes, 10 de abril de 2020

Siempre hay un Viernes Santo más dulce que ese beso

"Amada, en esta noche tú te has crucificado 
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos."

(César Vallejo, "El poeta a su amada." De Los heraldos negros.)



(Mysteries of Love. Angelo Badalamenti & David Lynch. Canta Julee Cruise)

martes, 7 de abril de 2020

La ciudad vacía

Hay una mezcla entre dolor y felicidad.
Este maldito virus nos ha acercado a ello.
A uno de los sueños de todos los hijos del purismo formal y la soledad.
Salimos a verla.
A pasearla.
Y es éxtasis. 
La ciudad vacía.
La ciudad ideal.
Hay un jabalí mirando su reflejo en un escaparate de perfumes.






lunes, 6 de abril de 2020

Gómezdaviliana (XLIX)



A propósito de estos días de pandemia e investigación:

"La tesis de la unidad de la ciencia no es requerimiento epistemológico.
Ni siquiera programa intelectual.
Sino espasmo de angustia ante el misterio."

domingo, 5 de abril de 2020

Para este Domingo de Ramos



Hoy, Domingo de Ramos de 2020, para todas las víctimas de este virus:

El aria Leget euch dem Heiland unter… (‘Entregaos a vuestro salvador…’) de la cantata para el Domingo de Ramos BWV 182 de Bach.

“(…) Vuestro cuerpo, vuestra vida, vuestras fuerzas… entregadas al Señor.”

Flauta y voz se funden en un casi arioso de lamento que es esperanza para los que creen y simple abandono del mundo para los que no.

Descansen en paz


viernes, 27 de marzo de 2020

Y de pronto… la realidad.



Cuando irrumpe esa bestia que podemos llamar vida, realidad, realidad de la vida… se desvanecen rápido todos los fantasmas y relatos que nos construimos para engañarnos, y no digamos los relatos ideológicos de última hora que se inventan los partidos y grupos adláteres que viven de fantasías y manipulaciones.
Por ejemplo; la aparición de un virus con el que se han desconcertado todos los poderes políticos parece que ha eliminado de un plumazo la imposición de la lengua de género. Un partido que se metió en el poder (a pesar de sus relativamente escasos electores) hablando siempre en femenino quiso dar muy serio un mensaje general en plena crisis sanitaria con el lema “Este virus lo pararemos unidos.” Ya no son “Unidas podemos”. 
El principio de realidad no admite zarandanjas. 
“Mire mi señor don Quijote que no son gigantes, sino molinos…”
Por eso El Quijote sigue siendo la obra de ficción más importante para la vida real. 

jueves, 26 de marzo de 2020

La elección palpitante



Los condicionantes de la tristeza (una tristeza que no provenga de un hecho trágico insoportable) pueden ser los mismos que producen alegría: el no saber qué, el no saber cuándo, el no saber dónde, etc. Y viceversa. Cláusulas que marcan definitivamente toda nuestra vida independientemente de si queremos reconocerlo o no.

Así, Clément Rosset escribe:

“(…) Pero esto es justamente lo que tienen de sorprendente -y de aparentemente paradójico- las razones para alegrarse o deprimirse: que son rigurosamente idénticas. De modo que la tristeza y la alegría no son más que las dos caras de la misma moneda. De ahí que sean tan próximas. En efecto, la alegría real no es más que una visión lúcida, pero asumida, de la condición humana; la tristeza es la misma visión, pero consternada.”

Escoger la tristeza o escoger la alegría, se diría… Pero, en el fondo, ¿podemos escoger?

sábado, 7 de marzo de 2020

Craig Zahler (revisado)






Muy de vez en cuando el cine de pura diversión nos ofrece perlas que pasan automáticamente a nuestra lista personal de clásicos. 
Hay un director en Estados Unidos llamado Craig Zahler que en poco tiempo ha dirigido tres largas muy largas películas que rondan la maestría dentro del cine de entretenimiento. O sea, el gran cine. Un thriller policial (Dragged across concrete, ‘Arrastrado por el asfalto’), un western de terror (Bone tomahawk, ‘Hacha de hueso’) y una tragedia carcelaria (Brawl in the cell Block 99, 'Pelea en la celda del bloque 99’). Si este señor no dirige nada más, esas tres obras permanecerán como una extraña trilogía de culto hasta el final de los tiempos, amén.
Los tres largometrajes muestran estilo de gran cineasta desde las primeras escenas. Los amantes del buen cine quedarán enganchados automáticamente. Hay momentos lentos (inusuales en cintas de esta naturaleza), pero nunca momentos muertos. Largos preludios estáticos llenos de tensión en virtud de concentrar la atención narrando lo esencial. Hay mucho trabajo de actor (maravilloso Vince Vaughn en dos de ellas, y muy bien Mel Gibson y Kurt Russell, entre otros). Y todos sus planos están cuidados en cada detalle objetual, color y destello de luz. 
Pero es que asimismo está su excitante fusión de géneros. El western evoluciona del clásico viaje de rescate y castigo a un gore de terror antropófago. El thriller policial va del conflicto social con dilema ético-profesional a una de atracos con sadismo pulp.  Y la tragedia carcelaria (la más impactante del trío) empieza con el drama doméstico de una pareja, pasa por el ambiente de traficantes, se instala en el tópico de prisiones y cae en un gótico claustrofóbico de violencia suprema. Cine, cine, cine.
A pesar de sus extravagancias, estas obras responden perfectamente a algunas de las condiciones aristotélicas referidas a la tragedia. Unidad, desarrollo, tiempo, espacio, carácter… Todo magníficamente engranado. Los guiones de Zahler, además, se ponen de parte de la realidad del mundo al construir tipos ambiguos, turbios y decantados hacia la violencia y el mal por una decisión equivocada, un golpe de mala suerte o por la inexorable fatalidad de la vida que se recrea destruyendo la existencia de individuos sin estrella. Son desagradables. Pero impresionan. Gente cuyos códigos morales pertenecen a otros tiempos, y gente que habla como el oráculo del fracaso. Ni héroes ni villanos. Hombres y mujeres confusos y desesperados que van a por todas. 
Lástima que estas pelis no se estrenen en los cines de nuestro país. ¡Qué gran cine de entretenimiento que esconde un ‘pequeño’ cine de arte y ensayo! 

miércoles, 22 de enero de 2020

Gómezdaviliana (XLVIII)



Por qué los dogmas cristianos perdurarán sobre cualquier otro dogma:

"Los dogmas cristianos son refutaciones implícitas.
Las fórmulas dogmáticas no exponen el contenido de la fe, sino excluyen interpretaciones que la adulteran.
La metáfora dogmática señala un rumbo, sin anticipar descripciones de la meta."

miércoles, 15 de enero de 2020

Scruton



Hace unos días murió Roger Scruton, uno de los ensayistas más sustanciosos y elegantes del llamado pensamiento conservador occidental. Sus escritos están atravesados por una sabia sensatez y sentido del humor nada habituales entre los llamados intelectuales. Era un pensador (aceptemos esta palabra) a la manera clásica. Y tenía la facultad de dejar en evidencia y a menudo en ridículo las urgencias del pensamiento revolucionario.
En el capítulo “La falacia de la utopía” del libro nada pesimista Usos del pesimismo, por ejemplo, hay montones de ideas políticas básicas que se deberían enseñar en los centros de estudio a todos los niveles. Una:

“(…) La solución para los conflictos humanos se descubre caso a caso, y se adopta de casos de precedentes, de las costumbres y de las leyes. La solución no se ajusta a un plan, un esquema o una utopía. La solución es el resultado de una miríada de acuerdos y negociaciones que han sido preservadas en la ley y las costumbres. Rara vez vemos las soluciones de antemano, sino que se van acumulando mientras dialogamos y negociamos. La solución es un logro de la actitud del nosotros, que se despliega gracias a las reglas del entendimiento mutuo. Y es precisamente este depósito, que está vivo en las costumbres y en las instituciones, lo que los utópicos pretenden destruir.”

La inteligencia del sentido común y del conocimiento de la realidad contra la inteligencia del prejuicio y de la ideología.
Pero es que, además, Scruton escribió un libro para buenos bebedores. Un libro filosófico sobre el vino, Bebo, luego existo. Eso también merece un brindis en su memoria. Voy a abrir una botella.

martes, 24 de diciembre de 2019

A ti por siempre



A la memoria de un verdadero hombre; mi padre:


“Las esperanzas cortesanas
prisiones son do el ambicioso muere 
y donde al más activo nacen canas; 

el que no las limare o las rompiere
ni el nombre de varón ha merecido, 
ni subir al honor que pretendiere (…)

El ánimo plebeyo y abatido 
elija en sus intentos temeroso 
primero estar suspenso que caído; 

que el corazón entero y generoso
al caso adverso inclinará la frente 
antes que la rodilla al poderoso.

Más triunfos, más coronas dio al prudente 
que supo retirarse, la fortuna, 
que al que esperó obstinada y locamente (…)

Un ángulo me basta entre mis lares,
un libro y un amigo, un sueño breve,
que no perturben deudas ni pesares (…)

Así, me enseña descubierta 
su esencia la verdad, y mi albedrío 
con ella se compone y se concierta (…)

¿Es, por ventura, menos poderosa
que el vicio la verdad? ¿O menos fuerte? 
No la arguyas de flaca y temerosa (…)

Ya, dulce hijo, huyo y me retiro 
de cuanto simple amé: rompí los lazos; 
ven y sabrás al alto fin que aspiro 
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.”

(Andrés F. de Andrada)

domingo, 22 de septiembre de 2019

De Unamuno (III)


La verdad profunda e insatisfecha de Unamuno:

"Yo no digo que merezcamos un más allá, ni que la lógica nos lo muestre; digo que lo necesito, merézcalo o no, y nada más. Digo que lo que pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad y que sin ella me es todo igual. Yo necesito eso, ¡lo necesito! Y sin ello ni hay alegría ni la alegría de vivir quiere decir nada."

domingo, 15 de septiembre de 2019

El paraíso (en la tierra) era esto


(No puede pasar más tiempo. Tengo que hablar de este restaurante.)
El Bodegón Azoque de Zaragoza es un lugar para la felicidad. Su ambientación, de una ruralidad arcaica con colores ocres, maderas viejas y reflejos ámbar, te envuelve en un acogedor abrazo que te prepara para una extraordinaria oferta de maravillas gastronómicas. Platos elaborados. Y platos puramente caseros. Desde los tradicionales de cuchara que creíamos perdidos en restaurantes de categoría a los clásicos de pescados y carnes, pasando por todos los imaginables vegetales de temporada. La mejor materia prima. La cocina sabia sin excesivas complejidades. Los nombres claros, sin títulos que oculten su verdad. Y como no podía ser de otra manera, una gran bodega. 
En Azoque no tienes que gastar mucho para comer muy bien. Entre semana hay un menú asequible que es habitualmente grandioso: nunca he comido unas humildes borrajas tan deliciosas, tomates tan sabrosos, atún rojo tan en su punto o arroz caldoso de pescado con vegetales tan intenso; nunca he bebido vino de tanta calidad (y siempre botella entera) por tan poco dinero. Aquí he descubierto vinos de la tierra, a los cuales yo no era muy aficionado, que quedan en la memoria. Hay también postres para cualquier paladar y capricho; se lo pueden imaginar... sólo diré que tienen el mejor pastel ruso. Y, casi todo ello, repito, en el menú. 
El trato está a la altura de su calidad gastronómica; amabilidad sin afectación, simpatía discreta, acción precisa al servicio del cliente. Además, el personal es sumamente inteligente porque, por si fuera poco, nos regala -y se regala- la mejor música. Jamás he escuchado en ningún otro local gastronómico del mundo una selección de música clásica tan gustosa, ¡y de gustos hablamos! Polifonía renacentista del s. XVI, el primer laúd barroco, los conciertos más bellos de Vivaldi o Corelli, los cuartetos de Haydn más emotivos, joyas olvidadas de Mozart y Beethoven, etc. 
En fin.
Si uno tiene la suerte de ir en buena compañía experimentará la sensación de haber conocido el paraíso en la tierra. No mucho más se le puede pedir al mundo. 
Hemos sido felices en Bodegón Azoque. Lo seguiremos siendo mientras se pueda.

jueves, 5 de septiembre de 2019

"Notturno". Richard Strauss.

Notturno, poema sinfónico para voz (en diferentes tesituras, preferentemente para barítono o mezzo) y conjunto orquestal, y también para voz, piano y violín, fue compuesto por Richard Strauss el último año del s. XIX. Se basa en el poema Aparición de Richard Dehmel al que Strauss eliminó el principio y el final. Una de sus obras, sorprendentemente, menos conocidas.
La complejidad de Strauss es aquí interior y recogida. Se concentra en una voz que juega con unos lentos crescendos a partir de uno de esos secos y desasosegantes motivos interválicos marca de la casa. Su cohesión es total y teje una metamorfosis psicológica tan tensa y exigente que nos pone al límite de nuestra memoria y comprensión sonora. La experiencia auditiva es fascinante. Richard Strauss, ya en una obra ‘joven’ como ésta supera el wagnerismo en complejidad y sutileza discursiva. Como dejó dicho Glenn Gould: “Los puntos culminantes de Strauss, sus momentos de tensión y de reposo -aun siendo menos abrumadores que los de Wagner- indican mucho mejor las difíciles realidades de la creación.”
La capacidad de la música de Strauss es total de principio a fin. Y este Strauss secreto y espectral, realmente nocturno, se impone y conquista a la contra que el Wagner épico y viril: te atrae, sin embargo con más fuerza, como un conjuro femenino lleno de belleza y muerte, virtud de muchas de sus obras vocales. Es el placer contradictorio que hiere, cual amor fatal, en forma de música.



domingo, 11 de agosto de 2019

Magallanes y Elcano. Primera circunnavegación del planeta (XV).



Navegación por el Pacífico. Alimentación. Enfermedades. Derroteros:

"Navegamos por el Pacífico sin probar alimento fresco durante tres meses y veinte días. El bizcocho que comíamos no era ya pan, sino polvo mezclado con gusanos (…) y tenía un hedor insoportable por estar empapado por orines de rata. (…) Para no morir de hambre llegamos al terrible trance de comer pedazos del cuero con el que se había recubierto el palo mayor para impedir que la madera rozase las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos estaba tan duro que había que remojarlo en el mar durante cuatro o cinco días para ablandarlo un poco, y en seguida lo cocíamos y lo comíamos. Frecuentemente quedó reducida nuestra alimentación a serrín de madera como única comida, pues hasta las ratas llegaron a ser un manjar tan caro que se pagaba cada una a medio ducado. 
Mas no fue eso lo peor. Nuestra mayor desdicha era vernos atacados de una enfermedad por la cual las encías se hinchaban hasta sobrepasar los dientes (…) y los atacados de ella no podían tomar ningún alimento. Murieron diecinueve, entre ellos el gigante patagón y un indígena del Verzín que iban con nosotros. 
(…) Durante esos tres meses y veinte días recorrimos recorrimos cuatro mil leguas, más o menos, en el mar que llamamos Pacífico, porque mientras hicimos nuestra travesía no hubo la menor tempestad. (…) No descubrimos en este tiempo ninguna tierra, excepto dos islas desiertas en las que no encontramos más que pájaros y árboles, por cuya razón las designamos con el nombre de islas Infortunadas."

viernes, 26 de julio de 2019

Imperiofilia versus Imperiofobia


Una de las cosas que más sorprende en la reacción y réplica de un profesor tan reputado (y educado) como Villacañas al libro de Roca Barea es la vehemencia por momentos de mal tono y casi grosera (llega a tildar a Barea de oscurantista, demagoga, maquiavélica… ¡xenófoba!(?), etc.; o sea, todas las aparentes exageraciones que dedica la historiadora a los antiguos propagandistas hispanófobos le son devueltas, así, ad hominem). Villacañas reacciona como si le hubieran ofendido, como si le hubieran tocado ‘algo suyo’. 
El de Roca Barea no es un libro aislado en la visión digamos defensiva  o restauradora del imperio Español nacido y desarrollado en los ss. XV-XVI y de denuncia de una supuesta tradición negrolegendaria fomentada fuera y dentro de nuestras fronteras desde esos siglos hasta hoy (idea, la de hoy, descartada por tan antiguos estudiosos del tema como García Cárcel o Joseph Pérez). Ha habido, decíamos, otros trabajos anteriores y otros posteriores, extranjeros y nacionales. Pero el ataque de Villacañas ha sido exclusivamente sobre el libro Imperiofobia de Roca Barea. 
La explicación no sólo puede ser por su reivindicación ideológica de algunos imperios y particularmente del español, sino otra: el éxito de ventas. Un éxito de treinta ediciones y más de 100.000 ejemplares vendidos que además ha removido muchos complejos en una historiografía sobre España bastante decantada o cuando menos indiferente hacia visiones negrolegendarias en las cuales se podría situar, aun parcialmente, al propio Villacañas, el cual, aparte de tener una indisimulada tendencia historiográfica protestante y germana (no hay más que echar un vistazo sobre la obra que comentamos), no ha escondido sus simpatías políticas e incluso partidistas. (Y muy dueño es de hacerlo, sin duda.)
Evidentemente, no se negará que el libro de Barea ha surgido en un momento de aguda crisis política española, causa de encontradas reacciones de grano grueso provenientes de todas partes. Pero no es justo incluir ahí simplemente como fenómeno reactivo, aunque haya sido aprovechado por la corriente, el estudio de la autora malagueña. Más, cuando es un libro de historia con tantas cualidades… y también ciertos ‘defectos’. Defectos que podrían ser algunos de los que señala Imperiofilia en cuanto a la visión de hechos, no tanto sesgada, sino ‘seleccionada’: poner la cara, pero no la cruz; mostrar la luz, pero no su sombra, ver la parte soleada de la montaña y, al fin, “inventar” un fenómeno histórico como es el de la construcción de un imperio real (creo que es aquí donde Villacañas se acelera y yerra en la negación de una idea defendida por Roca Barea; y que no es suya, naturalmente). Pero es que son hechos, y si a hechos sólo se contraponen hechos, como hace Villacañas en su supuesta ‘refutación’, no solucionamos nada. Historia positivista. Y ahí vamos. 
Ahí está seguramente el quiz de la cuestión en esta polémica. 
Quien mejor lo ha expresado por el momento (por lo que yo he leído y oído) es el filósofo de la escuela materialista Luis Carlos Martín Jiménez, el cual puede criticar porque tiene visión y teoría clara del quehacer histórico (del historiador).
En suma, Martín Jiménez hace la crítica del libro, o mejor, de la perspectiva histórica de Barea para criticar la respuesta de Villacañas. Lo que dice es que, efectivamente, Barea presenta una visión básicamente positivista de la Historia. Y lo que le pasa a Villacañas es que hace lo mismo, y más intensamente aún, en una suerte de acto reflejo que puede ser efectista, pero que no es nada efectivo. Según Martín Jiménez, el profesor de la Complutense no es capaz de presentar una teoría de la historia (no hay ni una clasificación ni una definición en Imperiofilia) que pueda, digamos, ‘arañar’ el efecto Barea, la cual, aun siendo muy positivista apunta una filiación -y se diría que una deuda- con las teorías del materialismo filosófico que la ya célebre autora no reconoce explícitamente.
El problema del quehacer positivista histórico es que contrapone informaciones y datos que se quedan, en el mejor de los casos, en una dialéctica de los hechos que no tiene fin, que no tiene progreso ‘científico’. Los datos no existen puros y eso no es historia porque no puede serlo. Los datos deben estar envueltos en conceptos que se relacionan con otros conceptos. Ahí reside más bien la construcción, que no la ‘reconstrucción’, histórica. El historiador no puede re-construir nada porque no puede volver al pasado ni re-crear un pasado virtual. Eso lo hará la ficción de la novela o el cine si quiere. Pero sí puede el historiador -y debe- construir y teorizar según datos basados en relatos (documentos) y reliquias (restos). (Y esto está relacionado con la idea de las actividades alfa-operatorias y beta-operatorias de las ciencias humanas en las que insiste el materialismo filosófico.) Por tanto, Imperiofilia caería abducido por la estela positivista, y también psicologista, de Imperiofobia. En este sentido, observa Martín Jiménez, además, lo de psicologista por el sufijo de los títulos (uno filia-otro fobia) que indican categorías psicológicas evidentes que no deberían inmiscuirse en el resultado final del trabajo del historiador. 
En fin, el libro del profesor ha salido como un impreso en negativo del libro de la profesora, pero sin clara teoría histórica, cosa que sí se puede atisbar en el libro de ella.

sábado, 20 de julio de 2019

"Le feu follet" (II)

En junio de 2013 escribí el post siguiente:

-En 1931 Pierre Drieu la Rochelle publicó El fuego fatuo (Le feu follet), un libro sobre drogas y suicidio. Una novela sobre la tragedia de cuando la vida se nos pone del revés sin aparentes motivos.
Es una obra aristocrática, breve, seca. E hiriente como un escalpelo envenenado.

La brillantez del autor nos asalta en cada página con frases cuya austera elegancia formal sólo es superada por una lúcida y destructiva visión de la existencia que nos muerde el alma sin piedad y nos deja a la intemperie como únicamente las grandes obras saben hacerlo. 

El protagonista, al fin (esta obra es toda ella una radiografía del fin), es una máquina de despojamiento de lo que creyó que podría tener algún día y nunca tuvo. Todo aquello que postergó para el futuro se le muere repentinamente entre las manos cuando ya es tarde para vivirlo… Entonces su capacidad de acción se convierte sólo en capacidad de destrucción. Definitiva, total.

La droga ha sido para él, como para todos los que acuden a ella, el más eficaz medio de aislarse de la realidad, el medio de mantener inmóvil e inmune la ilusión de la juventud y el estado flotante de una vida sin caminos definitivos. Pero también ha sido la vía que le ha revelado, sincera y despiadada, la falta de amor sin remisión posible. Hay un momento en que Alain, el protagonista, reflexiona hacia sí mismo mientras se pincha el brazo… “(…) me mato porque no me habéis querido, porque yo no os he querido. Me mato para apretar nuestros lazos. Dejaré en vosotros una marca indeleble. Sé muy bien que se vive mejor muerto que vivo en la memoria de los amigos (…)”

Sin embargo, Alain, no actúa como una figura patética. A nadie molesta en la irrenunciable deriva de su larga despedida. La Rochelle escribe con aceleración pero magistralmente sobre el paso de la energía vital al morbo letal del personaje y la conciencia terrible que él tiene de eso, por ello: “(…) permanecía inmóvil, frágil, temiendo esbozar el menor ademán porque sabía que tal ademán sería su sentencia de muerte”. 

El estado que transmite esta última frase es el que recoge, creo yo, el espléndido Maurice Ronet  en la película homónima del director Louis Malle. Toda la película, muy fiel a la novela, se sustenta en el rostro de Ronet. Un rostro que debe transmitir todo el esplendor del pasado, todo el derrumbamiento del presente y toda la perplejidad emocional que supone no poder evitar entregarse a la muerte. Maurice Ronet lo consigue con una economía expresiva increíble, apenas con una imperceptible inquietud, con una mirada frágil y anhelante...
Esta escena muda muestra cómo el protagonista percibe cada detalle de su entorno como una herida puesto que ya nada puede vivir en él con normalidad, ya todo está infectado de muerte bajo su mirada a pesar de que la realidad aún le presenta sus dádivas.-

Pues bien, ahora dejo aquí toda la película (en versión original francesa, pero con subtítulos en inglés). La virtud de su director, Louis Malle, es intentar contar lo que cuenta sin juicio moral añadido ni mensaje final. El juicio que lo ponga cada espectador, si quiere. Una de las mejores películas que he visto nunca del cine francés:






miércoles, 17 de julio de 2019

El verdadero misterio del Apolo XI



Con lo que le gustan los misterios a la prensa y lo poco que se ha hablado del verdadero misterio del viaje norteamericano a la luna de hace 50 años.
Edwin Aldrin, el segundo hombre en poner pie en la luna celebró el misterio de la eucaristía con una hostia consagrada y un vino antes de salir del módulo para darse un paseo. Él mismo cuenta:

“Abrí la caja con el pan y el vino. Derramé el vino en la copa que nuestra iglesia me había dado. En la gravedad de la luna, una sexta parte de la terrestre, el vino corrió lentamente y con gracia llenó la copa. Entonces leí la escritura…”

Cuando dice “nuestra iglesia”, se refiere a la Presbiteriana de Webster (Texas), cuyo pastor dio vía libre a las intenciones del astronauta antes de la partida. En cuanto a “la escritura” se refiere al Evangelio de Juan 15, 5, que dice:

Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.”

Y Aldrin manifestó:

“El primer líquido derramado en la luna y el primer alimento fueron los elementos de la eucaristía. (…) Agradecí a la inteligencia y al espíritu que había traído a dos jóvenes pilotos al suelo de la luna.”

En fin, si esto no es milenarismo a lo grande dentro de un hito científico-tecnológico y si este héroe viajero no es una suerte de sacerdote de la era del espacio que venga Dios y lo vea.
La transustanciación en la luna como acto de agradecimiento. La mente tecnológica se funde con la de la fe evangélica. La fe del carbonero de los evangelistas (presbiterianos).

Después, muchos otros astronautas han llevado la representación de la Víctima (la hostia) al espacio para conmemorar su sacrificio. 

¿No sabían la historia?

domingo, 14 de julio de 2019

Sin contenidos


Cada vez hay menos dudas de que nuestras democracias posmodernas progresistas y progresadas (esto no tiene nada que ver con izquierda o derecha puesto que todo es progresismo; nadie en política reflexiona y valora el pasado) necesitan una educación que promueva el entretenimiento cultural-emocional y no la crítica mediante el conocimiento para extender (aún no sabemos hasta qué nivel cuantitativo) una ignorancia que mantenga este tipo de régimen exhibido en la gestión de un debate estéril perpetuo (la televisión y la libre efusión de ideas del “pueblo” es un paradigma de nuestra actual caverna platónica), incapaz de dar salida ni solución a los problemas reales, dado que una sagrada y por tanto intocable tolerancia sobre todo y todos se encarga de igualar y perpetuar los conflictos, aparentando, de paso, participación y libertad. 
Con una educación vaciada de contenidos nada hay que temer de los educandos que la han recibido. Tendrán toda la libertad de expresión que deseen porque nada problemático, pertinente o incómodo serán capaces de expresar contra el poder ni sobre ningún fenómeno complejo del mundo real. A lo sumo, emitirán quejas acerca de su situación personal en la vida y exigirán atenciones y derechos (o sea, terapia y protección) a los solícitos padres, educadores, médicos y administradores de turno, los cuales los atenderán complacidos en nombre del progresismo, la tolerancia, la solidaridad o cualquier otro mito contemporáneo. 
Quién les iba a decir a los jóvenes rebeldes de antaño, los del final de la Dictadura y de la Transición, por ejemplo, que las democracias iban a vaciar progresivamente de sustancia los sistemas educativos para sustituirlos por una pedagogía cuyo símbolo mágico es el sintagma duplicador “aprender a aprender”, un recuerdo (en esta nueva versión, debilitado) del pragmatismo metodológico norteamericano de acciones prácticas orientadas a la formación empresarial. Aún más, quién les iba a decir a esos jóvenes rebeldes que lo harían ellos. 
¿Para eso pedían más libertad?, ¿para ‘aprender a aprender’… nada, en una algarabía de educación asistencial que algunos ya quieren como obligatoria hasta la mayoría de edad? Olvidaron que la libertad es la peor trampa para el que no sabe. Más caverna platónica. 
Quizás no habían leído aún los diálogos de Platón. Ni de ningún otro. Pero es que ni siquiera era imprescindible leer a nadie. Había que mirar alrededor, y mirar hacia abajo, mirar el suelo, mirar la realidad. Eran inocentes. Entusiastas. Crédulos. Tenían fe; buena o mala, da lo mismo. Tenían ideología. 
¿Qué armas conceptuales poseerán hoy y mañana los jóvenes para entender y acaso luchar contra la nueva caverna web globalizada y las poderosas sombras de sus televisores, teléfonos, ipads, ordenadores, etc, que tan bien manejan?

miércoles, 10 de julio de 2019

Profeta maldito

¿Son chicas eso que veo en primera fila jaleando la canción?...
                                   Mirad, muchachada, lo que os prohíben los nuevos censores.
Loquillo y los Trogloditas y una de las canciones más carismáticas del rock español:


lunes, 8 de julio de 2019

"Good Sam"


Es una sensación interesante volver a la comedia americana clásica y comprobar que no sólo el tiempo no hace apenas mella en ella, sino que está mucho más viva que toda la comedia actual.
Good Sam, título considerado menor en la producción de Leo MacCarey, una película que trata el arquetipo evangélico del buen samaritano, es, ya desde los primeros minutos, una primorosa maquinaria de guión y dirección de unos actores de competencia y convicción absoluta, desde los niños al matrimonio protagonista pasando por unos secundarios que aparecen en delirantes episodios circunstanciales, en los que la película desprende algunos de sus mejores brillos cómicos.
Por la importancia del asunto se diría que el protagonismo se lo tiene que llevar el bueno de Sam (Gary Cooper); pero no, él será el desencadenante de una situación progresivamente grave cuyo peso sicológico recaerá sobre su esposa, una Ann Sheridan que enseña con maestría pocas veces vista cómo se puede reír de verdad, con una risa absolutamente contagiosa, a la vez que va cayendo en un proceso de desesperación del cual no hay salida. El bordado de gestos, contragestos, miradas, insinuaciones y comentarios de todos los personajes es un trabajo tan admirable que parece hecho sólo en momentos de especial inspiración. Pero más allá de la genialidad de los actores y especialmente de la maravillosa Sheridan, la vara firme de MacCarey está sin duda detrás marcando cada paso y encajando el conjunto.
Good Sam es, evidente, una de esas comedias con calado ideológico que se mira en el espejo de Qué bello es vivir (It’s a wondelful life) y a contrapelo de ella nos dice que no es conveniente hacer el bien sin mirar a quién porque no todo el mundo es bueno o de fiar y te pueden fastidiar la vida, que es lo que intenta hacerle entender la Sheridan a Cooper. Dando medio paso más, también se puede ver en clave de Guerra Fría e interpretar como una parábola anti-igualitarista y anticomunista en la que los capaces son igualados por abajo por los torpes y menesterosos, los cuales no dudan en abusar de la bondad de los buenos.
Aunque no importa; más allá de mensajes y lecturas, Good Sam se disfruta como una expresión a la vez amorosa e hilarante sobre la clase media provinciana estadounidense. Y es que el sustrato ideológico de este tipo de películas se diría más bien un pretexto de partida para conseguir divertir al personal de forma inteligente, un poco malévola y siempre elegante.