Sobre la última lectura de la feria de hoy (“El mayordomo
infiel” de Lucas 16: 1-13) ha corrido mucha tinta, como es natural en el
excepcional y extraño género de las parábolas evangélicas. Pero aquí mucha
tinta goteada y confusa, incluso entre algunos doctos cardenales de la Iglesia
que, como Cayetano, declararon no poder desentrañar el mensaje con claridad. Se reconoce
su honestidad.
¡Y no les faltaba razón! El contenido de la parábola nos
pierde. Pero nos pierde acaso por el prejuicio de algunos conceptos fuertes
(riquezas, posesiones, dinero) y su sobreinterpretación, por un lado, y por
otro por pasar por alto matices aparentemente nimios. Los matices de las
parábolas son como balizas en la noche, hay que atenderlos.
Claro, por una parte tenemos el peso acongojante de
expresiones como ‘mamoná tes adikías’ que sería “riqueza de iniquidad” o “ídolo
injusto” (en la Vulgata traducen ‘mammona iniquitatis’). Mammón es el viejo
ídolo con poder casi demoniaco, antidivino. La raíz aramea de la palabra se
refiere a lo que está seguro y que es un bien retenible (riqueza, en suma).
Parece normal, aquí los lectores comunes nos ponemos en guardia e imaginamos la
paliza parabólica que el Señor va a dar a esa cosa tan fea. Y en parte lo hace.
¡Pero!... si leemos con calma todo el conjunto observamos que el
sentido de la parábola salta esa visión como si nada: cuando el amo se entera
de que su administrador ha perdonado por cuenta propia a sus deudores se dice
“El amo alabó al mal administrador porque había obrado con sagacidad: los hijos
de este mundo son más listos que los hijos de la Luz. Porque yo os digo:
procuraos amigos de las riquezas injustas (…)”
Increíble.
Leonardo Castellani, teólogo maldito y uno de los más
sagaces hermeneutas de las parábolas en el s. XX, nos dice: “El patrón, cuando
lo supo, se rió como un caballero, se dio una palmada en el muslo y dijo: este
hombre es vivísimo. ¿Por qué me voy a privar de un tipo inteligente? El tonto
soy yo, que me dejo llevar de habladurías. (…)”
Aquí está uno de los matices importantes: que el mayordomo fue acusado en primera instancia de obrar mal, acusado acaso falsamente. No se
nos dice que fuera un tramposo realmente; ahí caemos en las primeras lecturas.
Como tampoco se dice que no pudiera hacer las sustracciones o perdones que
hizo. El amo los aprueba.
Lo que se nos quiere advertir aquí -siguiendo a Castellani-
es que Cristo exhorta a los que se llaman “buenos” a observar tanto cuidado en
los negocios como los considerados “malos”. Es ésta una de las ironías de la
parábola. 'Sed buenos, pero no seáis tontos', más o menos.
Se trata de una advertencia sobre la incapacidad y la chapuza
que se protege y justifica bajo capa de lo religioso.
Por eso, Castellani, al hilo de la parábola, escribe con su
irónica mala uva: “Si ven ustedes por ahí una Tienda de objetos de goma Sagrado
Corazón de Jesús o Cervecería Santa Teresita o Cabaré Católico, les aconsejo
que no se hagan socios ni les compren acciones. Ésos son, son ésos. Fracaso…
seguro.”